Mostrando entradas con la etiqueta Nuestra Señora de la Merced. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nuestra Señora de la Merced. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de septiembre de 2024

Nuestra Señora de la Merced y la conquista de nuestras almas para Nuestro Señor Jesucristo


 


         La advocación de Nuestra Señora de la Merced surge como consecuencia de una celestial aparición de la Madre de Dios, en forma simultánea, en el siglo XIII, al rey Jaime I de Aragón, a San Pedro Nolasco y a San Raymundo de Peñafort. La Virgen encomendó específicamente a San Pedro Nolasco la fundación de la Orden de los Mercedarios, cuya tarea principal sería la de rescatar a los cristianos cautivos por los musulmanes, como consecuencia de las invasiones musulmanas a Tierra Santa.

         Con la Conquista y Evangelización de España, la devoción a Nuestra Señora de la Merced llegó por medio de la Orden de los Mercedarios, quienes así contribuyeron a la sobrenatural evangelización del Virreynato del Río de la Plata, hecho por el cual debemos agradecer eternamente a España, ya que España nos trajo la Verdadera Religión, la Religión de Nuestro Señor Jesucristo, la Religión Católica. Por esto es que nuestra Patria es hispana y católica incluso antes desde su nacimiento.

         Más tarde, al producirse la Independencia, nuestro Prócer General Belgrano, que era abogado además de general y que había jurado defender el Dogma de la Inmaculada Concepción, porque era un ferviente devoto de la Virgen, no solo le concedió a nuestra Enseña Nacional los colores del Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción -por eso nuestra Bandera Nacional lleva los colores de la Virgen y por eso, besar el Manto de la Virgen es como besar la Bandera y besar la Bandera es como besar el Manto de la Virgen-, sino que además le encomendó, en la Batalla del Campo de las Carreras, el triunfo sobre las tropas realistas, prometiéndole que si el ejército patriota, el Ejército del Norte, triunfaba, él la nombraría “Generala del Ejército Argentino”. Esto fue lo que sucedió y el General Belgrano, agradecido por la intercesión de la Virgen -hubo un hecho milagroso, como la invasión de langostas en plena batalla, lo cual limitó mucho el número de bajas en ambos bandos-, le concedió, en una Misa solemne, el Bastón de Mando del Ejército y la nombró “Generala del Ejército Argentino” -motivo por el cual nuestro glorioso Ejército ha de triunfar siempre sobre las ideologías subversivas y marxistas que tienen al ateísmo como bandera, puesto que la Virgen es la que aplasta la cabeza de la Serpiente-.

         Finalmente, ¿cuál es la relación espiritual entre nosotros y la Virgen de la Merced? Para saberlo, tenemos que tener en cuenta que nuestra vida es una lucha “contra las potestades y dominaciones de los aires”, es decir, contra los ángeles caídos, contra los demonios, que buscan llevarse como triunfo nuestras almas al infierno y el campo de batalla es nuestro corazón. Como los próceres están para ser imitados, nosotros debemos imitar al General Belgrano, pero no tenemos un bastón de mando de un ejército para ofrecerle, ni una lucha material, pero sí tenemos una lucha espiritual contra el pecado y contra los ángeles caídos y sí tenemos el bastón de mando de nuestras almas y corazones: entonces, imitando al General Belgrano, le ofrendemos a la Virgen de la Merced el bastón de mando de nuestra vida y de nuestra alma, para que Ella, la Generala celestial, nos otorgue el triunfo sobre nuestros enemigos, espirituales y corporales y que sea Ella la que, Victoriosa y radiante con su Manto celeste y blanco, plante con firmeza el Estandarte ensangrentado de la Santa Cruz de Jesús en nuestros corazones, para que sea Él, Nuestro Señor Jesucristo, quien gane para Dios y para el Reino de los cielos la batalla de nuestras almas.

jueves, 22 de septiembre de 2022

La Virgen de la Merced y el sentido de la peregrinación

 



         La devoción a la Virgen de la Merced surgió como consecuencia de una aparición de la Madre de Dios, bajo esa advocación, al Rey Jaime I y a San Pedro Nolasco, a los cuales les pidió que se fundara una orden religiosa en la que Ella llevara ese nombre: “Nuestra Señora de la Merced, Redentora de cautivos”. El motivo es que, en esa época, el Islam, que había declarado la guerra al cristianismo, capturaba a los cristianos y los mantenía encarcelados, para exigir luego una suma de dinero por su rescate. La Virgen le pidió a San Pedro Nolasco que fundara una orden que se encargaría de rescatar a quienes estaban cautivos por los musulmanes.

         En nuestros días, si bien no se vive la misma situación, sin embargo el Islam, en los lugares en donde es mayoría y gobierna, prohíbe cualquier manifestación pública de la fe católica, con lo cual se puede decir que mantiene cautiva a la Iglesia Católica en los países en donde gobierna. Por esta razón, la tarea de la Orden de los Mercedarios continúa, de la misma manera a como lo hacía desde sus orígenes.

         Pero en nuestros días se suman otras cautividades, mucho más graves que las de una prisión material: innumerables almas son cautivas de múltiples vicios y pecados que los encarcelan y los colocan bajo el dominio del Demonio y les impiden vivir la libertad de los hijos de Dios. Así, son cautivos del Demonio quienes practican el ocultismo, la hechicería, la brujería; son cautivos del pecado quienes viven bajo el yugo de la drogadicción, del alcoholismo, de los pecados de la carne; son cautivos quienes viven dominados por sus pasiones, como la ira, la venganza, la calumnia, la maledicencia. Todos estos prójimos nuestros necesitan ser redimidos de estas esclavitudes espirituales y la Única que puede liberarlos, con el poder de su Hijo Jesucristo, es la Madre de Dios, Nuestra Señora de la Merced.

         Éste es entonces el sentido de la peregrinación hacia la Virgen de la Merced: así como el Pueblo Elegido caminó durante cuarenta años en el desierto, escapando de la cautividad de los egipcios, para llegar a Jerusalén, la Tierra Prometida, en donde se encontraba el Templo de Dios, así la Iglesia Peregrina se dirige hacia el Templo de Dios, guiado por la Virgen, para pedir algo mucho más grande que solamente la salud corporal: la Iglesia Peregrina para pedirle a la Virgen de la Merced que la libere de las cadenas de los pecados, de los vicios, de las garras del Demonio, para así poder vivir la libertad de los hijos de Dios. Por esta razón, la peregrinación tiene el sentido de penitencia, no de fiesta, porque así la Iglesia imita al Pueblo Elegido que, caminando por el desierto de la vida, quiere llegar a la Jerusalén celestial y para eso, en la peregrinación, debe rezar y rezar principalmente el Santo Rosario, que es la oración preferida por la Virgen y a través de la cual se alcanzan todas las gracias que Dios nos tiene preparadas para nuestra eterna salvación.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Nuestra Señora de la Merced

 



