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jueves, 9 de julio de 2020

El sentido del uso del Escapulario de Nuestra Señora del Carmen



         El Escapulario del Carmen está indisolublemente unido a la verdad sobrenatural de la existencia del Infierno: en otras palabras, no se puede hablar del Escapulario del Carmen sin hablar de la realidad y de la existencia del Infierno. Éste último es el lugar creado por la Santísima Trinidad, en un primer momento, para los ángeles rebeldes, es decir, para los ángeles que voluntariamente se negaron a amar, adorar y servir a Dios Uno y Trino; pero también es el lugar creado, en un segundo momento, para una segunda clase de habitantes del Infierno: los hombres que, convirtiéndose en malvados por propia decisión e imitando al Ángel caído, se rehúsan a amar, adorar y servir a Dios Trinidad. Entonces, el Infierno es el lugar, como el mismo Señor Jesucristo lo revela, reservado para el Ángel caído y para todos los ángeles rebeldes, pero también es el lugar para los hombres que, en esta vida y en la otra, no quieren saber nada de tener amor de amistad y de filiación con Dios. El Escapulario de la Virgen del Carmen está estrecha e indisolublemente unido a la existencia del Infierno, porque la promesa principal relacionada con el Escapulario es que el alma que lo lleve –de forma devota y con amor a Dios-, no caerá en el lago del fuego eterno, el Infierno. Quien porta el Escapulario de la Virgen del Carmen debe llevar grabada a fuego, en su mente y en su corazón, las palabras de la Virgen a San Simón Stock: “Quien muera utilizando el Escapulario, no sufrirá el fuego eterno del Infierno”. Entonces, esta es la razón principal por la que usamos el Escapulario, aquellos que somos devotos de Nuestra Señora del Carmen: que cuando finalice nuestro tránsito por esta vida terrena, no seamos eternamente condenados en el Infierno.
         Ahora bien, hay también otras razones por las cuales utilizamos el Escapulario, que van más allá de no querer caer en el Infierno al finalizar nuestra vida terrena. Estas razones son, por ejemplo, el hecho de que el Escapulario es un símbolo de nuestra condición de ser hijos de la Virgen María, ya que quien usa el Escapulario, se compromete a vivir en estado de gracia y el estado de gracia es el estado de hijos adoptivos de Dios y de la Virgen, quien nos adoptó como hijos al pie de la Cruz, en el Monte Calvario.
         Otra razón por la que usamos el Escapulario es que, si por la gracia de Dios y el Escapulario, escapamos del Infierno, pero aun no estamos preparados para el Cielo, iremos al Purgatorio y allí la Virgen nos irá a sacar al próximo sábado siguiente al de nuestra muerte terrena, por lo que el devoto de la Virgen del Carmen no pasará en el Purgatorio más de siete días, como máximo.
         Otra razón por la que usamos el Escapulario es que, al ser hijos de la Virgen –el Escapulario es un signo y recuerdo de nuestra condición de hijos de María-, nos comprometemos a imitarla en sus virtudes, principalmente la pureza de cuerpo y alma, la humildad y el amor a su Hijo Jesucristo, Nuestro Dios.
         Por todas estas razones y no sólo por no caer en el Infierno, es que los devotos de Nuestra Señora del Carmen usamos su Santo Escapulario.

miércoles, 16 de julio de 2014

Cuál es el precio del Escapulario de Nuestra Señora del Carmen


         El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen es un sacramental, entregado por la Madre de Dios en persona a la Iglesia, a través de San Simón Stock. El Escapulario constituye un regalo celestial de valor inestimable, y puede decirse que no hay nada en este mundo que tenga más valor que el Escapulario de la Virgen del Carmen. Quien recibe la gracia de desear usar el Escapulario, debe considerarse el más afortunado de los hombres, debido a la inmensidad del tesoro de gracia que el uso del Escapulario concede a quien lo lleva con fe, con piedad y con amor a Dios Uno y Trino.
Al entregárselo en una aparición, la Virgen le hizo la promesa a San Simón Stock, de que todo aquel que muriera con el escapulario puesto, no sufriría la condenación eterna en el Infierno, y si debiera sufrir el Purgatorio, sería la Virgen en persona quien iría a buscarlo el sábado siguiente al día de su muerte, para llevarlo al Cielo, y todo esto, gracias a la Sangre derramada en la cruz por su Hijo Jesús. El Escapulario de la Virgen del Carmen, por lo tanto, lejos de ser una costumbre piadosa pasada de moda, constituye, de parte del cielo, un regalo de inestimable valor para el alma que quiere salvarse, porque por su intermedio, el alma se predispone para recibir, en el momento de la muerte, la gracia necesaria para su eterna salvación; es decir, al usar el Escapulario de la Virgen del Carmen, el alma se predispone para recibir los frutos de gracia obtenidos por el sacrificio redentor del Hombre-Dios en la cruz. Por el Escapulario, el alma recibe, a siglos de distancia, la salvación eterna obtenida al altísimo precio de la Sangre de Jesucristo derramada en el Calvario, Sangre que la limpia de sus pecados, la protege del Enemigo de las almas, el Príncipe de las tinieblas, y le impide su caída en el Abismo eterno, pero esto, siempre y cuando el alma se comprometa a vivir en gracia y a rechazar aquello que la aparta de Dios, el pecado, es decir, el mal, en todas sus formas y grados, lo cual implica la disposición interior a perder la vida terrena antes de cometer un pecado mortal o venial deliberado, lo cual, por otra parte, es lo que pide el penitente en la confesión sacramental: “…antes querría haber muerto, que haberos ofendido”.

Solo en este caso, el Escapulario de la Virgen del Carmen alcanza su eficacia, porque solo así el alma demuestra que está dispuesta a responder con amor aquello que el cielo le regala con Amor, al precio de la Sangre del Cordero, y esto es la gracia que la predispone a la salvación, por medio del Escapulario de la Virgen del Carmen. Solo quien está dispuesto a perder la vida terrena, literalmente hablando, antes de cometer un pecado mortal o venial deliberado, está en condiciones de usar el Escapulario de la Virgen del Carmen, porque ése es el que ha comprendido cuánto le ha costado al Hombre-Dios el regalo del Escapulario: le ha costado nada menos que su propia vida y su propia Sangre, derramada hasta la última gota en la cruz, derramada hasta la última gota en la renovación incruenta del Santo Sacrificio del Calvario, la Santa Misa, y recogida en el cáliz del altar eucarístico.