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miércoles, 12 de mayo de 2021

Las Apariciones y enseñanzas de Nuestra Señora de Fátima

 



         En el año 1917 se produjeron una de las más grandiosas apariciones de la Madre de Dios en la historia de la Iglesia. Estas apariciones estuvieron precedidas por las apariciones, a su vez, de un Ángel, quien se presentó a sí mismo como “El Ángel de la Paz” y también “El Ángel de Portugal”.

         Estas apariciones nos dejaron numerosas enseñanzas:

         Por un lado, el Ángel les enseña a adorar la Presencia Sacramental de Jesucristo en la Eucaristía, dictándoles dos oraciones de adoración a Jesús Sacramentado y enseñándoles en la práctica cómo adorar con el cuerpo, postrándose él mismo, el Ángel, ante Jesús Eucaristía. Una de las oraciones del Ángel dice así: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os  pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”. La otra oración que les enseña el Ángel es: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman”. Estas oraciones, profundamente eucarísticas, mantienen su plena vigencia, hoy más que nunca, debido a las innumerables profanaciones y sacrilegios que sufre, día a día, el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús y es por eso que es muy conveniente rezar estas oraciones en las Horas Santas, en la Adoración Eucarística al Santísimo Sacramento del altar.

         Por otra parte, la Virgen les proporciona numerosas enseñanzas a los Pastorcitos:

         El rezo del Santo Rosario y su importancia para la conversión de los pecadores; la existencia del Infierno, haciéndolos participar, místicamente, de la realidad del Infierno, al llevarlos al Infierno y hacerlos contemplar cómo las almas de los condenados caían en el lago de fuego y fluctuaban como “copos de nieve”: al respecto, la Beata Sor Lucía describe así la experiencia del Infierno: “Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo (debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la gente que hice). Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a miedosos animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente: ‘Ustedes han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si ustedes hacen lo que yo les diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz’”. Luego, después de la visión, María les indicó una oración esencial para ayudar a los pecadores: “Cuando ustedes recen el Rosario, digan después de cada misterio: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu infinita Misericordia”.

Además, la Virgen les enseña el valor del sacrificio, de la penitencia, de la mortificación y del ayuno, como vías de crecimiento en santidad personal y también para la conversión de las almas más necesitadas de la gracia de Dios, los pecadores: “Hagan sacrificios por los pecadores, y digan seguido, especialmente cuando hagan un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”; también les advierte acerca del peligro del Comunismo y de cómo este régimen satánico, despiadado y ateo habría de “propagar sus errores por todo el mundo”, tal como sucedió y tal como está sucediendo en la actualidad: desde que se implementó en Rusia por medio de una sangrienta revolución, el Comunismo ha esparcido el ateísmo, la violencia y la lucha de clases por todo el mundo, provocando desde entonces hasta ahora un genocidio de más de ciento cincuenta millones de muertos, sin contar los cuatrocientos millones de muertos provocados por la política del “hijo único” aplicado por el gobierno comunista chino durante treinta años.

La Virgen les enseña también a rezar el Santo Rosario y les enseña la devoción del rezo del Rosario reparador, el cual se reza durante cinco sábados, los primeros sábados de cada mes, meditando en los misterios del Santo Rosario y acompañando este rezo con el deseo de un profundo cambio de vida, haciendo un completo examen de conciencia, confesando los pecados y recibiendo la Sagrada Comunión, todo para reparar las ofensas que se realizan al Inmaculado Corazón de María y también al Sagrado Corazón de Jesús.

No debemos creer que las Apariciones de Fátima son cosa del pasado: estas apariciones, importantísimas para la vida espiritual y de la Iglesia, son atemporales, en el sentido de que abarcan todos los tiempos y por lo tanto son actuales y mucho más en nuestros días, en los que se atenta cotidianamente contra la Sagrada Eucaristía y contra el Inmaculado Corazón de María y también contra la vida humana por nacer, por medio de la inicua e infame ley del aborto. Hoy, más que nunca, es necesario recordar las Apariciones de la Virgen en Fátima y aplicar, con todo el corazón, sus invalorables enseñanzas celestiales.

