Mostrando entradas con la etiqueta Nuestra Señora del Pilar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nuestra Señora del Pilar. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de octubre de 2023

Nuestra Señora del Pilar


 


Nuestra Señora del Pilar

Según unos documentos del siglo XIII conservados en la Catedral de Zaragoza, la historia de la Virgen del Pilar se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio[1]. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España, en donde predominaba la siniestra oscuridad del paganismo, al no haber aún recibido la luz eterna del Evangelio. Según estos documentos, se dice textualmente que Santiago, “pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso”.

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban “Ave, María, gratia plena” y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal -aún no había sido Asunta en cuerpo y alma al cielo-, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que “permanecería este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.

Dicho esto, la Virgen fue llevada nuevamente por los ángeles, quedando allí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de “Santa María del Pilar”, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza. El más antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago -aunque en realidad fue una “traslación”, propiamente hablando, y no una “aparición”-. Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, “donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente”, cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen. La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como “una antigua y piadosa creencia”.

Numerosos milagros de la Virgen del Pilar.

En 1438 se escribió un “Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar”, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el católico dijo: “Creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santísima y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros”. Entre estos grandes milagros, se encuentra por ejemplo el que se conoce como “Gran milagro del Cojo de Calanda” (1640), un hombre a quien le amputaron una pierna: un día, años más tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio. Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro. El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico, se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal.

Podemos decir que hay tres rasgos que caracterizan a la Virgen del Pilar: 1-Como ya dijimos, se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal, por lo que podemos llamarla “traslación” y no propiamente “aparición” ya que se produce cuando la Madre de Dios todavía vivía en Palestina, antes de su gloriosa Asunción. Por esta razón, la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen, canta así: “Con ninguna nación hizo cosa semejante”.

2- Otro rasgo propio de la Virgen del Pilar es que la Columna o Pilar que la misma Señora sirvió como “piedra basal” no tanto desde el punto de vista material, sino ante todo espiritual, para que sobre él se construyera la primera capilla, la cual sería a la postre el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.

3- La estrecha vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española y esta espiritualidad católica es la que llevó a España a realizar la más grande gesta de toda la historia de la humanidad, sin que haya ninguna nación que la iguale y es la Conquista y Evangelización de América, implantando la Santa Cruz de Jesús en América y conduciendo las almas de quienes vivimos en este continente, a Nuestro Señor Jesucristo, por manos de la Virgen.

Simbolismo del pilar. El pilar o columna da la idea de la solidez del edificio-iglesia, a la que se suma la firmeza de la columna-confianza en la protección de María, es decir, es un doble símbolo de fortaleza y solidez, tanto en el plano material, como en el espiritual: el Pilar es una garantía de la firmeza, la pureza y la solidez de la Santa Fe Católica, siendo España el Faro del mundo, que ilumina con la luz de Cristo al mundo en tinieblas; la Santa Fe Católica, traída a nuestro continente por España, no será nunca alterada o contaminada con errores, herejías o paganismo. La columna es también símbolo del conducto que une el cielo y la tierra, es “manifestación de la potencia de Dios en el hombre y la potencia del hombre bajo la influencia de Dios”. La columna es también soporte de lo sagrado, pues sobre la columna se encuentra la Madre de Dios, la Virgen María, quien es la Puerta del cielo, la Escala de Jacob, la “Mujer revestida de sol”, esto es, de la gloria de Dios, es el Portal por el cual ingresa la Eternidad Increada, Cristo Jesús, en nuestra historia y en nuestro tiempo, para conducirnos a la feliz eternidad del Reino de los cielos; la Virgen y Madre de Dios es la elegida por la Trinidad para venir a nuestro mundo y a nuestra historia en la Persona Segunda de la Trinidad, el Verbo de Dios, que en la Virgen se hace hombre, sin dejar de ser Dios, continuando su Encarnación en la Sagrada Eucaristía. Así como la columna une el cielo y la tierra, así en la Virgen y Madre de Dios se unen el Rey del cielo, el Verbo de Dios, y la Humanidad Santísima de Jesús de Nazareth.

