sábado, 6 de febrero de 2021

Nuestra Señora de Lourdes

 



         Historia de la aparición[1].

Jueves 11 de febrero: El encuentro.

Bernardita, con su hermana y otra niña, se dirigían al campo a buscar leña seca cerca de una gruta y para llegar a ella debían pasar un arroyo. Al empezar a descalzarse, escuchó un ruido muy fuerte, parecido a un viento impetuoso, que venía desde la gruta: fue en ese momento en el que, en el fondo de la gruta, apareció la Madre de Dios.

La Virgen estaba envuelta en una luz resplandeciente y vestía un traje blanco, brillante con un cinta azul, con un largo velo blanco que caía hasta los pies. Dos rosas brillantes de color de oro cubrían la parte superior de los pies de la Santísima Virgen. La Señora la saludaba tiernamente mientras se inclinaba ante Bernardita. Sus manos estaban juntas ante el pecho, ofrecían una posición de oración fervorosa; tenía entre sus dedos un largo rosario blanco y dorado con una hermosa cruz de oro. Bernardita buscó su rosario; la Señora empezó a pasar las cuentas del rosario entre sus dedos y juntas lo rezaron. Lourdes, se convertía en una sorprendente escuela de oración.

Domingo 14 de febrero: El agua bendita.

Bernardita siente una fuerza interior que la empuja a volver a la Gruta. Debido a su insistencia, su madre le da permiso para volver. Después de la primera decena del rosario, Bernardita ve aparecer a la misma Señora; Bernardita le tiró agua bendita para asegurarse que venía de Dios. La Virgen sonrío cuando el agua tocó sus pies, tomó el rosario y se persignó con él. Empezaron ambas a rezarlo. Las burlas y risas comienzan contra Bernardita.

Jueves 18 de febrero: La Señora habla por primera vez.

La Señora habla a Bernardita. Bernardita le ofrece papel y una pluma y le pide que escriba su nombre. La Señora le dice: “Lo que tengo que comunicarte no es necesario escribirlo, hazme únicamente el regalo de venir aquí durante quince días seguidos”. A la promesa de Bernardita la Virgen contestó: “Yo también te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino en el otro”. Comienza la quincena milagrosa: el rumor de las apariciones se esparció rápidamente y una gran multitud acudió a la gruta.

Viernes 19 de febrero: Aparición breve y silenciosa.

Bernardita llega a la Gruta con una vela bendecida y encendida: de aquel gesto nacerá la costumbre de llevar velas para encenderlas ante la Gruta.

Sábado 20 de febrero: una oración personal.

La Señora le ha enseñado una oración personal. Al terminar la visión, una gran tristeza invade a Bernardita.

Domingo 21 de febrero: “¡Rogad por los pecadores!”.

En algunos momentos la aparición parecía hacerse hacia atrás, y como hundirse en el interior de la roca. Bernardita se acercaba a ella de rodillas. Observó que la Virgen se había puesto triste. Le preguntó: “¿Qué te pasa?, ¿qué puedo hacer?”. La Virgen respondió: “Rogad por los pecadores”.

Bernardita era objeto de toda clase de burlas, persecuciones y ofensas, la cuales aceptaba con firmeza y profunda humildad.. Incluso las autoridades civiles tomaron carta en el asunto, quienes amenazaron con llevarla a la cárcel. Uno de los principales médicos de Lourdes se dedicó a estudiarla, observarla y examinarla. Este llegó a la conclusión: “Aquí hay un hecho extraordinario, totalmente desconocido a la ciencia y a la medicina”.

Lunes 22 de febrero: La Virgen no se le apareció.

Todos se burlaban de Bernardita. Ella lloraba pensando que quizás había cometido alguna falta y que por eso la Virgen no se le había aparecido. Pero tenía la firme esperanza de volver a verla. Una de las cosas que más sorprendía a la gente era ver a una humilde y sencilla pastorcita, carente de adecuada educación, saludar con gracia y dignidad a la Virgen al concluir la aparición. Le preguntaron una vez: “Dime, ¿quién te ha enseñado a hacer tan graciosos saludos?”. “Nadie, contestó, no sé cómo habré saludado, trato de hacerlo como lo hace la Señora y Ella me saluda de este modo cuando se marcha”.

Martes 23 de febrero: El secreto.

