sábado, 4 de diciembre de 2021

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

 



         La Iglesia celebra, con júbilo celestial, uno de los misterios más grandes y asombrosos de la historia de la humanidad, misterio superado en majestad y gracia sólo por el misterio más grande por excelencia, el de la encarnación del Verbo en el seno purísimo de María Santísima y es el misterio de la Inmaculada Concepción de María.

         Que María Santísima sea “Inmaculada Concepción” quiere decir que, por designio de la Santísima Trinidad, la Virgen fue concebida sin la mancha del pecado original, mancha que, desde el pecado primordial de Adán y Eva, se transmite sin excepción a todo ser humano. La única excepción es, precisamente, la de María Santísima y es por eso que se llama “Inmaculada Concepción”, porque esta horrible mancha del pecado original no la afectó, como sí lo hace a todo ser humano, desde el primer instante de su concepción. Que sea Inmaculada Concepción significa que la Virgen no tuvo nunca, jamás, en ningún momento, ni siquiera por un instante, no solo ni el más ligero pecado y tampoco estuvo, ni siquiera mínimamente, inclinada a la concupiscencia, sino que su Inmaculado Corazón estuvo siempre, en todo momento, rebosante de la gracia, la bondad, la santidad, la paz y la humildad de Dios Uno y Trino.

         Pero hay otro aspecto a considerar y es que la Trinidad la eligió para que fuera concebida sin la mancha del pecado original, porque la Virgen estaba destinada a ser Madre de Dios y como Madre de Dios, no podía estar contaminada con la mancha del pecado original. Todavía más, al estar destinada a ser la Madre de Dios, debía no solo no poseer el pecado original, sino que debía estar inhabitada por el Espíritu Santo y es por eso que la Virgen es concebida, además de exenta del pecado original, como Inmaculada Concepción, como “Llena de gracia”, lo cual quiere decir, inhabitada por el Espíritu Santo. La razón de este otro privilegio de la Virgen es que el Verbo de Dios, quien habría de encarnarse en su seno virginal, al provenir desde el Cielo, en donde era amado desde la eternidad por Dios Padre con el Divino Amor, el Espíritu Santo, debía ser recibido y amado en la tierra, en su encarnación, con el mismo Amor con el que el Padre lo amaba desde la eternidad, el Espíritu Santo y la única forma en que esto fuera posible, era que la Virgen misma estuviera inhabitada por el Espíritu Santo y es por eso que es concebida no solo sin la mancha del pecado original, sino como “Llena de gracia”, es decir, inhabitada por el Espíritu Santo. Así, el Verbo de Dios, al encarnarse en el seno purísimo de María Santísima, no sentiría diferencias en el Amor con el que era amado desde la eternidad por el Padre, porque iba a ser amado con ese mismo Amor, el Espíritu Santo.

         Por lo tanto, en el misterio de la Inmaculada Concepción, se unen entre sí, de modo indisoluble, otros dos grandes misterios, el de la Virgen como Madre de Dios y el de la Encarnación del Verbo de Dios.

         Por último, si estos tres misterios son en sí mismos insondables, majestuosos, celestiales y sobrenaturales, hay otro misterio que debe agregarse y es el hecho de que la Santa Iglesia, en cada Santa Misa, prolonga y actualiza, en su seno virginal, el altar eucarístico, el misterio de la Encarnación del Verbo, porque por las palabras de la consagración, el Verbo prolonga su Encarnación en la Eucaristía y es por este motivo que la Iglesia Católica es, a imagen de su Madre, la Virgen, santa, pura, inmaculada y llena del Espíritu Santo. No dejemos nunca de alabar, bendecir, glorificar y adorar a la Santísima Trinidad por el misterio de la Inmaculada Concepción, misterio al cual están unidos el misterio de María como Llena de gracia y el misterio de la Encarnación del Verbo en su seno purísimo, que se prolonga a su vez y se actualiza en cada Santa Misa.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

 



         Historia y significado.