viernes, 13 de julio de 2018

El significado de las tres rosas de María Rosa Mística



¿Qué significan las tres rosas de María Rosa Mística? Veamos su significado a la luz de la fe. La Rosa Blanca: el color blanco es símbolo de pureza, significa algo que está limpio, sin mancha. Como tal, significa a la misma Virgen, que es en sí misma la Inmaculada Concepción, la concebida sin mancha de pecado original, desde el momento en que estaba destinada a ser la Madre de Dios, a alojar en sí misma a la Palabra de Dios encarnada, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Pero además de la Virgen, como nosotros somos sus hijos adoptivos, la rosa blanca significa la pureza que deben tener nuestros cuerpos y almas, como hijos suyos que somos.  Es decir, la rosa blanca simboliza la pureza del cuerpo, vivida por la castidad corporal, pero significa también la pureza del alma, la pureza de la fe, por cuanto nuestra fe no debe estar contaminada por supersticiones de ningún tipo, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San la Muerte y tantos otros más. Debemos ser puros de cuerpo y alma porque si la Virgen estaba destinada a alojar en su seno purísimo a Jesús, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, también nosotros estamos destinados a alojar en nuestros corazones a Jesús Eucaristía y para eso es que debemos ser puros de cuerpo y alma, es decir, debemos ser castos y debemos tener una fe firme, sin contaminaciones de ídolos paganos. ¿Cómo adquirimos esta doble pureza de cuerpo y alma? Por la gracia santificante, que nos quita el pecado y nos da la vida de Dios y por la castidad, por la pureza de costumbres y de vida, desechando todo lo que sea pecado y nos aparte de Dios. La rosa blanca nos debe recordar que estamos llamados a ser puros de cuerpo y alma, porque estamos llamados a ser “templos del Espíritu Santo” con nuestro cuerpo y nuestro corazón, altar en donde se adore a la Eucaristía.
La Rosa Roja: el color rojo simboliza el sacrificio porque es el color de la sangre; significa ya sea la sangre derramada en testimonio de Cristo o bien el sacrificio de cualquier tipo hecho en su honor. Aquí también está representada la Virgen, porque si bien Ella no sufrió un martirio cruento, participó de tal modo de la Pasión y de los dolores de su Hijo, que mereció la palma del martirio. Además, toda su vida fue un continuo sacrificio en honor de su Hijo Jesús. La Rosa Roja nos recuerda que mucho debemos luchar para ganar el cielo, empezando por la lucha contra nosotros mismos, contra nuestra propia pereza, corporal y espiritual, que nos impide no solo hacer sacrificios, sino hacer cualquier obra buena en honor de Dios. La Rosa Roja nos recuerda que para ganar el cielo, debemos imitar a nuestra Madre celestial en el sacrificio de su vida y, al igual que Ella, o mejor, consagrados a Ella, convertir nuestras vidas de míseros pecadores en ofrendas sacrificiales agradables a Dios. La Rosa Roja nos recuerda permanentemente que esta vida no es para el descanso, sino como dice la Escritura, “lucha es la vida del hombre en la tierra”, y es lucha contra la propia pereza y lucha para hacer sacrificios y obras de misericordia que nos permitan ganar el cielo. La Virgen es ejemplo supremo de sacrificio, porque Ella se ofreció toda su vida en sacrificio por su Hijo, ofreciéndose en grado supremo al pie de la cruz, ofrendando al Padre a Aquel que era su propia vida, su Hijo Jesús. Al ofrecer a su Hijo en la Cruz, la Virgen nos da ejemplo de máximo sacrificio, porque Ella estaba ofreciendo lo que era su Vida y la razón de su Ser y existir en la tierra y Ella lo ofreció por amor a Dios y por la salvación de los hombres. Por eso, la Rosa Roja de María Rosa Mística nos recuerda que nuestra vida toda debe ser un continuo acto de sacrificio en honor a su Hijo Jesús y que el lugar del máximo sacrificio, en el que nos ofrecemos con nuestras vidas, por manos de la Virgen, a Dios, es la Santa Misa, representación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio de la Cruz. A imitación suya, los cristianos debemos ofrecer sacrificios por los pecadores y por nosotros mismos, y el lugar ideal es la Santa Misa.
Por último, la Rosa Dorada significa adoración y por eso mismo representan a la misma Virgen, porque Ella fue la que adoró, antes que nadie, a su Hijo Jesús, la Palabra Eterna del Padre que por obra del Espíritu Santo se encarnaba en su seno virginal. Desde la Encarnación y durante toda la vida de Jesús, y luego de su muerte, en la Resurrección y en cada Eucaristía, la Virgen adoró con adoración y amor supremos a su Hijo Jesús y por eso la Rosa Dorada la representa en primer lugar. Pero también nos recuerda que nosotros, como hijos de la Virgen, estamos llamados a adorar continuamente, de día y de noche, despiertos y dormidos, vigiles y descansando, a su Hijo Jesús en la Eucaristía, de manera tal que de nuestros labios y de nuestros corazones se eleven permanentemente cantos de amor y de adoración a Jesús Eucaristía, aunque la adoración también es por medio de las obras de misericordia.
Pureza de cuerpo y alma, sacrificio hasta dar la propia vida por Jesús, adoración a la Eucaristía de noche y día, esto es lo que significan las tres Rosas, Blanca, Roja y Dorada, de María Rosa Mística.