Las columnas garantizan también la solidez del edificio, sea arquitectónico o espiritual, de manera que quebrantarlas es amenazar el edificio entero, aunque este Pilar jamás será destruido, ni por el hombre, ni por el Ángel caído. La columna es la primera piedra del templo, que se desarrolla a su alrededor; es el eje de la construcción que liga entre si los diferentes niveles. Así María es también la primera piedra viviente de la Iglesia, el templo o Cuerpo Místico de Dios; en torno a ella, lo mismo que los apóstoles reunidos el día de Pentecostés, va creciendo el pueblo de Dios; la fe y la esperanza de la Virgen alientan a los cristianos en su esfuerzo por edificar el reino de Dios. En Éxodo 13, 21-22, una columna de fuego acompañaba por la noche al pueblo de Israel peregrino en el desierto, dirigiendo su itinerario y eso es símbolo de la Virgen que, en la noche oscura de la historia y del mundo, guía al Pueblo de Dios hacia la Jerusalén celestial, alimentándolo en su peregrinar por el desierto del mundo con el Verdadero Maná bajado del Cielo, la Sagrada Eucaristía.

Liturgia Eucarística del Pilar. Los textos utilizados son: en la primera lectura, 1 Crónicas 15, donde se recuerda a la Virgen simbolizada por el arca de la alianza, la presencia de Dios en medio de su pueblo, a través de María, lo cual es gozo para la Iglesia. La segunda lectura (He 1, 12-14) y el evangelio (Lc 11, 272-28) nos hablan también de la presencia de la Virgen en la iglesia y de las alabanzas que el pueblo le tributa. El prefacio celebra las maravillas que Dios ha realizado en María, “esperanza de los fieles y gozo de todo nuestro pueblo”. Durante la oración colecta se pide por intercesión de la Virgen, “fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor”, así como en la oración de las ofrendas, donde se muestra el deseo de “permanecer firmes en la fe”. Antífona de entrada: se piensa en la Virgen como “la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto”, y en el salmo responsorial se recuerda “el Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado”. En el aleluya: “Afianzó mis pies sobre la roca y me puso en la boca un cántico nuevo”. Domina en la liturgia la idea de la presencia de María en la Iglesia y de la firmeza que su intercesión y su devoción procura al pueblo de Dios.

Finalmente, un asombroso hecho que no es casualidad, pues todo está guiado por la Trinidad: el día 12 de octubre de 1492, precisamente cuando las tres carabelas de Cristóbal Colon -Santa María, La Niña y La Pinta- avistaban las desconocidas tierras de América, al otro lado del Atlántico, los devotos de la Virgen del Pilar cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza, pues ese mismo día, conocido hoy como el Día de la Raza, era ya el día de la Virgen del Pilar. Así la Virgen celebraba, con la liturgia celestial, la más grande empresa realizada por nación alguna en la historia, la Conquista y Evangelización de América por parte de España, fiel y dócil instrumento de los designios de la Trinidad, guiada por la Virgen María, de ahí nuestra eterna gratitud a nuestra amada Madre Patria España.

Finalizamos con una oración a Nuestra Señora del Pilar: “¡Oh, Virgen del Pilar, Reina y Madre! España y todas las naciones hispanas -entre ellas, Argentina- reconocen con gratitud tu protección constante y esperan seguir contando con ella. Obténnos de tu Hijo fortaleza en la Fe, seguridad en la Esperanza y constancia en la Caridad. Queremos que en todos los instantes de nuestra vida sintamos que Tú eres nuestra Madre. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén”.

 

domingo, 11 de octubre de 2020

Nuestra Señora del Pilar y la gloriosa Conquista y Evangelización de América por España

 


          ¿Cuál es el origen de la devoción de la Virgen como “Nuestra Señora del Pilar”? El origen es el siguiente: según documentos del siglo XIII, el Apóstol Santiago, El Mayor, hermano de San Juan, viajó a España a predicar el evangelio (año 40 d.C.), y estando allí, una noche la Virgen María se le apareció en un pilar[1], sostenida y rodeada de ángeles y con una estatuilla de madera en las manos. Es decir, no se trató de una aparición, puesto que la Virgen aún no había sido asunta al Cielo en cuerpo y alma y todavía vivía en Jerusalén. Por lo tanto, se trató o de una traslación, o de una bi-locación de la Virgen.

          Sea una cosa o la otra, lo cierto es lo que nos cuenta la Tradición: que Santiago había llegado a Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, y una noche, estando en profunda oración junto a sus discípulos a orillas del río Ebro, la Santísima Virgen María se manifestó sobre un pilar, acompañada por un coro de ángeles.