         La Madre de Dios se le apareció a Santa Catalina Labouré el 27 de Noviembre de 1830, cuando ella era novicia. Su ángel de la guarda la despertó y la condujo a la capilla del noviciado, en donde estaba la Virgen. La Virgen, vestida de blanco, en un primer momento, sostenía en sus manos un pequeño globo dorado rematado por una cruz que levanta hacia el cielo; en un segundo momento, la Virgen estaba ahora de pie sobre el mundo y aplastada bajo sus pies, yacía una serpiente. La Virgen abrió sus manos y de sus dedos, cubiertos de anillos, salieron muchos rayos luminosos, pero había algunos anillos que no emitían ninguna luz. Entonces alrededor de la cabeza de la Virgen se formó un círculo o una aureola con estas palabras: “Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti”. Y una voz dijo a Catalina: “Hay que hacer una medalla semejante a esto que estás viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen”; luego, apareció una M, sobre la M una cruz, y debajo de la cruz los Sagrados Corazones de Jesús y María, el de Jesús, coronado de espinas, el de la Virgen, atravesado por una espada; además, alrededor de la M y de la cruz, una serie de estrellas.

¿Qué significado tiene la Medalla de la Virgen?

Con relación al globo terráqueo con una cruz encima, es la misma Virgen la que le explica el significado. Dice así: “Oye Catalina: Este globo terráqueo representa al mundo entero, a Francia y a cada persona en particular”. Significa que el mundo, cada país y cada alma, están protegidos por la Virgen Santísima y que el mundo, los países y las almas, han sido redimidos por la Sangre de Jesús que brota de la cruz; esto quiere decir que el mundo, las naciones y cada alma, deben ser bañados con la Sangre de Cristo para ser salvados. La Virgen de pie sobre el mundo, significa que Dios le ha concedido a la Virgen ser la Reina del universo, por medio de la cual nos vienen todas las gracias que necesitamos para nuestra vida diaria y para nuestra salvación; la serpiente aplastada por la Virgen es el Demonio que es vencido por la Virgen, porque Dios le ha concedido a la Virgen participar de su omnipotencia divina. Sólo Jesús crucificado y la Virgen, Madre de Dios, pueden vencer a la Serpiente Antigua que es el Demonio. Los anillos que emiten luz significan las gracias y las bendiciones que llegan a quienes la invocan como Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa; los anillos que no emiten luz, son las gracias que las almas no reciben, pero no porque Dios no quiera dárselas, sino porque las almas no se dirigen a la Virgen para pedirle esas gracias; de hecho, muchos católicos prefieren acudir a los brujos y curanderos cuando tienen algún problema, en vez de dirigirse a la Virgen para pedirle las gracias que necesitan, por medio del rezo del Rosario. La frase: “Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti”, significa por un lado la confirmación del dogma de que la Virgen es Inmaculada, concebida sin la mancha del pecado original; por otro lado, confirma que es la Mediadora de todas las gracias, que Ella concede a quienes humildemente se las piden. La letra M significa “María”; la cruz, el signo de redención y de salvación para todas las almas, lo cual significa que no hay salvación posible sin la Santa Cruz de Jesús; los Sagrados Corazones de Jesús y María significan que Jesús y la Virgen nos aman y que desean que nuestros corazones estén en el medio de los dos Sagrados Corazones, pero también significan el sufrimiento que nosotros les provocamos a los Sagrados Corazones, con nuestros pecados, ya que el Corazón de Jesús está herida por la lanza, mientras que el Corazón de María está rodeado de una corona de espinas y todo esto es por nuestros pecados, por lo que debemos hacer el propósito de abandonar el pecado para no hacer sufrir más a los Sagrados Corazones. Por último, las estrellas simbolizan a los Apóstoles y con ellos, a los consagrados.

