El Manual
del Legionario presenta una serie de características que tienen que primar en
el servicio del Legionario hacia su prójimo, llamando a esta doctrina “la base
del servicio legionario”[1]. En
otras palabras, el Manual explica la razón por la cual el legionario debe obrar
con ciertas características hacia su prójimo, para que sean de agrado de los
Sagrados Corazones de Jesús y María.
Desde un
primer momento el Manual recuerda que, desde sus primeros inicios, los
fundadores de la Legión tuvieron en cuenta una característica fundamental en el
servicio de la legión al prójimo y es el “carácter netamente sobrenatural del
servicio al que se iban a entregar los socios”. Aquí debemos diferenciar lo “sobrenatural”
de lo “natural”: lo “sobrenatural” es lo que viene de Dios, es lo que está por
encima de la naturaleza, sea humana o angélica y esto es, por ejemplo, la
gracia, la gracia es un don “sobrenatural”, no surge ni de los ángeles, ni de
los hombres, sino de la Trinidad. Lo “natural”, en cambio, es lo que sí surge
de nuestra propia naturaleza o de la naturaleza de los ángeles, es lo que le
pertenece a cada uno según su propia naturaleza.
Con relación
a los fundadores, dice el Manual que determinaron que los legionarios, en su
trato con sus prójimos, debían “rebosar en cordialidad”, pero no por motivos
meramente naturales: los legionarios debían ver, en todos aquellos en quienes servían
-con distintas obras de misericordia, sean corporales que espirituales- “a la
Persona misma de Jesucristo”, recordando las palabras de Nuestro Señor, según
las cuales todo lo que se hiciese a otros, aún a los más débiles y malvados, lo
hacían al mismo Señor Jesucristo: “Os lo aseguro: cada vez que lo hicisteis con
un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo” (Mt 25, 40).
Esto no
significa que el prójimo sea Nuestro Señor Jesucristo, sino que Nuestro Señor
está misteriosamente presente en cada uno de nuestros prójimos, especialmente
en los más desvalidos y que Él lo toma como hecho personalmente a Él todo lo
que hacemos a nuestro prójimo, sea en el bien como en el mal y eso nos será
tenido en cuenta en el juicio, tanto en el Particular como en el Final.
Afirma el
Manual que este móvil sobrenatural debe ser la base y el fundamento del
servicio de la Legión y del legionario -no moverse por motivos humanos, sino
sobrenaturales, viendo a Cristo en el prójimo y teniendo siempre presentes sus
palabras-, como así también debe ser la base y el fundamento de la disciplina y
de armonía interna de la Legión. Esto quiere decir que los legionarios deben
ver en sus superiores y a sus hermanos al mismo Jesucristo -así como trato a mi
prójimo, así trato a Jesucristo-.
Este
obrar sobrenatural, dice el Manual, es la verdad transformadora que debe estar impresa
en la mente de los socios y para ayudarles a conseguirlo, esta verdad básica se
ponen en las ordenanzas fijas que se leen mensualmente en la junta del praesidium.
Esto quiere decir además que se agrega otro principio fundamental de la Legión
y es que el legionario debe trabajar, sobrenaturalmente, en estrecha unión con
María, para que sea Ella quien ejecute la obra por medio del legionario.
Reflexiones.
Teniendo
en cuenta lo precedente, podemos preguntarnos:
1-¿Hago
obras de misericordia, sean corporales que espirituales, tal como me pide la
Legión?
2-Al
hacerlas, obro de manera sobrenatural, es decir, considerando que el prójimo a
quien sirvo, está Cristo misteriosamente presente? ¿O me olvido de este obrar
sobrenatural y obro por motivos meramente naturales, para que los demás me
valoren y hablen bien de mí?
3-¿Tengo
presente que es a la Virgen a quien debo encomendarle mi obra de misericordia,
para que sea Ella quien obre por mí? ¿O me olvido de la Virgen y obro como si
la obra y el mérito fueran exclusivamente míos?