         El origen de esta advocación de la Virgen –que hace alusión a la misericordia de Dios para con sus hijos, que nos ha dejado en la persona de la Virgen María una Madre celestial que es también Mediadora de todas las gracias, intercediendo por nosotros para recibir de Dios su misericordia- se encuentra en el siglo XIII, cuando la Virgen se le apareció a San Pedro Nolasco para darle ánimos y fuerzas celestiales en la tarea de liberar a los cristianos cautivos de los musulmanes[1]. En esa época los musulmanes atacaban a los pueblos europeos de la costa del Mediterráneo y se llevaban prisioneros a los cristianos, en calidad de esclavos y muchos cristianos, al ser sometidos a una brutal esclavitud por parte del Islam, perdían la fe, al pensar que Dios los había abandonado. Por esta razón San Pedro Nolasco, que en ese entonces era un comerciante establecido en Barcelona, España, al ver esta situación, empezó a usar su propio patrimonio para liberar a los cristianos cautivos. Así, Nolasco “compraba” esclavos o los intercambiaba por mercancías y cuando se quedó sin recursos, formó grupos de ayuda y asistencia para pedir limosna, y así financiar expediciones para negociar la “redención” de prisioneros, aunque también estos recursos se hicieron insuficientes. De esta manera, Nolasco se descubre impotente para lograr su cometido y pide a Dios intensamente que le provea la ayuda necesaria y es en respuesta a sus ruegos que la Virgen se le aparece y le pide que funde una congregación para redimir cautivos. Nolasco le preguntó: “¡Oh Virgen María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia! ¿Quién podrá creer que tú me mandas?”. Y María respondió diciendo: “No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío; será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo, Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel, es decir, entre los cristianos, y serán signo de contradicción para muchos”.

Entonces, San Pedro Nolasco, animado por la Virgen de la Merced, organiza el grupo inicial de lo que sería la “Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos”, más conocidos como Mercedarios[2]. A partir de entonces los Mercedarios, aparte de los votos de pobreza, castidad y obediencia, hacían un cuarto voto, en el que se comprometían a dedicar su vida a liberar esclavos, y, si fuese necesario, quedarse en lugar de algún cautivo en peligro de perder la fe, o por el que no hubiera dinero suficiente para lograr su liberación y es así que muchos de ellos entregaron la vida a cambio de la vida de los cristianos que habían sido esclavizados por los musulmanes, encomendándose a la “Merced” de Nuestra Madre.

En nuestros días, innumerables cristianos son esclavos, si no de los musulmanes, sí de nuevas formas de esclavitud, como el ocultismo, la Nueva Era, el alcoholismo, la drogadicción, el materialismo, las supersticiones, el ateísmo, el inmanentismo, las sectas, las ideologías anticristianas como el comunismo, el feminismo abortista, la eugenesia y muchísimos males más y todos estos cristianos, al igual que en el tiempo de San Pedro Nolasco, necesitan ser liberados de estas esclavitudes espirituales y para poder liberarnos, debemos implorar el auxilio y la asistencia de la Redentora de cautivos y Corredentora de la humanidad, Nuestra Señora de la Merced.

 



[2] La fundación de la Orden data del 10 de agosto de 1218 en Barcelona, España. Luego, el Papa Gregorio IX dispuso nombrar a San Pedro Nolasco como Superior General. Años más tarde, en 1265, la advocación a la “Virgen de la Merced” fue aprobada por la Santa Sede. Luego, en 1696, el Papa Inocencio XII fijó el día 24 de septiembre como la fecha en la que se debe celebrar su fiesta. La Orden de los Mercedarios se ha encargado de difundir la devoción a Nuestra Madre bajo dicha advocación, extendiéndose por todo el mundo a lo largo de los siglos, incluida Hispanoamérica.

domingo, 22 de septiembre de 2019

Nuestra Señora de la Merced y las modernas esclavitudes



          En el año 1218, San Pedro Nolasco fundó en Barcelona, España, la Orden de la Merced, con el objetivo de rescatar a los cristianos que habían sido tomados prisioneros por parte de los musulmanes, que por medio de guerras de agresión se habían apoderado de gran parte de Tierra Santa. La devoción a Nuestra Señora de la Merced tomó el nombre de “Redentora de cautivos” debido a que los miembros de la Orden mercedaria, en nombre de la Virgen, rescataban a los cristianos cautivos por los musulmanes, ofreciendo dinero o incluso dándose a sí mismos en intercambio por los prisioneros. En ese entonces, la devoción a Nuestra Señora de la Merced, con su advocación de Redentora de cautivos, tenía un sentido de liberación, pero ante todo de liberación corporal, porque los que se rescataban eran los cristianos presos, materialmente cautivos por los musulmanes. Cuando cesaron las Cruzadas, cesaron, al menos temporalmente, la toma de prisioneros por parte musulmana, con lo cual cesó también esta función de redención de cautivos por parte de la Orden mercedaria.
          En nuestros días, si bien existe persecución a los cristianos en algunos países, la Orden no continúa con los mismos procedimientos y los mismos objetivos, aunque la Virgen continúa siendo Redentora de cautivos, porque el hombre de hoy está cautivo, si bien no corporalmente, sí espiritualmente, por muchos pecados y vicios. El hombre de hoy está cautivo por ideologías deshumanizantes y anti-cristianas, como la ideología de género, la Educación Sexual Integral, el aborto, la eutanasia, el ecologismo, el veganismo, que son formas extremas de defensa de la naturaleza por un lado, pero por otro, persiguen la muerte de niños inocentes por medio del aborto. El hombre de hoy también está cautivo por la atracción que sobre él ejercen el ocultismo, el satanismo, la brujería, la wicca –brujería moderna-, el espiritismo, el chamanismo, todas formas extremadamente peligrosas de contacto con el mundo oculto, al tiempo que de alejamiento de Dios. El hombre de hoy está cautivo por la secta de la Nueva Era, que busca reemplazar la espiritualidad cristiana católica por prácticas religiosas ocultistas orientales, como el yoga, el reiki, el feng-shui, el taichí, además de la lectura de cartas o tarot, la adivinación y toda clase de superstición. El hombre de hoy y sobre todo la juventud, está cautivo por los sustitutos acuarianos o de la Nueva Era de la espiritualidad católica, como la drogadicción con alucinógenos y toda clase de fármacos y drogas adictivas. En definitivas cuentas, si en años pasados la Virgen redimía a los cautivos corporales, en nuestros tiempos, los cautivos espirituales por ideologías anti-cristianas son muchísimos más que los cautivos corporales y las causas que esclavizan al hombre moderno son innumerablemente más abundantes y peligrosas que en los inicios de la Orden, motivo por el cual debemos implorar, hoy más que nunca, a la Virgen, como Redentora de cautivos, para que rescate del peligro de condenación eterna en el que se encuentra millones de nuestros prójimos.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Nuestra Señora de la Merced y el Bastón de mando del General Belgrano


El General Belgrano entrega el Bastón de mando a la Virgen de la Merced.