La Virgen revela a Santa Catalina que quien lleve consigo la Medalla Milagrosa, recibirá “grandes gracias”: esto quiere decir que el cristiano debe llevar consigo la Medalla y pedir a la Virgen todas las gracias que necesita, pero también que debe tomar la firme resolución de emprender el camino de la gracia, el camino de la vida de los hijos de Dios y alejarse de todo lo que lo aleje de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

martes, 2 de noviembre de 2021

La Eucaristía, nuestro tesoro

 



         Afirma el Manual del Legionario que “la Eucaristía es el centro y la fuente de la gracia” y que “ninguna actividad apostólica tiene valor alguno si no se tiene en cuenta que el principal objetivo es establecer el reino de la Eucaristía en todos los corazones”[1]. La razón por la que la Eucaristía es el “centro y fuente de la gracia” es que no se trata de un trozo de pan, como aparece a los sentidos, sino del Hombre-Dios Jesucristo, la Segunda Persona de la Trinidad, oculta en apariencia de pan. Puesto que el Hijo de Dios es, en cuanto Dios, la Gracia Increada, es Él en la Eucaristía la Fuente de toda gracia que recibe el alma para su santificación; por eso es que es el “centro y fuente de la gracia”. En otras palabras, si la Eucaristía fuera solamente un poco de pan bendecido, no podría, de ninguna manera, irradiar la gracia, tal como lo hace, desde el Sagrario, desde el Altar Eucaristía.

         Otro elemento importante que nos hace considerar el Manual es cuál es el objetivo final de todo apostolado, no solo de la Legión, sino de toda la Iglesia y es el de “establecer el reino de la Eucaristía en los corazones”. Una vez más, esto no sería posible si la Eucaristía no fuese Cristo Dios en Persona: porque la Eucaristía es Cristo, Rey de los corazones, es que debe ser entronizada, por la persona, en su propio corazón, sin dar lugar a nadie más, para que sólo Cristo Eucaristía sea el Único Rey del corazón del cristiano. Así como el Sagrado Corazón debe ser entronizado en cada hogar y en cada familia de nuestra Patria y así como debe ser entronizado como Rey de la Patria, de la Nación Argentina, así la Eucaristía, que es mismo Rey Jesús, debe ser entronizada en el corazón de cada bautizado.

         Afirma el Manual que la Eucaristía es “el bien infinito” y por eso, el tesoro más preciado, porque se trata del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, que arde en las llamas del Divino Amor, el Espíritu Santo y ese Amor es infinito y eterno, por ser el Amor de Dios, el Amor del Padre y del Hijo. Es por esto que la Eucaristía no se compara con nada y nada en el universo visible o invisible, merece ser más amado que la Eucaristía, porque nada debe ser más amado que el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

         La Eucaristía, dice el Manual, “no es mera figura de su Persona”, sino que es la Persona misma del Hijo de Dios, tal como se encuentra glorificado en los cielos, sólo que en la Eucaristía se encuentra oculto a los ojos del cuerpo, aunque “visible” a los ojos de la fe.

         Por esta razón, el legionario debe considerar a la Eucaristía como el centro y la raíz de su vida y como el tesoro más preciado, más valioso que todo el oro y la plata del mundo. Al comulgar, entonces, no lo hagamos de forma distraída o mecánica, sino que recibamos la Sagrada Eucaristía con fervor, con piedad y, sobre todo, con todo el amor y la adoración de los que seamos capaces.



[1] Cfr. VIII, 4.

sábado, 9 de octubre de 2021

Nuestra Señora del Pilar

 



Historia de Nuestra Señora del Pilar[1].

La tradición de la Virgen del Pilar, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza[2], se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles predicaban el Evangelio. Según esta tradición, Santiago el Mayor llegó a España por el puerto de Cartagena -lugar donde fundó la primera diócesis española-, dedicándose desde entonces a predicar por diversos territorios del país. Los documentos dicen textualmente que Santiago “llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del Reino de Dios y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso”. Sucedió entonces que en la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban “Ave María, Gratia Plena” y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. El hecho particular y característico es que no se trató de una aparición de la Santísima Virgen, sino de una traslación o tal vez una bilocación de la Virgen, puesto que aún vivía en carne mortal y no había sido aún Asunta a los cielos. Fue en ese momento en que la Virgen Santísima le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al Pilar donde estaba de pie. Al mismo tiempo que le entregaba el Pilar, la Virgen le dijo a Santiago: “El Pilar permanecerá en este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”. Luego de entregarle el Pilar, la Virgen desapareció, quedando en ese lugar desde entonces el milagroso Pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, antes de que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima, no solo en España, sino en el mundo entero.