En esta ocasión es la primera vez que la Virgen formula una orden concreta. Ante 10 mil personas la Virgen le da a Bernardita un secreto que solo a ella le concierne y que no puede revelar a nadie. También le enseñó una oración que le hacía repetir, pero que no quiso que la diera a conocer. La Virgen le dijo: “Y ahora, hija mía, ve a decir a los sacerdotes que aquí, en este lugar, debe levantarse un Santuario, y que a él debe venirse en procesión”. Bernardita se dirigió inmediatamente hacia la Iglesia a darle el mensaje al Párroco. El sacerdote le preguntó el nombre de la Señora y que le pidiera de su parte que hiciese el milagro de hacer florecer el rosal silvestre sobre el que se aparecía.

Miércoles 24 de febrero : “¡Penitencia!”.

Bernardita le contó a la Virgen lo que el sacerdote le había pedido. La Virgen solo sonrió, sin decir una palabra. Después la mando a rogar por los pecadores y exclamo tres veces: “¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!”. ¨Le hizo repetir estas palabras y Bernardita lo hacía mientras se arrastraba de rodillas hasta el fondo de la gruta. “¡Ruega a Dios por los pecadores! ¡Besa la tierra en penitencia por los pecadores!”. Ella lo hacía y miraba a la gente pidiendo lo mismo. Desde entonces se le fue encomendada a Bernardita la penitencia por los pecadores. Un día la Virgen la mandó a subir y bajar varias veces la gruta de rodillas, la Virgen tenía la cara de tristeza. Dio otro secreto personal a Bernardita que no debía decir a nadie.

Jueves 25 de febrero: La fuente.

La Virgen le confía el tercer y último secreto para Bernardita. “Y ahora -le dijo la Virgen después de un momento de silencio- ve a beber y lavarte los pies a la fuente, y come de la hierba que hay allí”. Bernardita miro a su alrededor pues no miraba ninguna fuente. Ella pensó que la Virgen la mandaba al torrente y se dirigió hacia allá. La Virgen la detuvo y le dijo: “No vayas allá, ve a la fuente que está aquí”. Le señaló hacia el fondo de la gruta.

 

Bernardita subió y, cuando estuvo cerca de la roca, buscó con la vista la fuente no encontrándola, y queriendo obedecer, miró a la Virgen. A una nueva señal Bernardita se inclinó y escarbando la tierra con la mano, pudo hacer en ella un hueco. De repente se humedeció el fondo de aquella pequeña cavidad y viniendo de profundidades desconocidas a través de las rocas, apareció un agua que pronto llenó el hueco que podía contener un vaso de agua. Mezclada con la tierra cenagosa, Bernardita la acercó tres veces a sus labios, no resolviéndose a beberla. Pero venciendo su natural repugnancia al agua sucia, bebió de la misma y se mojó también la cara. Todos empezaron a burlarse de ella y a decir que ahora si se había vuelto loca. “¿Sabes que la gente cree que estás loca por hacer tales cosas?”, a lo que ella contestaba: “¡Es por los pecadores!”.

Pero, por los misteriosos designios de Dios, con su débil mano y con sus labios acababa Bernardita de abrir, sin saberlo, el manantial de las curaciones y de los milagros más grandes que han conmovido la humanidad. El agua milagrosa de Lourdes ha sido analizada por químicos y científicos: es un agua muy pura, un agua natural que carece de toda propiedad térmica. Además tiene la peculiaridad que ninguna bacteria sobrevive en ella. (Simboliza la Inmaculada Concepción, en cuyo ser nunca hubo mancha de pecado original, ni personal).

Viernes 26 de Febrero: El primer milagro.

El agua milagrosa obró el primer milagro. El buen párroco de Lourdes había pedido una señal, y en vez de la muy pequeña que había pedido, la Virgen acababa de darle una muy grande, y no solo a él, sino a toda la población. Fue a un pobre obrero, Bourriette, quien por 20 años había tenido el ojo izquierdo horriblemente mutilado por la explosión de una mina. Al orar y brotarse el ojo con el agua de la fuente, comenzó a gritar de alegría. Las negras tinieblas habían desaparecido; no le quedaba más que una ligera nubecilla, que fue desapareciendo al seguir lavándose. Lo más grande era que el milagro había dejado las cicatrices y las lesiones profundas de la herida, pero había devuelto aun así la vista.

Sábado 27 de febrero: Silencio.

La Virgen permanece silenciosa. Bernardita bebe agua del manantial y hace los gestos habituales de penitencia.