Fue entonces cuando la Virgen le habló al Apóstol pidiéndole que se le edificase ahí una iglesia con el altar en derredor al pilar y expresó: “Este sitio permanecerá hasta el fin del mundo para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que imploren mi ayuda”. También se cree que la Virgen le dio al Apóstol una pequeña estatua de madera.

El lugar, ha sobrevivido a invasiones de diferentes pueblos y a la Guerra Civil española de 1936-1939, cuando tres bombas cayeron sobre el templo y no estallaron. Luego de la aparición, Santiago junto a sus discípulos comenzaron a construir una capilla en donde se encontraba la columna, dándole el nombre de “Santa María del Pilar”. Este fue el primer templo del mundo dedicado a la Virgen. Después de predicar en España, Santiago regresó a Jerusalén. Fue ejecutado por Herodes Agripas alrededor del año 44 d.C. siendo el primer apóstol mártir, luego de lo cual, sus discípulos tomaron su cuerpo y lo llevaron a España para su entierro. Siglos después el lugar fue encontrado y llamado Compostela (campo estrellado). A su vez, el primer santuario sobre la tumba de Santiago lo ordenaron construir el rey Alfonso II, El Casto de Asturias,  y el obispo Teodomiro en el siglo IX. Hoy se encuentra una magnífica catedral en sitio.

          Esto es en lo que se refiere al origen histórica de la devoción de Nuestra Señora del Pilar, pero además de la historia, la devoción tiene un significado sobrenatural y místico que no puede dejarse de lado, so pena de olvidar la esencia de la devoción.

          Gracias a esta traslación o bilocación de la Virgen, por medio de la cual entregó el pilar y la imagen de la Virgen al Apóstol Santiago, es que la nación ibérica, que luego sería España, se convirtió al catolicismo y gracias a que se convirtió al catolicismo, es que España, con los años, luego de vencer a los judíos y a los musulmanes, emprendió la más grande empresa jamás realizada por una nación en la tierra y es la Conquista y Evangelización de América. Gracias a esta empresa colosal y sobrehumana -si España no hubiera sido asistida por el Cielo no podría haber llevado a cabo la fabulosa obra de Conquista y Evangelización de América-, es que los pueblos indígenas que habitaban en América, no solo se vieron libres de la esclavitud humana y demoníaca a la que estaban sometidos -por ejemplo, los aztecas y los mayas hacían permanentes guerras para luego practicar el canibalismo y el sacrificio ritual humano a los dioses paganos, que en realidad eran demonios-, sino que recibieron un don inimaginable, el don de la fe católica, el don de la fe en el Hombre-Dios Jesucristo, Redentor de la humanidad y en su Madre, la Virgen, como en su Iglesia, la Iglesia Católica.

          Por todo esto, debemos dar gracias al Cielo, por el don de la devoción a Nuestra Señora del Pilar y por el don de la Conquista y Evangelización de América por parte de España, gracias a la cual millones de seres humanos se convirtieron no solo en parte del Imperio Español, sino ante todo en hijos adoptivos de Dios y herederos del Cielo. Y la mejor acción de gracias es la Santa Misa, renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio de la Cruz, sacrificio por el cual fuimos liberados de nuestros tres grandes enemigos: el Demonio, la Muerte y el Pecado. Por habernos traídos la fe católica, sea por siempre bendita la Madre de Dios, Nuestra Señora del Pilar y sea bendita por siempre nuestra Madre Patria, España.

viernes, 12 de octubre de 2018

Nuestra Señora del Pilar y la perseverancia en la fe católica hasta el fin de los tiempos