Tiempo más tarde, el Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar -aunque ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico, se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región cuando todavía vivía en carne mortal- y por eso no fue por casualidad que el día 12 de octubre de 1492, fecha en que se celebra a Nuestra Señora del Pilar, fuera precisamente el día en el que las tres carabelas de España –La Pinta, La Niña y Santa María-, al mando de Cristóbal Colón, avistaran las desconocidas tierras de América: de esa manera, al coincidir la fecha de su festividad con el día del descubrimiento del Continente Americano, la Virgen demostraba que era Ella, bajo las órdenes de la Trinidad Santísima, quien estaba en el origen de la gesta más grandiosa que nación alguna pueda llevar a cabo, esto es, el Descubrimiento, la Conquista y la Evangelización del Continente Americano. Este hecho motivó que la Virgen del Pilar fuera proclamada como Patrona de la Hispanidad, constituyendo el mejor símbolo de unión, bajo la Cruz de Cristo, entre las naciones del Viejo y del Nuevo continente. El 12 de octubre señala entonces el inicio del fin del derramamiento de sangre por parte de los caníbales paganos, al mismo tiempo que señala el inicio, para el Continente Americano, del derramamiento de la Sangre Preciosísima del Cordero de Dios, por medio de la Santa Misa, cuya celebración se extendería desde ese entonces a todo el Continente Americano.

Mensaje espiritual de Nuestra Señora del Pilar.

Hay tres rasgos particulares que caracterizan a Nuestra Señora del Pilar y la distinguen de otras advocaciones marianas. El primero es que se trata, como dijimos, no de una aparición, sino de una traslación o bilocación, puesto que se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal, antes de su Asunción gloriosa a los cielos. La segunda la constituye la Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer templo mariano de toda la Cristiandad: además de ser un símbolo de la firmeza de la fe católica recibida en el Bautismo sacramental, la Columna o Pilar es un recordatorio de la Columna o Pilar en el que Nuestro Señor fue azotado hasta quedar casi agonizante, por la atrocidad de los dolores y por la cantidad de Sangre derramada, por esta razón, el peregrino que llega hasta la Basílica en Zaragoza tiene la oportunidad de besar el Pilar, tanto en recuerdo de la Sagrada Pasión del Salvador, como en agradecimiento por el don de la fe católica recibida en el Bautismo; la tercera característica de la devoción de Nuestra Señora del Pilar es la vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (Santiago de Compostela); por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido los ejes fundamentales en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de España y es esta espiritualidad, basada en la Santa Fe Católica, que cree firmemente que Cristo es Dios y está en Persona en la Eucaristía y que la Virgen es Madre de Dios, es esta espiritualidad católica española, la que llevó a España a descubrir, conquistar y evangelizar el Continente Americano, llevando miles de millones de almas a la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, sacando a estas almas de las siniestras tinieblas del paganismo, del satanismo y del canibalismo en el que estaban envueltas estas almas, obrando así España, bajo la guía del Espíritu Santo, la gesta más grandiosa que jamás nación alguna de la tierra haya realizado y que no se realizará jamás. Porque España fue un instrumento sagrado y dócil en las manos de la Santísima Trinidad, es que España, llevada por la fe católica simbolizada en el Pilar, dio centenares de miles de misioneros, predicadores, evangelizadores, conquistadores y santos de todo tipo, quienes evangelizaron este continente, sacándolo de las tinieblas del paganismo e iluminándolos con la Luz Eterna, Cristo Dios. Por esta razón, por haber recibido de España la Santa Fe Católica, simbolizada en el Pilar, no solo no debemos jamás cometer la torpeza de pedir a España que se disculpe, sino que le debemos una eterna acción de gracias, porque si no fuera por España, que nos trajo la Santa Fe Católica, los americanos seríamos, no hijos de Dios por la gracia bautismal, sino paganos, adoradores idólatras de la tierra, de las estrellas y de las piedras. En el día de Nuestra Señora del Pilar, decimos: “¡Santiago, y cierra España!”.