Domingo 28 de febrero: Entre persecuciones, el segundo milagro.

Más de mil personas asisten a la aparición. Bernardita reza, besa la tierra y se arrastra de rodillas en señal de penitencia. A continuación se la llevan a casa del juez Ribes que la amenaza con meterla en la cárcel. Otro milagro: se han congregado más de mil quinientas personas y entre ellas, por primera vez, un sacerdote. Durante la noche, Catalina Latapie, una amiga de Lourdes, acude a la Gruta, moja su brazo dislocado en el agua del manantial y el brazo y la mano recuperan su agilidad. El Martes 2 de marzo, Bernardita fue de nuevo a ver al párroco de Lourdes, recordándole la petición de la Virgen de levantar un Santuario en el lugar de las apariciones. El párroco le contestó que era obra del Obispo quien ya estaba enterado de la petición y sería el encargado de poner por obra el deseo celestial de la Visión.

Miércoles 3 de marzo: Una sonrisa y otro milagro.

A las siete de la mañana, cuando ya hay allí tres mil personas, Bernardita se encamina hacia la Gruta; pero la Visión no aparece. Al salir del colegio, siente la llamada interior de la Señora; acude a la Gruta y vuelve a preguntarle su nombre. La respuesta es una sonrisa. El párroco Peyramale vuelve a decirle: “Si de verdad la Señora quiere una capilla, que diga su nombre y haga florecer el rosal de la Gruta”. Al final de la aparición, tuvo una gran tristeza, la tristeza de la separación. ¿Volvería a ver a la Virgen? La Virgen siempre generosa, no quiso que terminara el día sin una manifestación de su bondad: un gran milagro, un milagro maternal, coronación de la quincena de apariciones. Se produce un milagro: un niño de dos años estaba ya agonizando, se llamaba Justino. Sus padres, ese día, lo creían muerto. La madre en su desesperación lo tomó y lo llevó a la fuente. El niño no daba señales de vida. La madre lo metió quince minutos en el agua que estaba muy fría. Al llegar a la casa, notó que se oía con normalidad la respiración del niño. Al día siguiente, Justino se despertó con tez fresca y viva, sus ojos llenos de vida, pidiendo comida y sus piernas fortalecidas. Este hecho conmocionó a toda la comarca y pronto a toda Francia y Europa; tres médicos de gran fama certificaron el milagro, llamándolo de primer orden. Entonces el gobernador de Tarbes, ciudad a la que pertenecía Lourdes, reunió a todos los alcaldes de la zona para dar instrucciones precisas de prohibir de inmediato la asistencia a la gruta de todo ciudadano. Todo fue en vano, cada día acudían más peregrinos de todas partes. No obstante las persecuciones, las burlas y las injurias, Bernardita continuaba visitando la Gruta. Iba a rezar el Rosario con los peregrinos. Pero la dulce visión no aparecía. Ella ya estaba resignada a no volver a ver a la Virgen.

Jueves 4 de marzo : Una muchedumbre la acompaña.

El gentío cada vez más numeroso (alrededor de ocho mil personas) está esperando un milagro al finalizar estos quince días. La visión permanece silenciosa. El cura Peyramale se mantiene en su postura. Durante los veinte días siguientes, Bernardita no acudirá a la Gruta; no siente dentro de sí la irresistible invitación.

Jueves 25 de marzo : ¡El nombre que se esperaba!

Por fin la Virgen revela su nombre; pero el rosal silvestre sobre el cual posa los pies durante las apariciones no florece. Bernardita cuenta: “Levantó los ojos hacia el cielo, juntando en signo de oración las manos que tenía abiertas y tendidas hacia el suelo y me dijo: “Que Soy Era la Inmaculada Concepción”. Bernardita salió corriendo, repitiendo sin cesar, por el camino, aquellas palabras que no entiende. Palabras que conmueven al buen párroco, ya que Bernardita ignoraba esa expresión teológica que sirve para nombrar a la Santísima Virgen. Solo cuatro años antes, en 1854, el papa Pío IX había declarado aquella expresión como verdad de fe, un dogma.

Miércoles 7 de abril: El milagro del cirio.