miércoles, 6 de junio de 2018

La Verdadera Devoción consiste en hacer de la propia vida una consagración



     

         La Verdadera Devoción no consiste en devociones que, aunque practicadas con piedad, están separadas unas de otras; tampoco consiste en esta o en otra devoción: la Verdadera Devoción, dice el Manual,  consiste en “un acto formal de consagración, pero consiste esencialmente en vivirla ya desde el primer día; en hacer de ella no un acto aislado, sino un estado habitual”[1]. Es decir, consiste en un acto de devoción, que es la consagración, pero es una devoción tal, que termina por abarcar todos los actos de la vida; es una devoción que termina por convertirse en la raíz y el fundamento de nuestro ser y existir, esto es lo que quiere decir el Manual cuando dice que la “devoción no es un acto aislado, sino un estado habitual”. La consagración a María debe ser un “estado habitual”, es decir, el legionario, por la consagración a María, debe vivir todos los días, todo el día, como consagrado. No debe vivir la consagración como un acto de devoción que hizo en algún momento de su vida y a ese acto lo recuerda cada tanto: debe vivir la consagración como un estado de vida, de tal manera que, si alguien le preguntara: “¿Cuál es su estado de vida?” a un legionario, éste debería responder: “Consagrado a María”. Y por supuesto, debe responder más con actos y hechos y no con meras palabras.
         En este sentido se pronuncia el Manual: “Si a María no se le da la posesión absoluta y real de esta vida –no de algunos minutos u horas simplemente-, el acto de consagración, aunque se repita muchas veces, no vendrá a valer más que lo que puede valer una oración pasajera. Será como un árbol que se plantó, pero no se arraigó”[2]. Es decir, el Manual lo afirma en este sentido: si a la Virgen no se le da, en el acto de consagración, toda la vida, todo el ser, lo que somos y poseemos, aun cuando repitamos el acto de consagración varias veces –por varios años, en cada aniversario-, la consagración no será tal, porque no habrá arraigado en lo más profundo del corazón. La consagración a María será como una hoja que se lleva el viento, cuando debería ser un árbol bien plantado y con sus raíces echadas en el corazón.
         Esto no quiere decir que se esté siempre y en cada momento con el pensamiento puesto en la consagración, dice el Manual: “No se crea que esta Devoción exige que la mente esté siempre clavada en el acto de consagración”[3]. Da el ejemplo luego: “Sucede como en la vida física: así como esta vida sigue estando animada por la respiración y el latir del corazón, aunque no reparemos en sus movimientos, también la vida del alma puede estar animada por la Verdadera Devoción incesantemente, aun cuando prestemos a ella una atención consciente y actual; basta que reiteremos de vez en cuando el recuerdo del dominio soberano de la Virgen, rumiando esta idea despacio y expresándola en actos y jaculatorias, para darle calor y viveza; pero con tal de que reconozcamos de una manera habitual nuestra dependencia de Ella, le tengamos siempre presente –al menos de una manera general-, y ejerza influencia real y absoluta en todas las circunstancias de nuestra vida”[4].
         Es decir, la consagración debe ser como la respiración, de manera tal que no estemos constantemente enfocados en ella, pero que al mismo tiempo, sea vital para nosotros, como es vital la respiración y el latido cardíaco. Aunque no estemos todo el tiempo hablando de la Virgen, la Virgen tiene que ser el “alma de nuestra alma”, por así decirlo, de manera tal que esté presente en cada momento de nuestra vida. Y así como cada tanto nos acordamos que respiramos y que el corazón late, así nos acordemos de la Virgen por medio de jaculatorias y oraciones.
            Una pregunta que podemos hacernos, para saber cómo es nuestra consagración, es la siguiente: ¿ejerce la Virgen una influencia real y absoluta en TODAS las circunstancias de mi vida? Un ejemplo puede aclararnos el sentido de la pregunta: la Virgen nos dice: "Hagan lo que Él les diga" y lo que su Hijo Jesús nos dice, entre otras cosas, es que "amemos a nuestros enemigos", "perdonemos setenta veces siete", "carguemos la cruz de cada día". ¿Hago lo que la Virgen me dice, esto es, hacer lo que Jesús me ordena en el Evangelio, o hago mi voluntad? Según cómo sea la respuesta a esta pregunta, sabremos si nuestra consagración es un estado habitual, o es solo una devoción pasajera.