[2] La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como “una antigua y piadosa creencia”. En 1438 se escribió un “Libro de Milagros” atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el Católico dijo: “Creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros”. La Basílica del Pilar, en Zaragoza, constituye en la actualidad uno de los santuarios marianos más importantes del mundo y recibe continuas peregrinaciones. Ante la Virgen han orado gentes de todas las razas, desde las más humildes, hasta los reyes y gobernantes más poderosos, e incluso pontífices. El grandioso templo neoclásico se levanta sobre el lugar de la aparición, conservándose la Columna de piedra que la Virgen dejó como testimonio, un Pilar que simboliza la idea de solidez del edificio-iglesia, el conducto que une el Cielo y la Tierra, a María como puerta de la salvación. Su fiesta se celebra con gran fasto en todas las naciones de habla hispana y especialmente en la ciudad de Zaragoza, donde miles de personas venidas de todo el mundo realizan una multitudinaria ofrenda floral a la Virgen.

 

 

jueves, 7 de octubre de 2021

Nuestra Señora del Rosario

 



         El origen del Rosario, tal como lo conocemos, se remonta a la aparición de la Virgen a Santo Domingo de Guzmán: el santo había sido enviado a Francia para combatir y tratar de frenar la expansión de las sectas de los cátaros y albigenses, quienes niegan la divinidad de Cristo, lo cual es un error grave ya que si Cristo es Dios, los sacramentos conceden la gracia y la Eucaristía es Cristo Dios en Persona, pero si Cristo no es Dios, entonces todo el edificio espiritual de la Iglesia Católica se derrumba; el santo estaba en esa tarea, pero muy desanimado, porque los herejes eran duros de corazón y no querían convertirse; fue en estas circunstancias en las que se le apareció la Virgen y le enseñó a rezar el Santo Rosario, al mismo tiempo que consolaba a Santo Domingo diciéndole que con el arma espiritual del Rosario habría de vencer a la herejía, lo cual finalmente sucedió. Ahora bien, puesto que es la Virgen la que le enseña a rezar el Rosario, podemos decir sin ninguna duda que el Rosario es una oración celestial, que viene del Cielo y que conduce al Cielo. A partir de esta aparición, en todas las apariciones sucesivas a lo largo y ancho del mundo, incluso hasta nuestros días, la Virgen, en sus apariciones, pide con insistencia que se rece el Santo Rosario, además de pedir la conversión a Jesús Eucaristía, la penitencia y el ayuno.

         ¿Por qué esta insistencia de la Virgen?

         Porque el Rosario es la oración que más le agrada a la Virgen, ya que cada Ave María es una rosa espiritual que le damos a la Virgen; esto quiere decir que rezar un Rosario es como regalarle a nuestra madre un ramo de rosas frescas y fragantes.

         Porque por el Rosario meditamos sobre los misterios de la vida de Jesús y también de la Virgen y no solo meditamos, sino que además, misteriosamente, por el Rosario somos hechos partícipes de las vidas de Jesús y María.

Por el Rosario, la Virgen nos alcanza todas las gracias que necesitamos para la vida cotidiana y sobre todo para salvar el alma; de esto es un ejemplo el Beato Bartolo Longo, que siendo practicante de la brujería y la magia negra, recibió la gracia de la conversión a través del Santo Rosario y a partir de entonces, comenzó a divulgar la devoción de Nuestra Señora de Pompeya junto con el rezo del Santo Rosario; es decir, pasó del estado de condenación en el que se encontraba, por practicar la magia negra, al estado de salvación cuando comenzó a rezar el Santo Rosario.