Durante esta Aparición, Bernardita sostiene en la mano su vela encendida, y en un cierto momento la llama lame su mano sin quemarla. Este hecho es inmediatamente constatado por el médico, el doctor Douzous. Narración del milagro del cirio: Este día, Bernardita volvió a la gruta, rodeada de una verdadera multitud de personas que oraban con ella. Bernardita arrodillada como era de costumbre habitual, tenía en la mano izquierda la vela encendida que le acompañaba en todas las ocasiones y la apoyaba en el suelo. Absorta en la contemplación de la Reina de los cielos, y más sabiendo ahora con seguridad que era la Virgen Santísima, levantó sus manos y las dejó caer un poco, sin percatarse que las tenía sobre el extremo de la vela encendida; entonces la llama comenzó a pasar entre sus dedos y a elevarse por encima de ellos, oscilando de un lado para el otro, según fuera el leve soplo del viento. Los que estaban ahí gritaban: “Se quema”. Pero ella permanecía inmóvil. Un médico que estaba cerca de Bernardita sacó el reloj y comprobó que por más de un cuarto de hora la mano estuvo en medio de la llama, sin hacer ella ningún movimiento. Todos gritaban: “¡Milagro!”. El médico comprobó que la mano de Bernardita estaba ilesa. Después que terminó la aparición, uno de los espectadores aproximó a la mano de Bernardita la llama de la misma vela encendida, y ella exclamó: “¿Oh que quiere usted, quemarme?”.

Jueves 16 de julio: Última Aparición.

Bernardita siente interiormente el misterioso llamamiento de la Virgen y se dirige a la Gruta; pero el acceso a ella estaba prohibido y la gruta, vallada. Se dirige, pues, al otro lado del Gave, enfrente de la Gruta. Y dice: “Me parecía que estaba delante de la gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen. ¡Jamás la había visto tan bella!”. Bernardita había cumplido su misión, con gran amor y valentía ante todos los sufrimientos que tuvo que sobrellevar y ante todos los obstáculos que el Enemigo puso en su camino. Su confesor dijo repetidamente: “La mejor prueba de las apariciones es Bernardita misma, su vida”.

         Mensajes de santidad que nos deja Nuestra Señora de Lourdes.

         Son varios los mensajes de santidad que las Apariciones de la Virgen en Lourdes deja para la humanidad.

Uno de ellos, es la Penitencia, tanto por los pecados propios como por los ajenos, para reparar las ofensas cometidas contra Dios Uno y Trino y para que se conviertan los pecadores y así salven sus almas;

         Aceptar las humillaciones y buscar auto-humillarse, como modo de agradar a Dios frente al pecado de la vanidad y de la soberbia, que ensalza al alma a sí misma, en desmedro de Dios: esta auto-humillación se ve en la búsqueda del agua de la caverna por parte de Bernardita, arrodillada y hundida en el barro y besando el suelo, ante la vista de todos;

         El rezo del Santo Rosario, todos los días, para alcanzar las gracias que necesitamos para salvar el alma y conquistar el Reino de los cielos;

         El dogma de la Inmaculada Concepción, según el cual la Virgen es concebida sin mancha del pecado original y Llena de gracia, para ser la Madre de Dios, al producirse la Encarnación del Verbo por obra del Espíritu Santo; al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud[2];

         Es una exaltación de las virtudes de la pobreza y de la humildad, puesto que la Virgen elige a una niña pobre y de corazón humilde, como Santa Bernardita;

         La Cruz, como camino para llegar al cielo: esto se ve en la cruz del Rosario de la Virgen y en la promesa de la Virgen de que la haría feliz a Bernardita no en esta vida, sino en la otra; en esta vida, se debe subir a la cruz para así llegar a la felicidad del Reino de Dios;

         La Virgen como Mediadora de todas las gracias, las cuales están simbolizadas en el agua pura de la fuente, que cura las enfermedades, así como la gracia cura el alma al liberarla del pecado; también, de la misma manera a como el agua de la fuente vino a través de la Virgen, así las gracias vienen a través de la Mediación de la Virgen;

Es un mensaje de la misericordia infinita de Dios para con los pecadores, además del Amor que Dios tiene a los enfermos, a quienes les envía el agua milagrosa de la gruta para su curación, según su voluntad;

         Otras verdades que se siguen de la Inmaculada Concepción, como la condición de la Virgen de ser Corredentora, al participar, como Madre de Dios, mística y sobrenaturalmente de la Pasión Redentora de su Hijo Jesús.