En una fiesta mariana tan trascendente como la de Nuestra Señora del Pilar, es necesario reflexionar acerca de dos preguntas: ¿cuál es el origen de la devoción del Pilar? ¿Cuál es el fin de la devoción a Nuestra Señora del Pilar?
Con relación al origen, hay que decir que su origen es sobrenatural, celestial, suprahumano y fue así: estando el Apóstol Santiago misionando en Hispania, llegado cierto momento y frente a la dureza de corazón de los nativos del lugar, sufrió un momentáneo desaliento, por lo que clamó al cielo por consuelo. En ese mismo instante y como demostrando la Virgen que es una Madre que está pronta al llamado de sus hijos predilectos, se apareció en el lugar en donde estaba el Apóstol, transportada por una legión de ángeles; en tanto, otro grupo de ángeles, llevaba el Pilar. Hay que acotar que no se trata de una aparición de la Virgen, sino de una traslación o una bilocación, pues la Virgen, en el momento en que sucedieron estos hechos en torno al Pilar, todavía no había sido Asunta en cuerpo y alma a los cielos, sino que vivía todavía en Jerusalén[1]. Con su visita, la Virgen no solo dio su consuelo maternal al Apóstol Santiago, sino que extendió ese consuelo a todos sus hijos, de todos los tiempos, que de ahora en adelante habrían de honrarla a Ella y adorar a su Hijo en el Pilar, con una fe tan robusta como el mismo Pilar. En efecto, el Pilar –de mármol y de origen celestial- simboliza la fe del católico, fe que es infundida en el Bautismo sacramental y que cada católico debe encargarse de conservarla y acrecentarla y que, por la gracia de Dios, se vuelve tan robusta y fuerte como el Pilar.
Con relación al fin de la devoción, hay que buscarlo en la promesa de la Virgen al Apóstol Santiago, al hacerle entrega del Pilar: la Virgen le prometió al Apóstol Santiago que en España no se perdería la fe católica y que esta fe católica se conservaría aun en los últimos tiempos, antes del Juicio Final, tiempos en los que se caracterizarían precisamente por un enfriamiento general de la fe y de la caridad, manifestadas por la apostasía masiva y la malicia, que campeará libre por el mundo. La promesa del Pilar implica entonces que España habrá de conservar la Santa Fe Católica, la Fe según la cual los católicos creemos que la Segunda Persona de la Trinidad, Dios Hijo, encarnándose en el seno de la Virgen Madre, asumió en su Persona divina, hipostáticamente, a la naturaleza humana, para nacer virginalmente del seno de María Purísima como el Niño Dios, a fin de ofrecerse en el Santo Sacrificio de la Cruz, perpetuado en la Santa Misa, para la salvación de los hombres. Ahora bien, puesto que los países de Hispanoamérica somos hijos de España y nos encontramos bajo la protección maternal de Nuestra Señora del Pilar[2], podemos considerarnos parte integrante de España, ya que España es nuestra Madre Patria, con lo cual, la promesa de que la fe se mantendría hasta el fin de los tiempos en España, se haría extensiva a Hispanoamérica toda.
El continente americano fue descubierto por los españoles el 12 de octubre de 1492, el mismo día en que en España se celebraba la fiesta de Nuestra Señora del Pilar[3], constituyendo el inicio de la más grandiosa empresa jamás realizada por nación alguna sobre la tierra, la conquista y evangelización de todo un continente para el Rey de reyes y Señor de señores, Cristo Jesús. La llegada de los españoles al continente americano, en el mismo día en que se conmemoraba a Nuestra Señora del Pilar, es un consuelo para los católicos, así como fue un consuelo la aparición de la Virgen al Apóstol Santiago, porque significa que la conquista y evangelización del continente americano no fue obra de hombres, sino que la mismísima Trinidad y la Virgen Santísima estuvieron al mando de las naves que llegaron a esta tierra trayendo la Santa Cruz de Jesucristo. Y constituye el Pilar un consuelo para los católicos del siglo XXI, siglo caracterizado por el resurgimiento, como antes nunca, del paganismo pre-hispánico, manifestado en el incremento exponencial de devociones demoníacas como la Santa Muerte, además de la difusión de la religión del Anticristo, la Nueva Era, por todo el continente americano, religión cuyo componente esencial es el ocultismo, el satanismo, la wicca o brujería moderna, la brujería antigua y todo tipo de artes oscuras, puesto que el fin declarado de la Nueva Era es la consagración luciferina de la humanidad al Ángel caído. A esto se le agrega el surgimiento del comunismo, como religión atea y satanista disfrazada de ideología política, que domina por la fuerza, el hambre y la muerte a pueblos enteros, con una fuerza también renovada y pocas veces vista en la historia. Por todo esto, si el desconsuelo quiere ganarnos la partida, ante la vista de la devastación moral, espiritual, religiosa y social que amenaza a Hispanoamérica, los hijos de España consideramos las palabras de la Santísima Virgen dichas a Santiago Apóstol, como dichas a nosotros mismos, en nuestro aquí y ahora: “La Santa Fe Católica no se perderá, ni en España ni en Hispanoamérica y perdurará en los corazones de los que aman a Dios en espíritu y en verdad, hasta el fin de los tiempos”.