Por el Rosario, pedimos por todos los hombres, por nuestros seres queridos vivos y difuntos y también por nuestros enemigos, y cuando rezamos por los difuntos, liberamos muchas almas del Purgatorio, las cuales intercederán luego por nosotros.

Por el Rosario nos disponemos de la mejor manera posible para participar del Santo Sacrificio del altar, la Santa Misa, porque el Rosario nos llegan las gracias que, desde el Sagrado Corazón de Jesús, pasan a través del Inmaculado Corazón de María y llegan hasta nosotros y por  esa gracia santificante, somos hechos partícipes –y no meros espectadores- del Sacrificio Redentor de Jesucristo en el altar.

Por estas y por muchas otras razones más, es que la Virgen nos pide rezar el Santo Rosario todos los días.

        

sábado, 18 de septiembre de 2021

Nuestra Señora de la Merced

 



         El origen de esta advocación de la Virgen –que hace alusión a la misericordia de Dios para con sus hijos, que nos ha dejado en la persona de la Virgen María una Madre celestial que es también Mediadora de todas las gracias, intercediendo por nosotros para recibir de Dios su misericordia- se encuentra en el siglo XIII, cuando la Virgen se le apareció a San Pedro Nolasco para darle ánimos y fuerzas celestiales en la tarea de liberar a los cristianos cautivos de los musulmanes[1]. En esa época los musulmanes atacaban a los pueblos europeos de la costa del Mediterráneo y se llevaban prisioneros a los cristianos, en calidad de esclavos y muchos cristianos, al ser sometidos a una brutal esclavitud por parte del Islam, perdían la fe, al pensar que Dios los había abandonado. Por esta razón San Pedro Nolasco, que en ese entonces era un comerciante establecido en Barcelona, España, al ver esta situación, empezó a usar su propio patrimonio para liberar a los cristianos cautivos. Así, Nolasco “compraba” esclavos o los intercambiaba por mercancías y cuando se quedó sin recursos, formó grupos de ayuda y asistencia para pedir limosna, y así financiar expediciones para negociar la “redención” de prisioneros, aunque también estos recursos se hicieron insuficientes. De esta manera, Nolasco se descubre impotente para lograr su cometido y pide a Dios intensamente que le provea la ayuda necesaria y es en respuesta a sus ruegos que la Virgen se le aparece y le pide que funde una congregación para redimir cautivos. Nolasco le preguntó: “¡Oh Virgen María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia! ¿Quién podrá creer que tú me mandas?”. Y María respondió diciendo: “No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío; será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo, Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel, es decir, entre los cristianos, y serán signo de contradicción para muchos”.

Entonces, San Pedro Nolasco, animado por la Virgen de la Merced, organiza el grupo inicial de lo que sería la “Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos”, más conocidos como Mercedarios[2]. A partir de entonces los Mercedarios, aparte de los votos de pobreza, castidad y obediencia, hacían un cuarto voto, en el que se comprometían a dedicar su vida a liberar esclavos, y, si fuese necesario, quedarse en lugar de algún cautivo en peligro de perder la fe, o por el que no hubiera dinero suficiente para lograr su liberación y es así que muchos de ellos entregaron la vida a cambio de la vida de los cristianos que habían sido esclavizados por los musulmanes, encomendándose a la “Merced” de Nuestra Madre.

En nuestros días, innumerables cristianos son esclavos, si no de los musulmanes, sí de nuevas formas de esclavitud, como el ocultismo, la Nueva Era, el alcoholismo, la drogadicción, el materialismo, las supersticiones, el ateísmo, el inmanentismo, las sectas, las ideologías anticristianas como el comunismo, el feminismo abortista, la eugenesia y muchísimos males más y todos estos cristianos, al igual que en el tiempo de San Pedro Nolasco, necesitan ser liberados de estas esclavitudes espirituales y para poder liberarnos, debemos implorar el auxilio y la asistencia de la Redentora de cautivos y Corredentora de la humanidad, Nuestra Señora de la Merced.