 Entonces, estos son los mensajes de santidad de Nuestra Señora de Lourdes: penitencia, rezo del Santo Rosario, humildad de corazón, abrazar la Santa Cruz, misericordia para con los enfermos y los pecadores.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

 



(Ciclo B – 2021)

         Al inicio del año civil, la Iglesia coloca esta solemnidad de la Madre de Dios y podríamos preguntarnos si es por mera casualidad o si existe alguna intencionalidad en esta fecha. Ante todo, debemos decir que no es casualidad, es decir, la Iglesia quiere, explícitamente, que la Virgen Santísima sea venerada de modo particular y solemne en su advocación de “Madre de Dios”. La razón por la que la Iglesia quiere venerar a la Virgen como "Madre de Dios", la podemos encontrar en el hecho que da origen a su título de “Madre de Dios”, esto es, la Encarnación y el Nacimiento del Verbo de Dios, del Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Como dice Santo Tomás, una mujer se llama “madre” cuando da a luz una persona; en el caso de la Virgen, Ella da a luz a una persona, pero no a una persona humana, sino divina, a la Segunda Persona de la Trinidad, que se ha encarnado, es decir, ha unido a Sí, en el seno virgen de María, por obra del Espíritu Santo, a la humanidad santísima de Jesús de Nazareth. Entonces, por haber dado a luz a una Persona Divina, la Persona del Hijo de Dios, la Sabiduría divina encarnada, es que la Virgen es llamada “Madre de Dios”.

         Ésta es la razón de su título de “Madre de Dios” y el porqué de la Iglesia de querer que se honre a la Virgen con este título. La otra pregunta que surge es acerca del motivo por el cual la Santa Madre Iglesia coloca su solemnidad de Madre de Dios al inicio del año civil. La respuesta está también, como dijimos anteriormente, en su condición de ser “Madre de Dios”: su Hijo, el Verbo de Dios es, en cuanto Dios, la Eternidad en Sí misma y así es el Creador –junto con el Padre y el Espíritu Santo- de todo lo visible e invisible, es decir, de todo el universo corpóreo y también del universo invisible, el mundo de los espíritus angélicos. Al ser Dios Eterno, por su Encarnación, por su ingreso en el seno virgen de María Santísima, ingresa este Verbo de Dios en el tiempo y en la historia humanos y con Él ingresa –puesto que Él es la Eternidad en Sí misma, como dijimos-, la eternidad de Dios en el tiempo de los hombres. Esto tiene una importancia capital para la historia de la humanidad, puesto que la divide en un antes y en un después de la Encarnación del Verbo: antes de la Encarnación del Verbo, el tiempo y la historia humanas discurrían, por así decirlo, de modo horizontal; luego de la Encarnación del Verbo, el tiempo y la historia humanas se dirigen, en sentido vertical, hacia la eternidad de Dios. En otras palabras, por la Encarnación del Verbo, toda la historia de la humanidad –y por lo tanto, la historia personal de cada persona humana- adquiere un nuevo sentido, una nueva dirección y es el sentido y la dirección de la eternidad divina. Dios, que es Eterno y que es el Creador del tiempo, ingresa en el tiempo humano para impregnar al tiempo y a la historia humana de eternidad y para darle un nuevo sentido a este tiempo y a esta historia humana, que es el de encontrarse, al fin de los tiempos, en el Último Día, con la Eternidad de Dios. Si antes de la Encarnación del Verbo la historia humana discurría horizontalmente, sin tener relación directa con Dios, ahora, con la Encarnación del Verbo, con el ingreso de la Eternidad divina en la historia, el tiempo humano toma una nueva dirección, no ya horizontal, sino vertical, estando destinada desde entonces a alcanzar su vértice en la unión con la Eternidad divina en el Último Día de la historia humana, el Día del Juicio Final, el Día en el que la historia y el tiempo humanos desaparecerán para dar inicio a la sola Eternidad divina.