         Como es sabido por la Historia, el General Belgrano se encomendó a la Virgen de la Merced antes de la Batalla del 24 de Septiembre. Puesto que era un hombre devoto, religioso y piadoso, tuvo otros gestos además para con la Virgen: hizo celebrar la Santa Misa, hizo rezar el Rosario y además, le pidió al capellán del Ejército Patriota que impusiera el Escapulario de la Virgen del Carmen a la tropa, de manera tal que sus almas se vieran salvadas si es que debían morir en el campo de batalla. El resultado de la batalla confirmó que la Virgen intervino milagrosamente en la misma: hubo una escasa cantidad de muertos y heridos, debido en gran parte a una misteriosa nube de langostas que de improviso se abatió sobre el campo de batalla, impidiendo así un mayor derramamiento de sangre, tanto de realistas como de patriotas. Al final de la batalla, el General Belgrano, que se había encomendado a la Virgen, reconoció que la Batalla del Campo de las Carreras se había ganado gracias a la intervención celestial de la Virgen y por esa razón fue que, una vez finalizada la misma, le entregó el Bastón de mando del Ejército, nombrándola Generala del Ejército Argentino.
         Puesto que los próceres son dignos de imitar y lo son mucho más cuando estos son fervientes devotos de la Virgen, como en el caso del General Belgrano, también nosotros debemos imitarlo, no solo en sus virtudes humanas, sino también en sus virtudes sobrenaturales. Ahora bien, nosotros, a diferencia del General Belgrano, no tenemos un ejército ni un bastón de mando, pero sí tenemos el bastón de mando de nuestra vida, por lo que, imitando al General Belgrano, que le otorgó el bastón de mando de su ejército, también nosotros le demos a la Virgen el bastón de mando de nuestras vidas, consagrándonos a la Virgen y confiándole a Ella el triunfo final, ya que luchamos una batalla que no es terrena, sino celestial y no contra enemigos terrenos, sino contra los ángeles caídos, que quieren perder nuestras almas. En esta lucha, el campo de la batalla son nuestros corazones; el enemigo son los demonios, que quieren nuestra condenación; nuestras banderas son el estandarte ensangrentado de la Santa Cruz y el Manto celeste y blanco de la Virgen; el triunfo es la libertad de los hijos de Dios y la vida eterna. Como el General Belgrano, entreguemos el bastón de mando de nuestras vidas a la Virgen de la Merced y así estaremos seguros de ganar la batalla de esta vida, en la que se juega nuestra eterna salvación.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Nuestra Señora de la Merced



         La Orden de la Merced se creó para rescatar a los que se encontraban cautivos por los musulmanes. En nuestros días, aunque sigue existiendo persecución contra los cristianos por parte de los musulmanes, no se continúa con ese tipo de rescate. Sin embargo, la Virgen de la Merced continúa siendo redentora de cautivos, porque hoy las almas están prisioneras por muchísimas cadenas tendidas por el demonio: están prisioneras por el pecado, por el materialismo, por el hedonismo, por el ateísmo, por el ocultismo. Hoy vemos almas que se han tatuado el cuerpo con ídolos demoníacos como la Santa Muerte, el Gauchito Gil, la Difunta, o diversos ídolos: todas esas almas han hecho un pacto, consciente o inconsciente, con Satanás, han profanado sus cuerpos y los han entregado al demonio. Hoy vemos almas entregadas al alcohol, a las drogas, a la lujuria, y esas también son almas cautivas por el Demonio. Hoy vemos almas que apostatan, abandonan la Iglesia, borran sus nombres de los libros de bautismo, o bien directamente ni vienen a misa, ni se confiesan, ni comulgan. Son almas que están esclavizadas por el mal, están encadenadas con las cadenas de Satanás. Por esta razón, aunque no existan los mismos motivos por los cuales se creó la Orden de la Merced, siguen existiendo esclavos espirituales del mal, de las falsas religiones, de las sectas, de los ídolos demoníacos y la única que puede liberarlos de esas esclavitudes espirituales es la Virgen de la Merced, con el poder de Nuestro Señor Jesucristo. Acudamos a Ella para pedirle su misericordiosa intercesión y que, teniendo piedad por estas almas, las libere de toda esclavitud y les restituya la libertad de los hijos de Dios.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Nuestra Señora de la Merced


Origen de la devoción y características de la imagen[1].

El título mariano “La Merced” se remonta a la fundación de la Orden religiosa de los mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, España.
Aunque en castellano se le ha llamado en plural, Virgen de las Mercedes, no corresponde con el sentido originario de la advocación, que es en singular: en catalán es “Mare de Deu de la Mercé”, es decir, “Madre de Dios de la Merced”. Sin embargo, más allá de esto, lo esencial es que el significado del título “Merced” es ante todo “misericordia”: así como la Virgen es misericordiosa –de hecho, es la Madre de la Misericordia encarnada, Cristo Jesús-, también lo deben ser sus hijos. Puesto que nuestra tarea en la tierra es asemejarnos, configurarnos e imitar a Jesús Misericordioso, no hay nadie más indicado a quien podamos recurrir, que la Virgen de la Merced, para conseguir este objetivo, de asemejarnos a Jesús Misericordioso.  
La fundación de la Orden  de la Merced por parte de San Pedro Nolasco se llevó a cabo luego de una aparición de la Virgen, en la cual la Madre de Dios le pidió, en persona y de parte de Jesucristo, que fundara una orden dedicada a la merced (obras de misericordia). Su misión particular era la misericordia para con los cristianos cautivos en manos de los musulmanes. En esa época muchos eran cautivos de los moros y en su desesperación y abandono estaban en peligro de perder lo más preciado: la fe católica. Nuestra bendita Madre del Cielo, dándose a conocer como La Merced, quiso manifestar su misericordia hacia ellos por medio de dicha orden dedicada a atenderlos y liberarlos. Muchos miembros de la orden canjearon sus vidas por la de presos y esclavos. San Pedro fue apoyado en tan extraordinaria empresa por el Rey Jaime I de Aragón.
San Pedro Nolasco y sus frailes eran muy devotos de la Virgen María, tomándola como patrona y guía. Su espiritualidad se fundamenta en Jesús el liberador de la humanidad y en la Santísima Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora y es por ese motivo que la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora, haciendo honor a su condición de Corredentora.
Fue en el capítulo general de 1272, tras la muerte del fundador, que los frailes oficialmente toman el nombre de La Orden de Santa María de la Merced, de la redención de los cautivos, aunque son más conocidos como “mercedarios”. El Padre Antonio Quexal, siendo general de la Merced en 1406, dice: “María es fundamento y cabeza de nuestra orden”. En otras palabras, la Orden no tiene sentido de ser si no toma como referencia a la Virgen y Madre de Dios.
El Padre Gaver, en el 1400, relata como La Virgen llama a S. Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela su deseo de ser liberadora a través de una orden dedicada a la liberación. Según la tradición de la Orden, se afirma que el 1 de agosto de 1218, fiesta del santo fundador, Pedro Nolasco tuvo una visita de la Santísima Virgen, la cual, dándose a conocer como La Merced, lo exhortaba a fundar una Orden religiosa con el fin principal de redimir a los cristianos cautivos por los musulmanes. En ese momento, la península Ibérica estaba dominada por los musulmanes, y los piratas sarracenos asolaban las costas del Mediterráneo, haciendo miles de cautivos a quienes llevaban al norte de África. La aparición sucedió en un momento en el Pedro Nolasco, en la oración, pide a Dios ayuda; como signo de inmediata respuesta de la misericordia divina a su pedido, se aparece la Virgen María, enviada por Dios, diciéndole que funde una orden liberadora. El diálogo entre Pedro Nolasco y Nuestra Señora de las Mercedes fue así: -Nolasco: “¿Quién eres tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mí?”. -María Santísima: “Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy aquella a la que dijo Simeón cuando ofrecí mi Hijo en el templo: “Una espada de dolor atravesará tu Corazón”. -Nolasco: “¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿Quién podrá creer  (que tú me mandas)?”. –María Santísima: No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío; será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los cristianos) y serán signo de contradicción para muchos”.
Luego de la aparición de la Virgen y en cumplimiento de su pedido, Pedro Nolasco impulsó la creación de la Real y Militar Orden de la Merced, que fue fundada en la Catedral de Barcelona, con el apoyo del rey Jaime I el conquistador, en 1218. En las primeras Constituciones de la Orden, en 1272, la Orden recibe ya el título de “Orden de la Virgen de la Merced de la Redención de los cristianos cautivos de Santa Eulalia de Barcelona”. Se calcula que fueron alrededor de trescientos mil los redimidos por los frailes mercedarios del cautiverio de los musulmanes.
La iconografía usada para representar a la Virgen de la Merced queda definida a partir del siglo XVI, consistiendo fundamentalmente en el hábito mercedario: túnica, escapulario y capa, todo en color blanco, con en el escudo mercedario en el pecho. Otros elementos recurrentes son las cadenas y el grillete, símbolos también del cautiverio. Normalmente, además del escapulario del hábito, lleva otro pequeño en la mano que ofrece a los fieles. Suele aparecer tocada con corona de reina, y también con el cetro en la mano derecha. En muchas ocasiones sostiene en la izquierda al Niño Jesús, que también puede llevar un escapulario en las manos. En ocasiones cobija bajo su capa a un grupo de presos cautivos, pero también a santos, o personas de todas las clases sociales. Otro modelo iconográfico es el de la Comendadora, sedente en el coro, sin niño ni cetro, con las constituciones de la Orden en una mano, en uno de cuyos artículos dice así: “Mirad la hondura o cavidad del lago de donde habéis sido tomados, esto es, la piadosísimas entrañas de la madre de Dios”.

