Según lo relata el Manual del Legionario, la ceremonia del Acies es un
acto público de la Legión y aquí debemos hacer una primera aclaración: es público,
en contraposición a “secreto”, porque la Legión no es una organización secreta,
oscura, oculta, ya que no tiene nada que ocultar ante Dios y ante los hombres. Sus
principios, sus métodos, sus objetivos y fines están expuestos de forma
transparente y sin ninguna clase de reserva.
Dicho esto, también según el Manual, en el Acies se deben tener en
cuenta dos elementos: por un lado, qué significado tiene que la Legión se reúna
de forma pública y, por otro lado, cuál es el significado que realiza de forma
solemne el legionario aferrado al vexillium.
También debemos preguntarnos por el significado de la palabra “Acies” en
sí misma, ya que eso nos dirá, en substancia, de qué se trata la reunión de la
Legión. El Manual del Legionario dice así: “Acies” es una “voz latina que
significa un ejército en orden de batalla”, es aquella ceremonia en donde se
reúnen los Legionarios de María para renovar su homenaje a la Reina de la
Legión y al mismo tiempo para recibir de Ella fuerza y bendición para otro año
más de lucha contra las huestes del mal. En esta definición encontramos el
sentido de la reunión de la Legión: en el Acies el Ejército de Dios, integrado
por los miembros de la Legión, bajo la dirección y las órdenes de la Virgen
Generala, se forma en orden de batalla, ya sea para renovar su fidelidad a la
Virgen, como para recibir de Ella la bendición celestial que será necesaria en
la lucha contra “las potestades de los aires”, es decir, los ángeles caídos,
los ángeles rebeldes.
Esto nos recuerda una de las meditaciones de San Ignacio de Loyola en sus
Ejercicios Espirituales: dice San Ignacio que, de un lado, se dispone el
ejército de Dios, que combate bajo los sagrados estandartes de Jesús y de María
y que del otro lado, se dispone el ejército del Infierno, que combate bajo el
siniestro estandarte de la Serpiente Antigua, Satanás. En este caso, es obvio
que la Legión, mediante el Acies, reafirma su compromiso eterno de luchar siempre
bajo los estandartes de la Cruz de Jesús y bajo el estandarte celeste y blanco
del Inmaculado Corazón de María y lo hace de forma pública.
La Virgen forma su ejército en la tierra para luchar contra las fuerzas
del Anticristo, las cuales son muchas y poderosas, pero la Virgen forma a su
ejército no para una salida de recreación, sino “en orden de batalla” -se
entiende que es batalla espiritual-, para derrotar a las siniestras fuerzas del
Infierno, que hoy se han desencadenado sobre la tierra con todo su furor. Pero si
las fuerzas del Infierno son temibles, frente a la Virgen huyen despavoridas y
temblando de terror. Dice así San Alfonso: “María es el espanto de los poderes
infernales. Es “terrible como un ejército en orden de batalla” (Cant 6,
10), porque sabe desplegar con estrategia su poder, sus oraciones y su
misericordia para la derrota del enemigo y para triunfo de sus siervos”. En la
ceremonia del Acies la Legión se reúne como parte del ejército de la Virgen, un
ejército espiritual de la Madre de Dios que se ordena para la batalla bajo el
estandarte celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, preparándose para recibir
la bendición de la Virgen y para marchar frente al enemigo, que no es otro ser
humano, sino los ángeles caídos. Así como un ejército terreno se forma bajo la
bandera nacional a las órdenes de su general, así la Legión se forma, en el
Acies, bajo las órdenes de su celestial Generala, la Virgen para recibir de
Ella “fuerza y bendición” para combatir, bajo las órdenes de la Virgen, a
“las fuerzas de mal”, según lo describe el Manual del Legionario. Como dijimos,
el enemigo al cual se enfrenta la Legión no son seres humanos, sino ángeles
caídos, “las potestades malignas que están en los aires”, como lo describe la
Sagrada Escritura: “Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino
contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de
tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en
las regiones celestiales” (Ef 6, 12). En el Acies la Legión es
convocada espiritualmente para renovar la fidelidad a la Madre de Dios y para
pedirle a Ella la bendición necesaria para el combate, no terreno ni contra
seres humanos, sino espiritual y contra los ángeles caídos, los cuales también se
forman como un ejército preparado para la batalla, bajo las órdenes de la
Serpiente Antigua. Ahora bien, esta lucha espiritual no es solo contra estos
enemigos espirituales externos, sino también contra el hombre viejo, contra uno
mismo, contra el hombre nacido en el pecado y dominado por las pasiones, porque
según el mismo Jesús lo dice, el pecado anida y se origina en nuestros propios
corazones, como consecuencia del pecado original: “Es del corazón del hombre de
donde salen toda clase de cosas malas” (cfr. Mt 7, 21).
Hay un segundo aspecto que se debe considerar en el Acies y es la
oración de consagración personal a la Virgen: “Soy todo tuyo, Reina mía, Madre
mía y cuanto tengo tuyo es”. Por medio de esta oración de consagración
personal, el legionario se pone bajo la protección de la Virgen y de esta
manera, protegido por Ella, renueva su misión espiritual de imitar a María para
que Ella instaure el Reino de su Hijo en el mundo. Cuando el legionario toma
con su mano el vexillium o estandarte de María está haciendo un gesto de
profundo significado espiritual, el de colocarse libre y voluntariamente bajo
el estandarte victorioso de María Santísima; significa que se alista en las
filas del Ejército de María para luchar “contra las fuerzas del mal” bajo las
órdenes de la Virgen. Es por esto que el Acies no es una simple ceremonia
piadosa de una cofradía devota: es la misma Virgen María, la Madre de Dios
quien congrega a sus elegidos y les toma, Ella en persona -a través de los
encargados de la Legión- esta renovación de la consagración de sus hijos y la
toma como hecha especialmente a su Inmaculado Corazón.
La ceremonia del Acies tiene, por un lado, la función de unir más
estrechamente al legionario al Inmaculado Corazón de María; por otro, demostrar
la total dependencia de la Virgen para cumplir la misión asignada. Aunque es
solo visible con los ojos de la fe, en el Acies se encuentra la Virgen en
persona y también está su Hijo Jesucristo, el Hombre-Dios, siendo así testigos
de esta ceremonia y consagración. Pero también hay que hacer otra consideración
y es que las faltas de los legionarios a Ella consagrada por el Acies -la
acedia o pereza espiritual, que lleva a no cumplir con las oraciones
prescriptas, o la pereza corporal, que lleva a desentenderse de las
obligaciones del deber de estado, o la indiferencia hacia las obligaciones que
implica la Legión-, le provocan al Inmaculado Corazón dolores más agudos que
los provocados por quienes no están a Ella así consagrados. Si amamos a la
Virgen como a Nuestra Madre del cielo, si nos consagramos a Ella por medio del Acies,
si recibimos de Ella su especial bendición y protección en el Acies, procuremos
entonces poner todo nuestro esfuerzo en consolar al Inmaculado Corazón de
María, haciendo con el mayor amor posible y la mayor perfección posible, la
tarea apostólica que nos encargue la Legión. A la Virgen Santísima le pedimos
que interceda para que el fuego del Espíritu Santo envuelva nuestros fríos
corazones en el mismo Fuego de Amor en el que está envuelto su Inmaculado
Corazón, para así llevar a cabo la tarea espiritual de conquistar almas para
Cristo que se nos encomienda en el Acies.


