En las Apariciones de Nuestra Señora del Rosario de
San Nicolás, la Virgen nos advierte acerca de la Segunda Venida en la gloria de
Nuestro Señor Jesucristo[1]. En el Mensaje
número 1382, del 26-3-88, la Virgen dice así: “La venida del Señor es
inminente y como dice la Escritura, nadie sabe el día ni la hora, pero será y
ciertamente para esa hora, debe el alma del cristiano prepararse. Hasta las
piedras sabrán de Él; es así hija mía, como quiere esta Madre, dar a conocer la
Palabra de Su Hijo. Unos por ignorancia, otros, por tener demasiado duro el
corazón, no saben del Señor. Muchos de ellos, no llevaron una vida recta; sus
oídos han sido paredes y el corazón, una puerta cerrada. Mi Corazón, puede
enderezar sus caminos y abrir sus corazones. Puedo sacar el alma de la
angustia, puedo abrigar el alma desolada, puedo ayudar al alma a encontrar a
Dios. Quiero el corazón del hombre y por eso espero el corazón del hombre. Gloria
al Señor Misericordioso”. En este Mensaje, la Virgen dice que la
Venida de Jesús es “inminente”, es decir, su Regreso en la gloria está a las
puertas y nos dice también que debemos prepararnos para la Segunda Venida de
Jesús: “para esa hora, el alma del cristiano debe prepararse”. La Virgen también
advierte acerca de la dureza de corazón que hará que muchas almas no estén
preparados para cuando Jesús vuelva, aunque nos da una esperanza y es su
Inmaculado Corazón: “Mi Corazón puede enderezar sus caminos y abrir sus
corazones”. El Inmaculado Corazón de María es el lugar seguro para esperar la
Segunda Venida de Jesús, que está muy cerca y para encontrarnos con Él.
En el Mensaje número 966, del 13-9-86 la Virgen dice
así: “Tengo espinas en mi Corazón, que me están hiriendo continuamente. Dos
tercios del mundo se está perdiendo y la otra parte debe orar, debe hacer
reparación para que el Señor se apiade. Tú me ayudarás, con tu entrega, tu
oración y con la prédica de mis mensajes. Amén, amén”. Este Mensaje se está
cumpliendo al pie de la letra: una inmensa mayoría de personas no solo niega a
Jesucristo y su divinidad, sino que adora abiertamente a aquel que los odia y
quiere la perdición eterna de sus almas, el Demonio. Las élites gobernantes
hacen pactos satánicos para obtener y permanecer en el poder y ya no se
asesoran con el Magisterio de la Iglesia, como en la Edad Media, sino con
brujos y hechiceros; los cantantes más famosos del mundo hacen explícitamente
rituales satánicos en sus conciertos; los jóvenes, si no están perdidos en el
ateísmo, siguen a los cantantes y a los políticos que abiertamente adoran a
Satanás; a estos hechos se le suma el crecimiento, como nunca antes en la
historia de la humanidad, de las prácticas de ocultismo, de hechicería y de
satanismo, prácticas en las que lamentablemente incurren una gran cantidad de
católicos. Y así podemos seguir con cada estamento de la sociedad. Todos huyen
del Dios del Amor, Jesucristo, como si Él fuera un malhechor y en cambio siguen
al Príncipe de las tinieblas, el Demonio, el Ángel caído, que los conduce a la
eterna condenación. Todo esto forma parte del signo de los tiempos y de lo que
la Virgen anuncia en San Nicolás: gran parte del mundo está perdido y camina
por los oscuros caminos de la perdición, al haber dado la espalda a Jesús. Pero
Jesús está por venir y su Venida Segunda en la gloria es inminente, aunque
primero debe reinar el Anticristo, perseguir a la Iglesia y a los bautizados y
vencerlos temporalmente, antes de que venga Jesús para arrojarlo al Abismo
junto a Satanás y a los ángeles caídos. Jesús está por venir, su Segunda Venida
es inminente, dice la Virgen en San Nicolás. Pero lo que debemos recordar es lo
que nos dice el Catecismo en su número 675 y es que antes de la Segunda Venida
de Jesucristo, hará su aparición y reinará el Anticristo, el cual implantará
una dictadura planetaria y perseguirá a la Verdadera y Única Iglesia de
Jesucristo, la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Dice así el
Catecismo: “Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá
pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18,
8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación
sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20)
desvelará el "misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura
religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas
mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema
es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se
glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en
la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5,
2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22)”[2].
El Catecismo nos advierte que, antes de la Segunda Venida de Jesús, vendrá el
Anticristo y tanto para una como para otra venida debemos estar preparados y
como la misma Virgen lo dice, el lugar seguro para ambas venidas es el
Inmaculado Corazón de María.
Desde su Inmaculado Corazón, la Virgen en San
Nicolás nos dice que para estar preparados, tanto para la venida del
Anticristo, como para la Venida de Cristo, debemos obrar la misericordia y por
eso nos pide que recemos por los que están en el camino de la perdición, que
hagamos reparación por las ofensas recibidas por los Sagrados Corazones de
Jesús y María y la forma de hacer reparación es rezar el Santo Rosario, hacer
Adoración Eucarística, confesar sacramentalmente nuestros pecados y comulgar en
estado de gracia, además de difundir los Mensajes de Nuestra Señora del Rosario
de San Nicolás.