         Mensaje de espiritualidad.

El mensaje de espiritualidad mercedario, que es la liberación de los cautivos, se basa en la caridad -es decir, en el amor sobrenatural a Dios y al prójimo y principalmente al prójimo atribulado, perseguido, encarcelado- y sigue plenamente vigente, aun cuando los musulmanes actualmente continúen tomando prisioneros a los cristianos –y cometiendo verdaderos genocidios en los territorios en los que se asienta, por lo que no se puede decir que el islamismo sea una “religión de paz”-, y los mercedarios ya no continúen con la metodología de rescate de prisioneros de su época fundacional, su carisma sigue siendo plenamente actual y vigente, constituyendo María Santísima el modelo a imitar para todo aquel que sea devoto suyo, devoto de la Virgen de la Merced. La Virgen es ejemplo perfectísimo de caridad, de amor sobrenatural a Dios y al prójimo: es ejemplo inigualable de amor a Dios, porque Ella, por amor a Dios, dio su “Sí” a la voluntad de Dios Padre, ofreciéndose como víctima para la Encarnación de Dios Hijo por obra de Dios Espíritu Santo; es ejemplo de amor inigualable a los hombres cautivos del mal, porque por amor al hombre -en Dios y para Dios-, María Santísima ofreció todo su ser, su alma purísima y su cuerpo inmaculado, para que inhabitara en ella el Hijo de Dios encarnado, el Salvador, que por su sacrificio en cruz habría de salvar a los hombres y rescatarlos de la esclavitud principal que atenaza a la humanidad desde Adán y Eva, el dominio esclavizante del Demonio, del pecado y de la muerte. Y como por la Virgen nos viene el Verdadero y Único Salvador de la humanidad, Cristo Jesús, es a Ella a quien debemos dirigirnos si queremos ser libres de la esclavitud espiritual: siendo Ella la Madre del Redentor, es también “Redentora de cautivos”, porque es Corredentora junto a su Hijo Jesús. Al respecto, el Papa Juan Pablo II enseña que “María es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad”, y esto porque gracias a Ella es que Dios pone en marcha su plan de salvación de la humanidad cautiva por el mal, la Encarnación del Verbo, dando así lugar a la verdadera liberación que necesita el hombre, porque al dar a luz a la Verdad encarnada, Jesucristo, el hombre fue liberado del error, de la mentira, de la herejía y del “Padre de la mentira”, Satanás. Incluso desde el cielo, hacia donde fue Asunta en cuerpo y alma glorificados, la Virgen continúa velando por sus hijos cautivos de Satanás (cfr. LG 62) y nos pide que, aquellos que hemos sido liberados por la gracia de Jesucristo y por su Sangre Preciosísima, cooperemos trabajando en la Iglesia para la verdadera y única liberación que el hombre necesita, que es la liberación del pecado, del Demonio y de la muerte. Al igual que María Santísima, que dijo “Sí” a la voluntad de Dios y así el Verbo comenzó a morar en Ella, ofrezcamos como Ella, nuestra vida, para que su Hijo habite en nosotros por la gracia y así pueda Él, utilizándonos como instrumentos suyos, liberar a nuestros hermanos. Ella nos enseñará como hacerlo.
Hoy la humanidad y por lo tanto, innumerables prójimos nuestros, se encuentran esclavizados no solo por esclavitudes materiales, aquellas que consisten en cadenas de hierro en cárceles materiales, sino que se encuentran esclavizados por innumerables formas de esclavitud moral y espiritual, que encarcelan a sus almas con lazos más fuertes que el hierro y el acero, y estas formas de esclavitud son el hedonismo, el materialismo ateo y marxista, las ideologías anti-cristianas, como el socialismo y el liberalismo, las drogas, la ambición de poder, de dinero, de placer, de bienes terrenos. Entonces, así como los mercedarios entregaban sus vidas a la Virgen de la Merced, para que ser instrumentos de Ella para la liberación de los cautivos, así también nosotros entreguemos nuestras vidas a Nuestra Señora de la Merced, para que Ella, sirviéndose de nosotros como esclavos e instrumentos suyos, libere a cambio a nuestros hermanos cautivos por Satanás y por el pecado.
Por último, en el caso particular de Tucumán, la Virgen de la Merced está estrechamente ligada a nuestro ser tucumano, porque gracias a Ella y a su ayuda milagrosa, se consolidó la Independencia, luego de la Batalla de Tucumán. Esto significa que nadie puede decirse verdaderamente tucumano si no es mariano y devoto de la Virgen de la Merced, aunque siempre debemos tener en cuenta que no debemos ser “devotos externos”, como advierte San Luis María Grignon de Montfort, sino devotos verdaderos, y para eso, para ser hijos suyos de su Corazón, debemos siempre vivir en gracia de Dios.