[1] Cfr. Manual del Legionario V, 5.
[2] Cfr. ibidem.
[3] Cfr. ibidem.
[4] Cfr. ibidem.

miércoles, 13 de julio de 2016

María Rosa Mística y el significado de las tres rosas


         ¿Qué significan las tres rosas?
         Representan virtudes de la Virgen, que Ella quiere que las vivamos y las practiquemos nosotros, sus hijos. Veamos cada una de ellas, brevemente.
         La Rosa Blanca: significa la pureza de cuerpo y alma, es decir, la castidad y la fe  pura y limpia, sin contaminaciones con supersticiones. La pureza del cuerpo, porque la Virgen es la Purísima, por estar inhabitada por el Espíritu Santo desde el primer instante de su Inmaculada Concepción; el cristiano debe conservar la pureza de su cuerpo, porque el cuerpo es “templo del Espíritu Santo”, y profanar el cuerpo, es profanar a la Persona del Espíritu Santo, dueña de ese cuerpo.
         La pureza del alma, porque la Virgen, siendo Ella concebida sin mancha de pecado original, fue Purísima de cuerpo y alma, porque era la Llena de gracia. Así, el cristiano debe también conservar su alma siempre pura, en gracia, a imitación de la Virgen.
         La Rosa Roja: significa sacrificio, y la Virgen es ejemplo de máximo sacrificio por amor a Dios, porque Ella ofreció a su Hijo Jesucristo al Padre, estando al pie de la cruz, para nuestra salvación. Al pie de la cruz, la Virgen tenía su Inmaculado Corazón traspasado por una espada de dolor, la espada de dolor que le había profetizado el anciano Simeón, porque el Hijo de su amor, Jesús, moría en la cruz. Sin quejarse, la Virgen ofreció a su Hijo al Padre para nuestra salvación, y así ofreció el sacrificio de su Hijo y el sacrificio de Ella misma, por eso es Corredentora. A imitación suya, los cristianos debemos ofrecer sacrificios que, como les dijo el Ángel de Portugal a los Pastorcitos, se pueden hacer “de todo” lo que nos suceda.

         La Rosa Dorada: significa adoración, y aquí también la Virgen es ejemplo de cómo adorar a Dios, porque Ella adoró a su Hijo Jesús, Dios Hijo encarnado, desde el instante mismo de la Encarnación, convirtiéndose así en el Primer Sagrario y Custodia viviente del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. A imitación de la Virgen, todos los cristianos debemos adorar a Jesús Eucaristía, Presente en Persona con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Hostia consagrada.