 



[2] La fundación de la Orden data del 10 de agosto de 1218 en Barcelona, España. Luego, el Papa Gregorio IX dispuso nombrar a San Pedro Nolasco como Superior General. Años más tarde, en 1265, la advocación a la “Virgen de la Merced” fue aprobada por la Santa Sede. Luego, en 1696, el Papa Inocencio XII fijó el día 24 de septiembre como la fecha en la que se debe celebrar su fiesta. La Orden de los Mercedarios se ha encargado de difundir la devoción a Nuestra Madre bajo dicha advocación, extendiéndose por todo el mundo a lo largo de los siglos, incluida Hispanoamérica.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Nuestra Señora de los Dolores

 



         Según la narración del Evangelio, la Virgen estuvo al pie de la Cruz de Jesús durante su Calvario y hasta el momento de su muerte y según también l Biblia y la Tradición, la Virgen sostuvo en su regazo al Cuerpo de su Hijo ya muerto y luego acompañó al cortejo fúnebre que llevó a Jesús hasta el sepulcro.

         Por el hecho de que la Virgen se encuentra al pie de la Cruz, mientras su Hijo Jesús sufre la más dolorosa de las agonías, es que la Virgen lleva el título de “Nuestra Señora de los Dolores”. Ahora bien, debemos considerar qué clase de dolores sufre la Virgen, para entender en su amplitud el título que lleva la Virgen. Ante todo, sufre el dolor de toda madre que ve morir al hijo de su corazón, al hijo que llevó en sus entrañas: así como toda madre sufre un dolor desgarrador cuando asiste a la agonía y muerte del hijo al que ama con todo su corazón, así la Virgen ve desgarrado su Inmaculado Corazón, al ver al Hijo de su amor sufrir una muerte tan dolorosa. A este dolor materno, se le suma otro dolor, que hace todavía más intenso el dolor de la Virgen: la Virgen está unida a su Hijo por el amor de madre, pero también está unida místicamente a su Hijo por el Espíritu Santo, por el Amor de Dios, lo cual hace que su unión con su Hijo sea mucho más profunda, mística y misteriosa que cualquier unión de una madre con su hijo. Al estar unida a su Hijo Dios por el Espíritu Santo, la Virgen sufre el mismo dolor que sufre su Hijo y el dolor que sufre su Hijo es doble: en el Cuerpo, por las heridas físicas que suponen la flagelación y la crucifixión, pero también en el espíritu, en el alma, porque Jesucristo sufre las muertes de todos los hombres de todos los tiempos. Así, por ejemplo, Jesús sufre la muerte de todo niño que es abortado –sufre el mismo dolor que experimenta el niño cuando es acuchillado en el aborto- y esto no con un solo niño, sino con todos los niños de todos los tiempos y así mismo sufre con la muerte de todos y cada uno de los hombres. Este dolor espiritual, y también el dolor físico de Jesús, es sufrido, por participación, por la Virgen, de modo que se puede decir que si todo el dolor del mundo se concentró en el Sagrado Corazón de Jesús suspendido en la Cruz, ese mismo dolor, que es todo el dolor del mundo, se concentra en el Inmaculado Corazón de María, de manera que se puede decir, con toda certeza, que el Inmaculado Corazón de María es inundado con un océano de dolor, de amargura, de llanto, de tristeza. En otras palabras, la Virgen no sólo sufre como sufre toda madre al ver a su hijo morir, sino que sufre místicamente, los mismos dolores físicos y espirituales que sufre su Hijo Jesús, quien por medio de este padecimiento santifica el dolor humano, convirtiéndose en Redentor de los hombres por medio del dolor de la Cruz. Y si Jesús es Redentor, la Virgen, por participación mística a sus dolores, es Corredentora. Pidamos la gracia de participar de los dolores de la Virgen, que son los dolores de Jesús, para así también nosotros ser corredentores, junto a Jesús y María y luego, en la vida eterna, poder gozar de las alegrías eternas del Reino de los cielos.