Uno de los elementos más importantes
en las Apariciones de Lourdes de la Virgen como “Inmaculada Concepción”, es el
de la penitencia, algo pedido específicamente por la Virgen y con mucha
insistencia, repitiendo tres veces la palabra: “¡Penitencia! ¡Penitencia!
¡Penitencia!”. Esta penitencia se entiende como un acto interor, espiritual,
seguido de un acto exterior, corporal, dirigidos específicamente a la
conversión del corazón y que tiene como objetivo la conversión de los
pecadores.
Con relación a la penitencia y para
que nos demos una idea de cómo podemos hacerla, la Virgen, en la aparición del
día Jueves 25 de febrero, le indica a Santa Bernardita -y por medio de ella, a
toda la Iglesia- un modo de hacer penitencia y es el de la auto-humillación. En
esa aparición, le dice la Virgen a Santa Bernardita que buscara agua en un
sector lleno de barro, con su propio rostro. Así lo relata Santa Bernardita: “(la
Virgen) me dijo que fuera a beber a la fuente […] no encontré más que un poco
de agua fangosa. Al cuarto intento, conseguí beber; me mandó también que
comiera hierba que había cerca de la fuente, luego la visión desapareció y me
marché”. Como resultado de esta acción, ese poco de agua encontrado por la
santa, se convertirá luego en el actual manantial de agua bendita que ha curado
y sigue curando cientos de miles de enfermos de todo el mundo.
Lo que debemos tener en cuenta, en
relación a la penitencia, es la humillación sufrida por Santa Bernardita, porque
quienes la veían, como no veían a la Virgen y no sabían que era la Virgen la
que le pedía eso a Bernardita, desde afuera, solo veían a la santa arrodillada
y tratando de beber agua de un charco fangoso. Por esta razón es que la tratan
a Santa Bernardita como a alguien que ha perdido la razón: “¿Sabes que la gente
cree que estás loca por hacer tales cosas?”. La respuesta simple de Bernardita es
la siguiente: “Es por los pecadores”. Entonces, a Bernardita la tratan como a
alguien que ha perdido el juicio; pero por otro lado, no debemos perder de
vista que Bernardita lo único que hizo fue obedecer al pedido de la Virgen, lo
que significa que la Virgen de esta manera le enseñaba a Santa Bernardita la
auto-humillación y esto no por la auto-humillación en sí misma, sino como forma
de imitar a Jesús y de participar de su extrema humillación en la Pasión. En otras
palabras, la humillación de Santa Bernardita tenía como objetivo el ser
partícipe de la humillación de Jesús en la Pasión, humillación por la cual
habría de salvarnos de la eterna condenación y llevarnos al Cielo. También
debemos considerar los frutos de la auto-humillación que es partícipe de la
humillación de Jesús en la Cruz: luego de buscar agua barrosa con su rostro,
surge un manantial de agua límpida y bendita que cura milagrosamente, y ese
manantial se deriva del manantial de Vida Eterna que brota del Corazón
traspasado de Jesús en la Cruz.
De esta manera vemos cómo la auto-humillación
es una forma de hacer penitencia que hace que el alma se asemeje a Jesús en su
auto-humillación voluntaria en la Cruz. Jesús se humilla a sí mismo ya desde la
Encarnación, al asumir, siendo Dios Totopoderoso, una naturaleza absolutamente
inferior como la nuestra; siendo Dios y sin dejar de ser Dios, se encarna para asumir
la naturaleza humana, para librarla de la contaminación putrefacta del pecado.
También en la Última Cena Jesús se
auto-humilla, al lavar los pies de sus discípulos, realizando una tarea
destinada a los esclavos y no duda en humillarse incluso ante quien sabía que
lo iba a traicionar, como Judas Iscariote, como una forma de implorarle su amor
y de pedirle que se arrepienta y que no se condene en el Infierno.
En la Pasión Jesús se auto-humilla, al permitir
voluntariamente que nosotros, los humanos, contaminados por el pecado,
infinitamente inferiores a la majestad de Jesús y despreciables por el pecado,
por causa de nuestra ceguera, lo acusáramos falsamente y lo apresáramos para
acusarlo falsamente en un juicio inicuo y condenarlo también injustamente a
muerte, como si fuera un bandido, siendo Él el Cordero Inmaculado, el Cordero
Tres veces Santo, el Hijo del Dios Altísimo, El Cordero Puro y Santo que se
encarnaba para morir en la cruz por nuestra salvación.
Tanto la auto-humillación como así también las
humillaciones que nuestros prójimos puedan provocarnos, son excelentes formas de
penitencia cuando se unen a la humillación de Jesucristo en la Pasión, porque
de esa manera consiguen para nosotros nuestra propia santificación y la
salvación y santificación de innumerables prójimos pecadores que, por sí
mismos, no serían capaces de hacer penitencia. La penitencia y la penitencia
vicaria, por la salvación propia y de la de nuestros hermanos, los hombres, es
uno de los pedidos centrales de las Apariciones de la Madre de Dios en Lourdes.