martes, 13 de noviembre de 2012

María Rosa Mística se mostró apesadumbrada por las almas que se pierden



         ¿Qué implica la devoción a María Rosa Mística? La pregunta es necesaria, debido a que entre los mismos católicos y, todavía más, entre los mismos devotos de María Rosa Mística, no se tiene bien en claro en qué consiste la devoción. Existe entre los católicos algo así como una nube oscura, muy densa, que impide llegar al fondo de la devoción a la Virgen, ya que se piensa que la devoción es cuestión de hacer acto de presencia una vez al mes, rezar en la procesión, integrar una cofradía. Estos son solo los aspectos exteriores de la devoción, y no su esencia.
         Para saber en qué consiste ser devotos de María Rosa Mística, hay que conocer los mensajes de la Virgen, sobre todo los referidos a los significados de sus tres rosas, blanca, roja y dorada, en donde se revela lo esencial de la devoción: penitencia, oración, sacrificio.
         Pero también en otras apariciones a la misma vidente, la Virgen da el contenido de la devoción, y hace saber en qué consiste ser devotos suyos.
Por ejemplo, en la aparición y mensaje del 17 de enero de 1971, en donde la Virgen le dice a Pierina Gilli: “Reza, reza, reza hija y haz rezar; ¡tantos hijos míos viven en las tinieblas! No se quiere más al Señor, Nuestro Dios.
         ¡Oh, en qué lucha se encuentra la Iglesia de mi Divino Hijo! Por eso yo extiendo el manto de Mi amor sobre la humanidad, porque hay urgencia de oración de amor, y de oración de expiación. La humanidad corre hacia su gran ruina… ¡cuántas almas perdidas! Pobre Iglesia de mi Divino Hijo Jesucristo…
         ¡Rezad, oh hijos, y haced penitencia!... Éste es mi apesadumbrado pedido, la advertencia de la Madre del Señor.
         Hija mía, este es el tiempo en que se necesita unirse en oración y en amor alrededor del Señor. Él está abandonado y ultrajado por muchos hijos suyos. Nosotros queremos almas fieles y vigorosas prontas a testimoniar y a demostrar que mi Divino Hijo se ha inmolado en la Cruz, y a hacer que todo el mundo comprenda cuánto y cómo está lleno de amor y de misericordia el Corazón de Jesús.
         Yo he venido para hablar del amor que se debe al Señor, para llamar a las almas a este amor a Dios, y hacia el prójimo. Este es mi llamado, este es el mensaje de la Madre del Señor”.
         La Virgen pide oración: “reza y haz rezar”; la necesidad es urgente; el motivo es la perdición de muchas almas; se muestra “apesadumbrada”, y así es como hace la “advertencia”.
         ¿Por qué la Virgen está apesadumbrada?
         Sólo basta mirar a nuestro alrededor: aborto, eutanasia, guerras, drogadicción, aumento del satanismo y de la brujería a escala planetaria, inmoralidad que inunda la televisión y la red; elevación de la perversión moral a rango de derecho humano; alquiler de vientres, fecundación in vitro, destrucción de la familia tradicional y llamar “familia” a cualquier combinación posible; la proliferación de la música cumbia, música rock satánica, como Lady Gaga, que es celebrada públicamente, y seguida por millones de “fans”; el consumo desenfrenado de alcohol, de drogas y pornografía entre los jóvenes, sobre todo los cristianos..., y así con infinidades de hechos y situaciones de la sociedad moderna, que indican claramente que el hombre ha elegido un camino opuesto al que le conduce a la cima del Monte Calvario.
         ¿Por qué la Virgen dice que su Hijo está “abandonado y ultrajado” por muchos hijos suyos?
         Porque la gran mayoría de los bautizados prefiere, antes que la Misa dominical, asistir a espectáculos deportivos, principalmente el fútbol, que se convierten de esta manera en ídolos mudos, sordos y ciegos, que reemplazan al Dios verdadero; los católicos, vergonzosamente, han reemplazado al Dios del Sagrario, Cristo Jesús, por un programa de televisión deportivo, por un estadio, por una pelota de cuero. Cuando se piensa en el infinito Amor de Dios Padre, que en cada misa renueva el don de su Amor, su Hijo Jesús en la Eucaristía, para que Él a su vez done el Espíritu Santo a quien lo reciba en la Eucaristía, es ahí cuando se comprende el porqué del pesar de la Virgen, y se vislumbra la magnitud del ultraje que se hace a Jesús Eucaristía. Cuando se piensa, además, que la gran mayoría de los que sí asisten a Misa, y comulgan, no son capaces de vivir la caridad cristiana y el espíritu de las Bienaventuranzas, dadas por Jesús en el Sermón de la Montaña, espíritu que se basa principalmente en el amor de caridad a Dios y al prójimo, y viven por lo tanto en la discordia, en la mentira, en el engaño, en la violencia, en la trampa, en la pereza, en el adulterio, en la fornicación, en el rechazo práctica de los Mandamientos de Dios, es ahí en donde puede comprenderse, al menos mínimamente, el pesar y la amargura de la Virgen, y se puede dimensionar el grado de abandono y ultraje que Jesús recibe de parte de los suyos, no tanto de los ateos o paganos, en el sagrario.
         Jesús es abandonado y ultrajado, cada vez que se prefiere el mundo a Él; Jesús es abandonado y ultrajado, cada vez que un cristiano decide, libremente, por propia elección, y poniendo en juego toda su libertad, cumplir los mandamientos de Satanás y no los mandamientos suyos; Jesús es abandonado y ultrajado cada vez que un bautizado abandona la Iglesia para entrar en una secta, o entra en la Iglesia para comportarse con sus hermanos de religión como un sectario; Jesús es abandonado y ultrajado, cada vez que un cristiano elige la televisión en vez de la oración y la adoración eucarística. Todo esto es lo que explica el pesar y el lamento de María Rosa Mística, porque semejante actitud de los cristianos, los conduce, como la misma Virgen lo dice, a "la ruina" espiritual, que es la condenación eterna. No en vano la Virgen se lamenta por las almas que se pierden: "¡Cuántas almas perdidas!", y esas almas son de cristianos: "¡Pobre Iglesia de mi Hijo!".
         Para reparar por tantos ultrajes y abandonos, y para apaciguar a la Justicia Divina que quiere hacerse paso, es que la Virgen pide oración, principalmente el Rosario, sacrificio y penitencia.
         

martes, 12 de julio de 2011

El significado de la rosa roja de María Rosa Mística


La rosa roja significa el espíritu de reparación y sacrificio. De esto surgen dos preguntas para el cristiano: ¿qué es lo que se debe reparar? Y la otra: ¿cómo hacer sacrificio? La respuesta la encontramos en la Pasión del Señor, descripta por la Venerable Luisa Piccarreta en “Las Horas de la Pasión”.