[1] Desde el siglo XIII es patrona de Barcelona y el 25 de septiembre de 1687 se proclamo oficialmente patrona de la ciudad. Es además patrona de los cautivos (presos) y de muchos países de Latinoamérica (…)En el año 1696, el papa Inocencio XII extendió la fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia, y fijó su fecha el 24 de septiembre. Pero a raíz de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II, en el año 1969 la fiesta se suprimió del calendario universal. Cfr. http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&localdate=20170924&id=16552&fd=0

viernes, 23 de septiembre de 2016

Novena a Nuestra Señora de la Merced 6


         ¿En qué consiste ser devotos de la Virgen de la Merced? Primero, veamos en qué NO consiste ser sus devotos: no consiste en acordarse de Ella una vez al año; no consiste en asistir, una vez al año, a su fiesta litúrgica, y luego, durante el resto del año, estar ausente de la Misa y de la Confesión sacramental; no consiste en venir a su fiesta y luego no rezarle en todo el año; no consiste en no cumplir los Mandamientos; no consiste en usar su día, el 24 de Septiembre, para cometer excesos –alcohol, diversiones, etc.-; no consiste en olvidarme de los Mandamientos de Dios. Comportarse así con la Virgen, es como si un hijo le dice a su madre: “Mamá, te amo”, pero luego hace todo lo que a su madre le disgusta. Comportarse así, es ser devotos superficiales de la Virgen de la Merced, que es casi como igual a nada.
         ¿En qué consiste ser devotos de la Virgen de la Merced? Ser devotos de la Virgen de la Merced quiere decir no solo acordarnos de Ella en su día, el 24 de Septiembre, aniversario de la Batalla de Tucumán, sino todos los días del año y todos los días de nuestra vida; es regalarle nuestro tiempo, es dedicarle tiempo para rezar, para regalarle flores espirituales, que son las Ave Marías del Rosario; es demostrarle a la Virgen, así como un hijo le demuestra a su madre su amor, no solo no haciéndola renegar, sino siendo bueno, amable, afectuoso y obediente con ella, que queremos que esté contenta con nosotros, y para así nos esforzamos por vivir en gracia, confesándonos con frecuencia, asistiendo a la Santa Misa a recibir a su Hijo Jesús en la Eucaristía, evitando todo pecado, como un hijo evita hacer, pensar o decir lo que ofende a su madre amada.
Preguntamos nuevamente: ¿en qué consiste ser devotos de la Virgen de la Merced? Y para saberlo, miremos un ejemplo de devoto a la Virgen, como el General Belgrano: confió en Ella en el momento más crucial de su vida, en momentos de peligro, como el día anterior a la Batalla de Tucumán; le prometió y le dio todo lo que él era, que era el ser General, porque al darle el bastón de mando del Ejército, en cierta manera, le estaba dando todo su ser, todo lo que él era en la vida; puso toda su vida en manos de la Virgen, y a lo largo de su vida, demostró, con todas las fallas que los seres humanos tenemos, que deseaba siempre permanecer bajo su maternal manto.
Ser devotos de la Virgen, entonces, es llevarla en el corazón todo el año, o mejor aún, es consagrarnos a Ella, para vivir en su Inmaculado Corazón todo el año, no solo evitando el pecado, sino buscando de darle contento, viviendo los Mandamientos de la Ley de Dios, todos los días, todo el día.
          

         

Novena a Nuestra Señora de la Merced 5


         ¿En qué podemos imitar al General Belgrano? Para saberlo, recordemos qué es lo que hizo el General Belgrano antes de la Batalla de Tucumán del 24 de Septiembre de 1812: puesto que era un ferviente devoto de la Madre de Dios, frente a una situación tan peligrosa y difícil situación, como lo era la batalla que se estaba por librar, el General Belgrano, luego de disponer todo lo humanamente a su alcance, se dirigió al altar de la Virgen de la Merced con una plegaria[1], encomendándole el éxito de la batalla y prometiéndole darle su bastón de mando y nombrarla Generala del Ejército Argentino, si es que el resultado era favorable.
         Es sabido que el resultado fue favorable para las fuerzas patriotas, por lo que, una vez finalizada la batalla y según cuentas las crónicas de la época, “en el parte que transmitió al Gobierno, Belgrano hizo resaltar que la victoria se obtuvo el día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección se habían puesto las tropas. El parte dice textualmente: “La patria puede gloriarse de la completa victoria que han tenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes bajo cuya protección nos pusimos”[2]. Luego de transmitido el parte, el General Belgrano puso en manos de la imagen de la Virgen su bastón de mando, efectuando la entrega “durante una solemne procesión con todo el ejército, que terminó en el Campo de las Carreras, donde se había librado la batalla”[3]. Como vemos, la confianza del General Belgrano y su amor a María no quedaron defraudados, porque la Virgen le concedió un brillante triunfo, gracias al cual se decidió la suerte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Ahora estamos en condiciones de responder al interrogante inicial, acerca de en qué podíamos imitar a nuestro prócer, y es en su confianza y amor a la Virgen y mucho más, si tenemos en cuenta que nosotros no tenemos que enfrentarnos a una batalla terrena, como el General Belgrano, y tampoco peleamos “contra la carne y la sangre”, es decir, contra nuestros prójimos, y tampoco peleamos con armas de fuego, para lograr la Independencia de nuestra Nación: estamos en medio de una batalla, sí, pero una batalla espiritual, en la que luchamos contra “las potestades malignas de los aires”, los demonios, los ángeles caídos, y luchamos con armas espirituales –la fe, la oración, el Rosario, la Confesión, la Santa Misa-, y lo que está en juego no es una independencia terrena, sino la salvación eterna del alma. Y como tampoco tenemos un ejército terreno para darle su bastón de mando y como sin embargo necesitamos igualmente obtener una victoria brillante que resuene en los cielos por  la eternidad, tenemos que hacer como el General Belgrano: dirigirnos al altar de la Virgen de la Merced y entregarle el Bastón de Mando de nuestra vida, de nuestro ser, de nuestra inteligencia, de nuestra libertad, y así la Virgen nos otorgará la victoria final sobre nuestros enemigos, como al General Belgrano.
A Nuestra Madre, la Virgen de la Merced, le decimos, desde lo más profundo del corazón: 
"Virgen María, Nuestra Señora de la Merced,
te hacemos entrega del Bastón de Mando 
de nuestras vidas, de nuestro ser, 
de todo lo que somos y tenemos,
de nuestros seres queridos,
de nuestros bienes materiales y espirituales,
para que nos concedas la victoria sobre nuestros enemigos, 
para que nos tú nos guíes
a la vida eterna en el Reino de los cielos,
para que nos concedas la victoria sobre nuestros enemigos
y así contemplemos a tu Hijo, Jesús,
el Cordero de Dios, 
por los siglos sin fin. Amén".




[1] Cfr. http://forosdelavirgen.org/288/nuestra-senora-de-la-merced-tucuman-argentina-24-de-septiembre/
[2] Cfr. ibidem.
[3] Cfr. ibidem.