[2] “Fue en el siglo XVIII cuando se nombró a la Virgen del Pilar como patrona de todos los pueblos Hispanoamericanos”; cfr. https://www.aciprensa.com/noticias/conoces-el-origen-de-la-virgen-del-pilar-53685
[3] Cfr. Autor Anónimo, Elogio de la Virgen del Pilar; cfr. Oficio de Lectura de la Fiesta de la Virgen del Pilar, Segunda lectura.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Nuestra Señora del Pilar


Historia de la Virgen del Pilar.
         Según una muy antigua y venerada tradición –que se remonta al año 40, en la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo-, la Madre de Dios, María Santísima, quien aún no había sido glorificada en cuerpo y alma a los cielos –es decir, todavía vivía en cuerpo mortal-, se manifestó al Apóstol Santiago, el cual se encontraba predicando junto al río Ebro en Zaragoza. Es decir, no se trataría propiamente de una aparición, sino de una traslación de la Virgen (dicho sea de paso, fue trasladada por los ángeles, puesto que Ella es Reina de los ángeles; mientras un grupo la trasladaba a Ella, otro grupo de ángeles trasladaba el Pilar).
Sucedió que el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España quien, no habiendo recibido aún el Evangelio, se encontraba bajo la sombra siniestra del paganismo (sería el equivalente, en nuestros días, a la idolatría del dinero, del materialismo, del hedonismo, y también a la idolatría de los falsos ídolos de la Nueva Era, como la wicca, el esoterismo, la magia, la brujería). Los documentos dicen textualmente que Santiago, “pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso”[1].
En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”[2]. La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, rodeada de ángeles, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.
Luego, la Virgen desapareció y el pilar –traído por la misma Virgen- quedó ahí. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, ayudados por los conversos –recordemos que los lugares en donde se manifiesta la Virgen las conversiones florecen como hongos después de la lluvia-, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de “Santa María del Pilar”, antes de regresarse a Judea. Así, este fue el primer templo mariano del mundo, es decir, fue la primera iglesia dedicada en todo el mundo, en honor a la Virgen Santísima.
Desde que la Madre de Dios concedió a España esta gracia sin par de manifestarse mientras aún vivía en la tierra, es decir, apareciéndose en carne mortal, y de conceder el Pilar como símbolo de la fe en su Hijo Jesús, la Virgen misma ha respaldado la veracidad de esta manifestación concediendo innumerables, gracias, milagros y portentos, al noble pueblo español y a todos aquellos a quienes se confiaran en Ella.
Simbolismo del pilar.
         Puesto que fue la Virgen en persona quien trajo el pilar, es necesario reflexionar acerca de su significado, para poder apreciar en su totalidad la riqueza de este don celestial. Por eso nos preguntamos: ¿qué significa el pilar? Para comprenderlo, debemos considerar qué significa el pilar por sí mismo en un edificio. Por sí mismo, un pilar es sinónimo de firmeza y solidez; en el caso del Pilar traído por la Virgen, simboliza la firmeza y solidez de la fe en Jesucristo y en la protección de Ella como Madre de los hijos de Dios. En una construcción arquitectónica, las columnas garantizan la solidez del edificio: quebrantarlas es equivalente a amenazar el edificio entero, puesto que sin columnas o con columnas debilitadas, el edificio colapsa en breves instantes. Así, el Pilar, símbolo de la fe en Jesucristo y en la intercesión de María, la Madre de Dios, apuntala el edificio espiritual que es el alma del cristiano, permitiéndole mantenerse firme en medio de las tribulaciones y persecuciones entre los que se desarrolla la vida de la Iglesia en este mundo, así como un edificio se mantiene firme, aún en medio de terremotos, tempestades, vientos y huracanes, cuando las columnas o pilares son firmes.