Para saber qué debemos reparar, aquí lo que nos dice Jesús a través de Luisa Piccarreta:

“Despreciado Jesús mío, el corazón se me hace pedazos al ver que mientras que los judíos se ocupan de ti para hacerte morir, Tú, concentrado en ti mismo, piensas en dar la vida por todos la Vida... Y poniendo yo atención en mis oídos, te oigo que dices:

"Padre Santo, mira a tu hijo vestido de loco... Esto te repare por la locura de tantas criaturas caídas en el pecado. Esta vestidura blanca sea en tu presencia como la disculpa por tantas almas que se visten con la lúgubre vestidura de la culpa... ¿Ves, oh Padre, el odio, el furor, la rabia que tienen contra Mí, que les hace perder casi la luz de la razón? ¿Ves la sed que tienen de mi sangre? Pues Yo quiero repararte por todos los odios, las venganzas, las iras, los homicidios, e impetrar para todos la luz de la razón. Mírame de nuevo, Padre mío. ¿Puede haber un insulto mayor? Me han pospuesto al gran malhechor... Y yo quiero repararte por las posposiciones que se hacen... ¡Ah, todo el mundo está lleno de estas posposiciones! Hay quien nos pospone a un vil interés; quien, a los honores; quien, a las vanidades; quien, a los placeres, a los apegos, a las dignidades, a comilonas y embriagueces y hasta al mismo pecado; y todas las criaturas por unanimidad e incluso hasta en la más pequeña cosa, nos posponen... Y Yo estoy dispuesto a aceptar ser pospuesto a Barrabás para reparar por las posposiciones que nos hacen las criaturas."

Jesús es pospuesto a Barrabás por el pueblo deicida: el Santo de los santos, el Dios Tres veces Santo, el Dios todo Amor, Pureza y Perfección, es pospuesto por un criminal, un asesino, un ladrón, que ni siquiera da signos de arrepentimiento. El Pueblo Elegido elige a un ídolo del mal, antes que al Dios de Bondad infinita.

Es la imagen de los católicos idólatras, que dejando a un lado al Dios de los sagrarios, a Jesús Sacramentado, se inclinan a los ídolos como el Gauchito Gil, San La muerte o la Difunta Correa, pero también representan a aquellos católicos, como lo dice el mismo Señor, que en vez de llenar sus corazones con el Amor de Dios, lo llenan con el odio, el rencor, la venganza; representa a quienes, en vez de llenar sus almas con la humildad de Cristo y de María, aprovechando la humillación o buscando la auto-humillación, se inflan con deseos de vanagloria, de honores mundanos, conseguidos al precio de sus almas; representan a los cristianos que, en vez de vivir en la sobriedad y en el decoro, tratando de imitar la pobreza evangélica de Jesucristo, se arrastran por los placeres y dignidades mundanas, y llenan sus vientres con comilonas y embriagueces.

El cristiano, viendo la ofensa y el ultraje inenarrable que recibe Jesús al ser pospuesto a un criminal, y al ver cómo la Eucaristía es pospuesta por los placeres y atractivos del mundo, y cómo la adoración eucarística es reemplazada por la adoración idolátrica a ídolos demoníacos, debe reparar por todo esto, por medio de la oración y de la adoración eucarística reparadora.

Luego a Jesús, habiendo sido condenado injustamente a ser flagelado, por el inicuo y cobarde juez Poncio Pilato, le son quitadas sus vestiduras:

“Despojado Jesús mío, permíteme que me desahogue, pues de lo contrario no podré continuar viéndote sufrir tanto... ¿Cómo? Tú, que vistes a todas las cosas creadas, al sol de la luz, al cielo de estrellas, a las plantas de hojas y de flores y a los pajarillos de plumas... Tú, ¿desnudo? ¡Qué osadía, qué atrevimiento!

Pero mi amantísimo Jesús, con la luz que irradia de sus ojos, me dice: "Calla, oh hija. Era necesario que Yo fuese desnudado para reparar por tantos que se despojan de todo pudor, de candor y de inocencia; que se desnudan de todo bien y virtud y de mi Gracia, y se visten de toda brutalidad, viviendo a la manera de las bestias. En mi virginal confusión quise reparar por tantas deshonestidades y lascivias y placeres bestiales... Pero sigue atenta a todo lo que hago, ora y repara conmigo y... cálmate".