Novena a Nuestra Señora de la Merced 4


         ¿Por qué la Virgen de la Merced lleva una corona? ¿Qué significado tiene? ¿Qué relación tiene con nosotros? Ante todo, hay que decir que la razón por la cual la imagen de Nuestra Señora de la Merced de Tucumán lleva una corona, es porque fue coronada solemnemente, en nombre del Papa San Pio X, en 1912, al cumplirse el centenario de la batalla y victoria de Tucumán[1]. A su vez, el pedido del pueblo y el Gobierno de Tucumán a la Santa Sede de que sea coronada la histórica imagen, fue en gratitud por los favores concedidos[2]. La corona de Nuestra Señora de la Merced, de 30 centímetros de alto y 285 quilates, tiene mucho valor desde el punto de vista material, pues lleva oro, plata y piedras preciosas, siendo estas sus características: estilo renacentista, diseñada en París por Coven Lacloche y fabricada en Buenos Aires; cuenta con 2.744 brillantes y seis zafiros grandes; está hecha en oro y platino; con arcos de oro macizo. Su valor material es tan alto, que “la corona está todo el año guardada en el tesoro del Banco de la Nación y únicamente sale el día de la procesión, junto con la imagen, celosamente custodiada”[3].
         Y ahora, la otra pregunta: ¿tiene alguna relación esta corona con nuestra vida de cristianos? Respondemos que, desde el momento en que la Virgen es Nuestra Madre del cielo, sí tiene relación con nuestra vida de cristianos, pero para ahondar en la respuesta, debemos tener en cuenta primero cuál es el significado en la Virgen. Un primer elemento a tener en cuenta es que la corona que lleva la imagen de Nuestra Señora de la Merced, aún con todo el valor material que posee y con todo su esplendor, es solo una palidísima imagen de la corona de luz y gloria que la Madre de Dios ostenta en los cielos, por toda la eternidad. Es decir, la corona material, hecha de oro, plata y piedras preciosas, es solo figura –palidísima- de la corona de luz y gloria portada por la Virgen en los cielos, como Reina y Señora de hombres y ángeles. Al contemplar la corona, no debemos por lo tanto quedarnos en su valor material, ni en el hecho histórico de la coronación pontificia, sino que debemos meditar acerca de lo que esa corona representa: es un símbolo de la corona de gloria con la que la Virgen fue revestida el día de su Asunción, de manos de su propio Hijo Jesús. Entonces, esa corona nos hace recordar que la Virgen de la Merced es nuestra Reina, nuestra verdadera y única Reina, a la que le debemos todo nuestro amor, nuestro honor y nuestra veneración, pues es la Reina de cielos y tierra.
         Pero hay también otra reflexión que debemos hacer, y es que la Virgen mereció la corona de luz y gloria en el cielo por haber compartido aquí, en la tierra, de modo espiritual y místico, la coronación de espinas de Nuestro Señor Jesucristo. Y esa corona, formada por largas, gruesas, duras y filosas espinas, son la materialización de nuestros malos pensamientos y deseos, de modo que, cada vez que consentimos un mal pensamiento o deseo, traspasamos con las espinas de la corona de Jesús, nuevamente, tanto a Jesús como a María. La razón por la cual Jesús se deja coronar de espinas, sufriendo tanto dolor y derramando tanta sangre, y la razón por la que María comparte espiritual y místicamente el dolor de la coronación de espinas de Jesús, es para que no solo no tengamos malos pensamientos, sino para que tengamos pensamientos santos y puros, los mismos pensamientos que tienen Jesús y María coronados de espinas: Jesús coronado materialmente y la Virgen coronada espiritualmente con las espinas.
         Al contemplar la corona de la Virgen de la Merced, por lo tanto, debemos meditar en el dolor de María Virgen al participar espiritualmente de la coronación de espinas de Jesús, y hacer el propósito de no solo rechazar todo mal pensamiento, de cualquier clase, sino de pedirle a la Virgen que nos dé los mismos pensamientos, santos y puros, que tiene su Hijo Jesús coronado de espinas.
         Y de la misma manera, si queremos ser coronados de gloria en el cielo como Nuestra Madre, la Virgen de la Merced, también nosotros debemos pedir llevar, en esta vida, la corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo.
        



[1] Cfr. http://forosdelavirgen.org/288/nuestra-senora-de-la-merced-tucuman-argentina-24-de-septiembre/  A su vez, el 22 de junio de 1943, el Presidente de la República, General Pedro P. Ramirez, por decreto aprobado el día anterior con sus ministros, dispuso por el artículo 1ro: “Quedan reconocidas con el grado de Generala del Ejército Argentino: la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes, y la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen”.
[2] http://www.lagaceta.com.ar/nota/511389/sociedad/esta-lujosa-corona-refleja-gratitud-pueblo-virgen.html
[3] Cfr. ibidem.

martes, 20 de septiembre de 2016

Novena a Nuestra Señora de la Merced 3


         El General Belgrano y la Virgen de la Merced
         Es por todos sabido que el General Belgrano era muy devoto de la Virgen y que, en vísperas de la Batalla del 24 de Septiembre de 1812, se encomendó a la Virgen, en su advocación de Nuestra Señora de la Merced, pidiéndole el triunfo en la lucha. Como es sabido también, la Virgen escuchó a nuestro prócer, pues le dio aquello que era lo más conveniente para los patriotas en ese momento, y era el triunfo, interviniendo con un milagro que, además de conceder el triunfo al Ejército Argentino, contribuyó en mucho a disminuir el número de bajas de ambos lados.
         En agradecimiento, el General Belgrano le otorgó el Bastón de Mando y le otorgó a la Virgen el cargo de Generala del Ejército Argentino y esa es la razón por la cual la Virgen, en la fiesta del 24 de Septiembre, recibe los honores propios de un general, por parte del Ejército.
         El General Belgrano nos da ejemplo de devoción a la Virgen y de fidelidad a la gracia, porque su acto, el de confiar y honrar a la Virgen, es un acto de devoción mariana y, como tal, es una gracia; al ser una gracia, quiere decir que es un don venido del cielo, de Dios mismo, que es la Gracia Increada, don que pasa a través de la Virgen, porque la Virgen es Medianera de todas las gracias. Esto significa, por un lado, que el General Belgrano recibió la gracia de nombrar a la Virgen –seguramente, como un pensamiento- y respondió a la gracia inmediatamente; podría no haber respondido a la gracia y no haberse confiado a la Virgen y mucho menos darle su Bastón de Mando, nombrándola Generala del Ejército Argentino, y sin embargo, respondió a la gracia, obteniendo de la Virgen y para la Patria, el triunfo sobre sus enemigos y el camino a la Independencia.

         Al recordar al General Belgrano, imitémoslo entonces en su prontitud para responder a la gracia y en su devoción y amor a la Virgen de la Merced, y la forma de demostrar nuestro amor filial a María, es respondiendo a todo impulso de amor hacia Ella, así como un niño pequeño responde al llamado de amor de su madre.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Novena a Nuestra Señora de la Merced 2


         La imagen de Nuestra Señora de la Merced lleva un bastón de mando, donado por el General Belgrano luego de la Batalla de Campo de las Carreras. El General Belgrano, ferviente devoto de la Virgen, había encomendado el resultado de la batalla a la Virgen de la Merced y sus ruegos fueron escuchados, pues la batalla no solo fue favorable a las fuerzas patriotas, sino que también, por la aparición de prodigios y milagros, como la nube de langostas que apareció de improviso en el campo de batallas, el triunfo se saldó con un mínimo de muertos y heridos en ambos mandos. En acción de gracias, el General Belgrano nombró a la Virgen como Generala del Ejército Argentino, concediéndole el bastón de mando en una ceremonia solemne. De esta manera, el General Belgrano no solo nos daba muestras de su gran devoción mariana, sino que además nos daba un principio más que seguro para el progreso de la vida de santidad, al hacernos ver que, si bien nosotros debemos poner todo nuestro empeño en crecer en la santidad, nuestro destino está en las manos de Dios, que quiere obrar a través de las manos de la Virgen, por lo que al poner el bastón de mando en manos de la Virgen, el General Belgrano nos estaba diciendo, con este gesto, que todas nuestras empresas y toda nuestra vida, debemos ponerlas en manos de la Virgen, porque eso equivale a ponerlas en manos de Dios.