Otra consideración que podemos hacer es que la columna es la primera piedra del templo, que se desarrolla a su alrededor; es el eje de la construcción que liga entre si los diferentes niveles[3]: de la misma manera, María es también la primera piedra de la Iglesia, el templo de Dios; en torno a ella, lo mismo que los apóstoles reunidos el día de pentecostés, va creciendo el pueblo de Dios; la fe y la esperanza de la Virgen alientan a los cristianos en su esfuerzo por edificar el reino de Dios. Pero también es la primera piedra en ese edificio espiritual que es el alma, que por el bautismo, se convierte en “templo de Dios”. Por la Virgen, el templo de Dios, que es el cuerpo y el alma del cristiano, se mantiene firme y sólido en la fe en Jesucristo, el Hombre-Dios, siendo la Virgen su pilar o columna, desde el momento en que por Ella viene a nosotros Aquél que es el objeto de nuestra fe y amor, su Hijo Jesús.
Otro significado simbólico del pilar lo podemos encontrar en la Sagrada Escritura, en Éxodo 13, 21-22, pasaje en el que se narra cómo una “columna de fuego” acompañaba y guiaba por la noche al pueblo de Israel peregrino en el desierto, dirigiendo su itinerario hacia la Ciudad Santa, la Jerusalén celestial: la columna de fuego es símbolo de la Virgen, inhabitada por el Espíritu Santo, Fuego de Amor de Divino; la Virgen, Llena del Fuego del Amor de Dios, Fuego que ilumina y proporciona calor, guía al Nuevo Pueblo de Dios, los bautizados en la Iglesia Católica, en su peregrinar hacia la Jerusalén celestial por el desierto del tiempo y la historia humana, que al igual que el desierto, que por la noche es frío y oscuro, así también la historia del hombre, luego del pecado original, es fría y oscura. La Virgen del Pilar, entonces, que al igual que la columna de fuego iluminaba al Pueblo de Dios y le daba calor, así la Virgen guía al Pueblo de Dios, iluminándolo con la luz de la fe en Cristo Jesús y proporcionándole el calor del Amor de Dios, en su peregrinar, por el desierto de la vida, hacia la Jerusalén del cielo. En la Virgen del Pilar el Pueblo de Dios ve la Presencia misma de Dios, quien con su luz ilumina y da vida al hombre, protegiéndolo del frío glacial que se abate en el alma sin Dios y librándolo de las bestias que lo acechan en el desierto del tiempo y la historia, los ángeles caídos. Quien tiene la fe firme y sólida como el Pilar, no necesita de falsos ídolos, y frente a las tribulaciones de la vida presente y a las acechanzas de los demonios, permanecerá siempre sereno y alegre, confiado en Cristo Dios y en María Virgen.
Por último, la columna es también símbolo tanto del conducto que une el cielo y la tierra, y la tierra con el cielo, siendo así quien facilita la “manifestación de la potencia de la gracia de Dios en el hombre y la potencia del hombre transformado por esta gracia de Dios”, como también así es soporte de los sagrado que desciende a los hombres –el Verbo de Dios Encarnado viene por María-, como también soporte de la vida cotidiana elevada a Dios –la vida del hombre transformada por la gracia, se eleva de la tierra al cielo-. Por María, la mujer escogida por Dios para venir a nuestro mundo y por esto  llamada también “Puerta del cielo” y “Escala de Jacob”, la tierra y el cielo se unen en Jesucristo: el Hijo de Dios, bajando del cielo, se une a nuestra humanidad, que está en la tierra, en el seno virgen de María.
Al honrar y venerar a la Virgen del Pilar en su día, le imploramos que, así como fue Ella quien implantó el Pilar, símbolo de la firmeza de la fe, sea Ella la que implante en nuestros corazones el pilar de la Santa Fe en su Hijo Jesucristo, Dios Hijo encarnado, muerto y resucitado, que prolonga su encarnación en la Eucaristía y que se nos dona, con su Cuerpo glorioso y resucitado, como Pan de Vida eterna.