Despojado Jesús, tu amor pasa de exceso en exceso. Veo que los verdugos toman los flagelos y te azotan sin piedad, tanto, que todo tu santísimo cuerpo queda lívido; y con tanta ferocidad y furor te golpean que están ya cansados, pero otros dos verdugos los sustituyen... toman otros flagelos y te azotan tanto que en seguida comienza a chorrear sangre de tu santísimo cuerpo a torrentes... y lo continúan golpeando todo, abriendo surcos... haciéndolo todo una llaga. Pero aún no les basta, otros dos continúan, y con nuevos flagelos más agudos y pesados prosiguen la dolorosa carnicería. A los primeros golpes esas carnes llagadas se desgarran y a pedazos caen por tierra; los huesos quedan al descubierto y la sangre chorrea y cae al suelo formando un verdadero lago en torno a la columna...”.

Hoy en día la inmoralidad es tomada como virtud y como un derecho humano, y de ese modo, se profanan una y mil veces los cuerpos de los hombres, llamados a ser “templos del Espíritu Santo”, según San Pablo. La crudelísima flagelación que sufre Jesús se debe a los innumerables pecados contra la carne que en todo el mundo y a toda hora se cometen. Todavía más, como si no fuera suficiente la ola nauseabunda que viene de los adultos, se quiere incorporar a esta náusea a la niñez, y para ello se les enseña, desde muy pequeños, que el cuerpo puede ser transformado las veces que se quiera, y puede ser profanado como se quiera y cuando se quiera.

Si el cuerpo es templo del Espíritu Santo, al profanar el cuerpo, se profana a la Persona del Espíritu Santo que ha tomado posesión de él desde el bautismo, y esta sacrílega profanación es la que Jesús repara con la flagelación. Al ser flagelado, Jesús repara por los pecados de lujuria y de lascivia, cometidos por quienes olvidan que sus cuerpos han sido consagrados

El cristiano debe estar muy atento a no sumarse a la multitud de aquellos que golpean sin saña a Nuestro Señor, aquellos que tomando a burla la condición de templo de Dios que ha adquirido el cuerpo por el bautismo, lo profanan una y mil veces, todos los días.

Para saber hasta dónde debe llegar nuestro sacrificio, el alma debe contemplar el estado en el que queda Jesús, como consecuencia de su sacrificio de amor: “Jesús, flagelado amor mío, mientras te encuentras bajo esta tempestad de golpes me abrazo a tus pies para poder tomar parte en tus penas y quedar toda cubierta con tu preciosísima Sangre. Y cada golpe que recibes es una nueva herida para mi corazón, y mucho más, pues poniendo atención en mis oídos, percibo tus ahogados gemidos, los cuales no se escuchan bien porque la tempestad de golpes ensordece el ambiente, y en esos gemidos oigo que dices: "Vosotros, todos los que me amáis, venid a aprender del heroísmo del verdadero amor; venid a saciar en mi sangre la sed de vuestras pasiones, la sed de tantas ambiciones, de tantos deseos de placeres... de tanta sensualidad. En esta sangre mía hallaréis el remedio para todos vuestros males."

Y con tus gemidos continúas: "Mírame, oh Padre, hecho todo una llaga bajo esta tempestad de golpes, pero no me basta, pues quiero formar en mi cuerpo tantas llagas que en el Cielo de mi Humanidad sean suficientes moradas para todas las almas, de modo que conforme en Mí mismo su salvación, para hacerlos pasar luego al Cielo de la Divinidad... Padre mío, cada golpe de flagelo repare ante ti, una por una, cada especie de pecado, y al golpearme a Mí, sean excusa para quienes los cometen... Que estos golpes golpeen los corazones de las criaturas y les hablen de mi amor por ellas, tanto que las forcen a rendirse a Mí".

Viendo el sacrificio de Jesús, el cristiano debe ofrecer él mismo sacrificios diarios: debe hacer mortificación, ayunos, penitencias, para reparar por todos los ultrajes que recibe Jesús en su Cuerpo y en su Presencia Eucarística.

sábado, 7 de mayo de 2011

Oremos con el icono de la Madre de Dios "Lamentación de la cruz"

El icono nos muestra
a la Virgen María
que se duele por la muerte
de su Hijo en la cruz.
En la Santa Misa
se renueva,
sacramentalmente,
el sacrificio
representado en el icono.