         Por gracia de Dios, uno de nuestros máximos próceres, el General Belgrano, nos da ejemplo de la más alta espiritualidad a la que pueda aspirar un cristiano, y es la devoción ferviente y la confianza ilimitada en la Madre de Dios, por lo que, como buenos patriotas y como buenos cristianos, nuestro deber es imitar al General Belgrano en estas virtudes. Ahora bien, como es obvio, constatamos que no tenemos un ejército, como lo tenía el General Belgrano, para confiárselo a la Virgen, ni tampoco luchamos contra soldados humanos, ni la lucha se desarrolla en una fracción de tierra, como el Campo de las Carreras. ¿Quiere decir esto que no podemos imitar al General Belgrano en su amor a María de la Merced? De ninguna manera, porque si bien no luchamos contra hombres, sí luchamos contra los ángeles caídos, “las potestades malignas de los cielos”, que buscan nuestra eterna perdición; el campo de batalla no es el Campo de las Carreras, sino nuestra alma y nuestro corazón; la batalla no es por la independencia de una nación, sino por la salvación eterna del alma, y si bien, como decíamos, no tenemos un ejército para ofrendarle a la Virgen el bastón de mando, sí tenemos para darle a la Virgen el bastón de mando de nuestro ser, de nuestra vida, de nuestra existencia, de manera tal que la nombramos a Ella Dueña y Señora de lo que somos y tenemos, de nuestro pasado, presente y futuro, de nuestros bienes materiales y espirituales, y a Ella le confiamos el triunfo final de la batalla que libramos a lo largo de esta vida, que consiste en entronizar al Sagrado Corazón en nuestros almas, para luego cantar al Cordero, en los cielos y por la eternidad, cánticos de triunfo, de alabanza y de adoración. Como el General Belgrano, entreguemos a la Virgen de la Merced el bastón de mando de nuestras vidas, para que Ella nos guíe al triunfo final sobre los enemigos del alma, haciéndonos enarbolar el estandarte victorioso y ensangrentado de la Santa Cruz de Jesús.         

viernes, 16 de septiembre de 2016

Novena a Nuestra Señora de la Merced 1


         Nuestra Señora de la Merced lleva el título de “Redentora de cautivos”, porque la Orden Mercedaria fundada por San Ramón Nolasco y cuya Patrona era la Virgen de la Merced, tenía la misión de rescatar a aquellos que habían sido tomados prisioneros por los musulmanes en Tierra Santa. Los seguidores de Mahoma habían invadido ilegítimamente Tierra Santa, que pertenecía a la Cristiandad y como respuesta a esta invasión, los cristianos, bajo el llamado de los Papas, organizaron expediciones militares llamadas “Cruzadas”, para recuperar lo que legítimamente les pertenecía, Tierra Santa y los Santos Lugares de la Redención, como el lugar del Nacimiento del Salvador, el Calvario, el Santo Sepulcro, y muchos otros lugares. Como consecuencia de estas invasiones y guerras desencadenadas por la incursión de los mahometanos, sucedía que muchos cristianos eran tomados prisioneros por los seguidores de Mahoma, los cuales exigían un rescate en dinero si es que los querían volver a ver con vida. La Orden Mercedaria, cuya Patrona era la Virgen de la Merced, logró rescatar a numerosos cristianos, llegando incluso a realizar intercambios de religiosos de la Orden a cambio de prisioneros cuando se agotaba el dinero, como sucedió con el caso de San Ramón Nonato, religioso mercedario. Esta es la razón por la cual la Virgen de la Merced lleva, entre otros títulos, el de “Redentora de cautivos”. Y aunque en nuestros días existe una secta islamista extremista llamada “ISIS”, que continúa con la misma intención de hacer del mundo cristiano un califato, caracterizándose por la crueldad satánica que muestra en la ejecución de los prisioneros, sobre todo de los cristianos, la Orden Mercedaria ya no se dedica al intercambio de prisioneros, sino a la evangelización de los gentiles, por medio de diversos apostolados.

         Sin embargo, la Virgen no ha perdido su nombre de “Redentora de cautivos”, porque Ella continúa rescatando y redimiendo a innumerables hijos suyos que se encuentran esclavizados por una esclavitud peor que la de los mahometanos, y es la esclavitud del pecado. En nuestros días, cientos de miles e incluso millones de niños, jóvenes, adultos, se encuentran bajo el yugo esclavizante de todo tipo de pecado, que les impide vivir con la libertad de los hijos de Dios: hedonismo, materialismo, lujuria, drogadicción, sectas de la Nueva Era, magia, ocultismo, brujería, chamanismo, alcoholismo, y el peor de todos, el ateísmo y la apostasía, que hacen renegar de la fe en Nuestro Señor Jesucristo, Dios Hijo hecho hombre sin dejar de ser Dios, y los sumerge en una existencia oscura, tenebrosa, que los encamina a un abismo de perdición eterna. Hoy, más que nunca, por lo tanto, es necesario elevar súplicas y ruegos a la Virgen, Nuestra Señora de la Merced, para que libere a estos hermanos nuestros que se encuentran esclavizados por las duras cadenas del pecado. Y, al igual que hacían los mercedarios, además de ofrecer nuestras oraciones, penitencias, mortificaciones, por la conversión de quienes están esclavizados por el pecado, a imitación de ellos, que se ofrecían a cambio de la liberación de los cristianos prisioneros, nosotros podemos ofrecernos, unidos a Nuestra Señora de la Merced, en la Santa Misa, renovación del Santo Sacrificio de la Cruz, como víctimas en la Víctima, Cristo Jesús, suplicando por la liberación de quienes están bajo el duro yugo del pecado.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Nuestra Señora de la Merced, Redentora de cautivos