martes, 13 de octubre de 2015

Nuestra Señora del Pilar y la Conquista y Evangelización de América para Cristo


         Hoy, cuando arrecian los ataques contra Jesucristo, contra su Iglesia y contra la Santa Cruz; hoy, cuando se escuchan los más feroces insultos contra la gesta de España en América, su Conquista y Evangelización; hoy, cuando se alzan voces que claman por una incomprensible e injustificada venganza contra España y la Iglesia, hoy, más que nunca, elevamos en lo alto el victorioso y ensangrentado estandarte de la Santa Cruz, el estandarte en el cual triunfó para siempre el Cordero de los cielos, Cristo Jesús, el estandarte que enarbolaron los españoles al llegar a estas tierras.   
Hoy, más que nunca, damos gracias a Dios Trino por haber enviado a María Santísima, antes de su Asunción y transportada por ángeles a Zaragoza para consolar al Apóstol Santiago, dejándole el Pilar, como símbolo de la fe de España y por lo tanto, símbolo también de la fe inquebrantable de la España de Ultramar, la América Hispana -nosotros, los hispanoamericanos- y porque Santiago, así confortado por Nuestra Señora del Pilar, evangelizó España y España nos evangelizó a nosotros.
Hoy, más que nunca, nos postramos en adoración, ante el sagrario y el altar eucarístico, dando gracias a Dios Trino por la empresa heroica de España, por sus misioneros, por sus conquistadores, por sus santos y héroes, porque trajeron de España a este suelo americano su lengua, su cultura, su sangre, su vida, pero sobre todo, nos trajeron la Santa Fe Católica, la Fe en Jesucristo, el Hombre-Dios, nacido de María la Virgen por obra del Espíritu Santo, que murió en la cruz por nuestra salvación y que resucitó, que reina glorioso en la Eucaristía y que vendrá al fin de los tiempos, como Justo Juez, para juzgar a vivos y muertos.
Hoy, más que nunca, damos gracias a la Trinidad por los grandes santos españoles, los conocidos y los anónimos, entre ellos, muchos de los que vinieron a estas tierras en frágiles embarcaciones de madera, trayendo la Santa Fe de Nuestro Señor Jesucristo, realizando así la más grandiosa gesta conocida por nación alguna en la tierra, la Conquista y Evangelización del Continente Americano, hazaña mediante la cual conquistaron almas para Cristo y su Reino.
Hoy, más que nunca, damos gracias a Dios Trino, porque por la gesta evangelizadora de España, hablamos el idioma más hermoso del mundo y profesamos la fe más hermosa del mundo, la fe católica: gracias a España, hablamos en español y rezamos a Jesucristo, el Hombre-Dios.
Hoy, más que nunca, nos declaramos orgullosos y agradecidos hijos de nuestra Madre Patria España y de nuestra Madre, la Iglesia Católica.

Hoy, más que nunca, nos declaramos orgullosos y agradecidos de ser hispanos y católicos.

jueves, 11 de octubre de 2012

Nuestra Señora del Pilar y la fe en Jesús



         La Virgen María, antes de ser Asunta a los cielos, fue trasladada por los ángeles hasta Zaragoza, España, hacia el lugar en donde se encontraba predicando el Apóstol Santiago, como respuesta a su súplica y para darle ánimo, ya que el Apóstol se encontraba abatido debido a la dureza de corazón de los habitantes del lugar. Luego de dejarle el pilar, la Virgen María le pidió a Santiago que se edificara en ese lugar una capilla, en donde su Hijo Jesús “fuera adorado por todos los siglos”, diciéndole además que le prometía “milagros admirables sobre todos los que imploren, en sus necesidades, mi auxilio. Este pilar quedará aquí hasta el fin de los tiempos, para que nunca le falten adoradores a Jesucristo”.
         Se trató por lo tanto de una traslación, y no de una aparición propiamente dicha, y el objetivo de la Virgen fue, además de alentar a Santiago, para que no decaiga en la misión de evangelizar a los pueblos paganos, dejarle el pilar, como símbolo de la fe en Jesucristo, que no habría de ceder hasta el fin de los tiempos.
Es decir, la Virgen no solo da consuelo maternal a Santiago, confortándolo con su presencia, sino que le garantiza que si de momento las oscuras fuerzas del paganismo parecían triunfar, ese triunfo sería solo momentáneo, puesto que la fe en Cristo Jesús haría desaparecer el paganismo en esos lugares, hasta el fin de los tiempos. No solo asegura la desaparición del paganismo, sino que anticipa que la fe en Jesús brillará desde ese momento, hasta el final.
Hoy, en nuestros días, vivimos un neo-paganismo incomparablemente más peligroso que en los tiempos del Apóstol Santiago, desde el momento en que la secta de la Nueva Era o Conspiración de Acuario no solo ha logrado desplazar a Dios de la mente y de los corazones de los hombres, sino que ha conseguido instalar al mal en lugar del bien, en prácticamente todas las manifestaciones culturales del hombre.
Pero si es cierto que los tiempos son todavía más oscuros que los del Apóstol Santiago, es cierto también que somos destinatarios de las promesas de la Virgen: quien acuda a Ella en busca de auxilio, recibirá gracias admirables, la primera de todas, la perseverancia final por medio de la fe, firme e inamovible como el pilar, en Jesús, el Hombre-Dios.