Éste es uno de los íconos más raros de la Madre de Dios Theotokos. Se desconoce su origen. Está compuesto por dos partes, una superior, y otra inferior. En la parte superior, se encuentra la Madre de Dios con sus brazos cruzados sobre Su pecho y con Su cabeza inclinada hacia el hombro izquierdo, en dirección a la cruz. Delante de sus ojos, se encuentra el Calvario, con una gran cruz en su vértice, y con la ciudad de Jerusalén hacia atrás. Desde el extremo superior de la cruz, se extiende una espada que apunta al Corazón de la Madre de Dios. Densas nubes negras ocupan el lugar del cielo.

Hacia abajo, hacia el pie de la cruz, está la tumba de Adán con su cráneo, simbolizando la tumba del primer hombre a los pies de la cruz y el sacrificio del Calvario como expiación del pecado original. Al costado y delante de la Virgen María, en el sector más pequeño del ícono, se encuentran los instrumentos de la Pasión, como signos del sacrificio de Cristo, realizado para redimir los pecados de la humanidad.

Podemos rezar con cada uno de los elementos del ícono.

La Virgen María se encuentra al lado de la cruz, porque Ella acompañó, misericordiosamente, a su Hijo Jesús, mientras Él agonizaba. La presencia de la Virgen al pie de la cruz indica, además de su misericordia, que Ella es Corredentora, junto a su Hijo Jesús: así como el dolor y el sacrificio de su Hijo redimieron a la humanidad, así también el dolor y el sacrificio de la Madre -ver agonizar y morir a su Hijo-, unidos al sacrificio de su Hijo, redimen a la Humanidad.

La espada, que desde la cruz se dirige al Corazón de la Madre, significa que la profecía de Simeón –“una espada de dolor te atravesará el corazón” (cfr. Lc 22, 33-35)-, se cumple en el Calvario, además de significar que la redención de la humanidad se realizó por medio del dolor de Jesús y de su Madre. La espada surge de la cruz porque el dolor del corazón de la Virgen, fuerte como si una espada atravesara el corazón, se debe a la muerte en la cruz del Hijo de su seno virginal, Jesús.

Sobre el extremo superior del ícono se ven, en el espacio que corresponde al cielo, unas densas nubes negras, representando a la oscuridad que se abatió sobre toda la tierra el Viernes Santo, en el momento de la muerte de Jesús: “Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona” (cfr. Lc 23, 44). A su vez, las tinieblas de las tres de la tarde, son un símbolo de las tinieblas espirituales en que se encontraban los hombres a causa del pecado original, tinieblas que condujeron a los hombres a crucificar al Hombre-Dios.

La ciudad de Jerusalén aparece hacia atrás para recordar que Aquel que fue crucificado como ladrón, es en realidad el Rey de Jerusalén. La ciudad aparece como expulsando a su propio Rey, mandándolo a morir fuera de sus muros.

Otro detalle del icono con el cual se puede rezar es el cráneo de Adán, que aparece al pie de la cruz de Jesús. Según la Tradición, Adán fue sepultado en el mismo lugar en donde luego fue clavada la cruz de Cristo, de modo que la sangre de Cristo, derramándose desde la cruz, y pasando por los vericuetos de la tierra y de la roca, fue a dar en el cráneo de Adán. Con esto se quiere significar que el pecado original, cometido por Adán y Eva, fue redimido por medio del sacrificio de la cruz.

Los instrumentos de la Pasión nos ayudan a recordar, por un lado, que Jesús, siendo Dios Verdadero, fue también Hombre Verdadero, con un cuerpo humano real, de carne y hueso, unido a la Persona divina del Hijo de Dios; por otro lado, los instrumentos de la Pasión nos recuerdan los inmensos dolores que padeció Jesús en la cruz por nosotros, lo cual nos llevar a meditar en su amor demostrado en el sacrificio de la cruz, ya que un don demuestra más el amor, cuando se ofrece con sacrificio, porque precisamente es costoso. El don de Cristo en la cruz, que es el don de su vida, le cuesta muchísimo, porque es nada más y nada menos que su propia vida, y este don lo ofrenda por medio de un sacrificio libre y voluntario, es decir, movido por el amor, y no por la necesidad o la obligación. Esto nos hace ver que su amor por nosotros es infinito y eterno, como infinita y eterna es su Vida donada en el sacrificio del altar.

Por último, la oración con el ícono “Lamentación de la Cruz”, debe conducirnos a la realidad de la Santa Misa, porque en la Santa Misa se renueva, sacramentalmente, el sacrificio en cruz representado en la imagen.