         Nuestra Señora de la Merced, Redentora de cautivos
         San Pedro Nolasco fundó la Orden de la Merced luego de que la Virgen se le apareciera en sueños la noche del 1 al 2 de agosto del año 1218[1]; de manera simultánea a San Pedro Nolasco, la Virgen se les apareció también a san Raimundo de Peñafort y al rey Jacobo de Aragón; a los tres, les dijo que “sería de sumo agrado suyo y de su Hijo la institución de una Orden religiosa en su honor con el fin de liberar a los caídos en poder de los infieles”[2]. Fue entonces la misma Virgen María en persona quien le dijo a San Pedro Nolasco que debía fundar la orden de la Merced, para así poder continuar el trabajo que él y sus compañeros ya venían haciendo desde hacía 15 años, y que era la liberación de prisioneros en manos de los musulmanes -los cuales se habían apoderado de la Tierra Santa-, a cambio de un rescate. Pedro Nolasco, que fundó la Orden de la Merced el 10 de agosto de 1218 en presencia del rey Jaime I de Aragón y del obispo Berenguer de Palou, reconoció siempre a María Santísima como la auténtica fundadora de la orden mercedaria, cuya patrona es la Virgen de la Merced (“Merced” significa “misericordia”)[3]. 
             En esta Orden Mercedaria[4], fundada por pedido de explícito de María Santísima y de Nuestro Señor Jesucristo, los frailes hacían un cuarto voto, además de los tres votos propios de la vida religiosa, pobreza, castidad y obediencia: dedicar su vida a liberar esclavos. La condición para entrar en la Orden, además de vivir los tres votos propios de toda orden religiosa, era comprometerse a ofrecerse a quedarse en lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la fe, en caso que el dinero no alcanzara a pagar su redención[5]. La liberación de los cautivos en manos de los musulmanes, cuando no alcanzaba el dinero para rescatarlo, consistía en un canje: se entregaba un misionero de la Merced, a cambio de un cristiano cautivo. De ahí el nombre de Nuestra Señora de la Merced como “Redentora de cautivos”, porque el religioso que se entregaba a cambio del prisionero cristiano, lo hacía en nombre de Nuestra Señora de la Merced.
         En nuestros días, no existe tal situación; sin embargo, muchos cristianos permanecen cautivos, no corporalmente, sino espiritualmente y quienes son sus carceleros, no son los musulmanes de antaño, sino las pasiones desordenadas que conducen al pecado. Los cautivos de nuestros días son los hombres que, apartados de Dios y de su gracia, se encuentran prisioneros de sus propias pasiones, las cuales, sin la razón y sin la gracia, llevan al pecado. Las pasiones sin control en el hombre apartado de la gracia, son como las cadenas, mientras que los pecados capitales cometidos a causa de estas pasiones –soberbia, ira, lujuria, pereza, gula, avaricia, envidia- son las prisiones espirituales en las que estos cristianos quedan encerrados. En nuestros días, muchos cristianos se encuentran cautivos de los pecados y esta cautividad es mucho peor que la cautividad corporal, porque el que está preso porque su cuerpo está en una cárcel, es libre en su interior; en cambio, el que está prisionero de sus pasiones y de los pecados, aun cuando circule libremente por las calles, está cautivo y aprisionado por el mal, con cadenas más pesadas que las de hierro. Si a un cautivo corporal se lo puede liberar rompiendo el cerrojo de la puerta de la cárcel y luego rompiendo sus cadenas de hierro, a un cautivo espiritual, la única manera de liberarlo, es por medio de la gracia, que ilumine su mente y su corazón para que vea al Amor de Dios encarnado en Jesucristo y desee amarlo. Ahora bien, como la Virgen, Redentora de cautivos, es también Medianera de todas las gracias, a esas gracias necesarias para la liberación espiritual, que se nos otorgan por el sacrificio en cruz e Jesús, se las obtiene sólo por María.
         Es por eso que la esperanza para los prisioneros espirituales del pecado, radica en la Virgen, que es Redentora de cautivos. Entonces, si la Virgen rescató de la esclavitud corporal a muchos en el pasado, hoy también la Virgen rescata de la esclavitud espiritual, la del pecado, a una inmensa cantidad de sus hijos adoptivos que están prisioneros espiritualmente por el pecado. La Virgen, que es Medianera de todas las gracias, se comporta como Redentora de cautivos, cuando nos concede la gracia que nos permite no solo no caer en la tentación, sino además crecer en la imitación de Cristo. Gracias a la Virgen, Redentora de cautivos, logramos escapar de la esclavitud del pecado y ser libres en Cristo Jesús. Así como un esclavo, cuando es liberado, comienza a vivir una vida nueva, la vida de libertad, así también nosotros, esclavos del pecado, cuando somos liberados por la Virgen, Redentora de cautivos, de la esclavitud del pecado, comenzamos a vivir una vida nueva, la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios. El que ha sido liberado por la Virgen de la Merced no solo se aparta de todo lo malo –ira, odio, enojos, rencores, envidias, disputas, pereza-, sino que, al tener la gracia de Dios en su alma, entroniza en su corazón a Jesús Eucaristía, Rey de los corazones, y vive sólo de su Amor y en su Amor.
         En su día, le rezamos así a Nuestra Señora de la Merced: “Virgen de la Merced, Redentora de cautivos, te suplicamos por nosotros, por nuestros seres queridos y por todo el mundo, que nos liberes de la tiranía y esclavitud de las pasiones sin control y del pecado, para que entronicemos a Nuestro Señor Jesucristo en nuestros corazones, proclamándolo Nuestro Rey, Nuestro Único Dueño y Señor de nuestras vidas y así vivamos en la verdadera libertad,  la libertad que nos concede la gracia, la libertad de los hijos de Dios”.


[1] http://www.corazones.org/santos/pedro_nolasco.htm
[2] Cfr. http://www.liturgiadelashoras.com.ar/, Común de la Santísima Virgen María, Salterio I.
[3] Cfr. ibidem.
[4] El hábito de la Orden de la Merced lleva un escudo con cuatro barras rojas sobre un fondo amarillo, que representa a la corona de Aragón, y una cruz blanca sobre fondo rojo, titular de la catedral de Barcelona.
[5] Cfr. ibidem.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Nuestra Señora de la Merced


          Uno de los títulos de Nuestra Señora de la Merced es el de "Redentora de cautivos". El motivo de esta advocación es que, en nombre de la Virgen de la Merced, la Orden Mercedaria, fundada por San Pedro Nolasco, tenía como misión el rescate de los cristianos tomados como prisioneros por los musulmanes y que, como consecuencia, se encontraban en peligro de perder la fe. A menudo, los frailes mercedarios se ofrecían a sí mismos, para ser canjeados por los prisioneros, obteniendo de esta manera su liberación. Muchos de estos frailes, convertidos en prisioneros voluntarios, morían en esta condición, imitando de esta manera a Jesucristo, que dio primero su vida por nosotros en la Cruz y haciendo realidad sus palabras con sus propias vidas: "Nadie tiene más amor que el da la vida por los amigos" (Jn 15, 13).
          En nuestros días, no se da esta situación, tal como se daba en tiempos de San Pedro Nolasco; sin embargo, los cautivos, no tanto materialmente hablando, sino desde el punto de vista espiritual, han aumentado hasta formar un número inmensamente mayor que el de los cristianos capturados por los musulmanes.
          Hoy en día, existen numerosísimos cautivos espirituales, prisioneros de las más diversas esclavitudes, unas peores que otras, las cuales se presentan disfrazadas de ídolos. Así, muchos son esclavos del ídolo del dinero; otros, del placer; otros, de la música indecente; otros, de la violencia; otros, de la droga; otros, del fútbol y de la política; otros, de la lujuria... La lista de las modernas esclavitudes es interminable, como interminables son los ídolos que el hombre mismo se fabrica, y como interminable es la sed de las pasiones desenfrenadas que estos ídolos despiertan en el hombre. Esta esclavitud moderna es inmensamente peor que la meramente física, porque aún cuando deje en libertad de movimiento el cuerpo, el espíritu es duramente aferrado y atenazado con lazos más duros que el acero, imposibles de romper por creatura alguna.

          Al igual que los mercedarios, que imitando a Jesucristo dieron sus vidas para la liberación de los cautivos, también nosotros, en nombre de Jesucristo y de la Virgen de la Merced, podemos y debemos ofrendar nuestras vidas en el altar eucarístico, uniéndonos a Cristo crucificado e inmolándonos por la liberación de nuestros hermanos, cautivos de tantos lazos y carceleros espirituales, para que obtengan la verdadera libertad, la libertad que da la gracia, la libertad de los hijos de Dios.