         Esto, que parecen sólo disquisiciones teóricas, tiene un efecto directo en la vida personal de cada ser humano: si la historia humana adquiere un nuevo sentido, el sentido de la eternidad divina, entonces la historia y el tiempo personal de cada ser humano también adquiere el mismo sentido, esto es, la unión con la eternidad divina. Es decir, antes de la Encarnación del Verbo, la historia y el tiempo de cada ser humano discurrían de modo horizontal y desembocaban, al final de la vida, inevitablemente, en la eterna perdición; por la Encarnación del Verbo y por los méritos de su Sacrificio en la Cruz, ahora, cada ser humano se dirige, inevitablemente, lo crea o no lo crea, hacia el encuentro con la Eternidad divina, encuentro que se producirá indefectiblemente al final de sus días terrenos, es decir, en el momento de la muerte, por lo que la muerte es sólo el umbral que lo separa de la Eternidad. Otra consecuencia que tiene el ingreso del Verbo en la historia humana es que cada fracción de su tiempo personal –medido en segundos, horas, días, meses, años-, está, por un lado, impregnado de eternidad y por otro, tiene un nuevo sentido, que es la eternidad, lo cual significa que una pequeña obra de misericordia –obra realizada en Cristo y en estado de gracia-, como el dar de beber un vaso de agua a un prójimo sediento, tiene un premio eterno -"No quedará sin recompensa quien dé a beber un vaso de agua fría a uno de estos pequeños" (Mt 10, 42)-, como así también una mala obra –realizada en pecado y en contra de Cristo- tiene un castigo eterno. El significado entonces de la Encarnación del Verbo es que convierte, a nuestra vida toda, dándole un destino de eternidad y a cada acto nuestro, un valor de eternidad, sea bueno o sea malo.

         En definitiva, que la Santa Madre Iglesia coloque a la solemnidad de la Madre de Dios al inicio del año civil, tiene el sentido no sólo de que pongamos en sus manos maternales el año nuevo que inicia, sino que tomemos conciencia de que nuestra vida toda y cada uno de nuestros actos libres personales, tienen un destino de eternidad. Que esa eternidad sea en el dolor o en el gozo, depende de nuestro libre albedrío. Para que nuestra eternidad sea en el gozo de Dios Trinidad, encomendemos el año que inicia, a las manos y el Corazón maternal de la Madre de Dios, para que todos nuestros actos realizados en este nuevo tiempo estén dirigidos a su Hijo Jesús, que es la Eternidad en Sí misma.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

El cristiano debe anunciar una Navidad cristiana, no una navidad pagana

 


         Que el cristiano deba anunciar al mundo una Navidad cristiana y no una navidad pagana, parece una afirmación de Perogrullo, algo obvio, pero en nuestros días, caracterizados por el ateísmo, el materialismo, el agnosticismo y el relativismo, no lo es. Para entender un poco mejor la idea, veamos en qué consiste la “navidad pagana”. Una navidad pagana consiste en desplazar al Niño Dios –la Persona principal de la Navidad, cuyo nacimiento y venida en carne se festeja-, por un personaje caricaturesco, llamado “Papá Noel” o “Santa Claus”; una vez desplazado el Niño Dios, la navidad pierde su esencia y todo lo que se le agrega no es más que una perversión de la Verdadera Navidad; otro elemento que caracteriza a la navidad pagana es la multitud de personajes que nada tienen que ver con el Niño Dios y sí con su blasfemo sustituto, Papá Noel: el trineo de este personaje, los alces que tiran de él, los duendes, que suelen vestirse como Papá Noel –la inclusión de duendes es una satanización de la navidad más explícita, porque los duendes son, en sí mismos, habitantes del Infierno-; la navidad pagana se caracteriza por un desenfrenado consumismo, de manera tal que los regalos pasan a ocupar un papel relevante en esta navidad pagana, al punto tal que si no hay regalos, no parece haber navidad; la navidad pagana se caracteriza por el desplazamiento del aspecto espiritual de la Verdadera Navidad, por un aspecto meramente gastronómico y culinario, de manera que las comidas elaboradas, que llegan a constituir verdaderos manjares, ocupan la única mesa de la navidad pagana, que es la mesa material, la mesa alrededor de la cual se sientan los comensales; la navidad pagana se caracteriza por ser una fiesta pagana, en la que predominan de forma excluyente géneros musicales de todo tipo, incluidos los ritmos sensuales y hedonistas que, lejos de elevar el alma al Niño Dios que nace, hacen descender al hombre a la búsqueda de la satisfacción más baja de sus placeres depravados; la navidad pagana se caracteriza por el consumo de bebidas de todo tipo, entre las que predominan las bebidas alcohólicas, en gran abundancia; la navidad pagana se caracteriza porque, si se le quita el falso y superficial barniz religioso que aun conserva en algunos países antiguamente cristianos, se convierte en una fiesta pagana más, en las que la búsqueda de la satisfacción de las pasiones más bajas del hombre es la norma; en la navidad pagana, se da rienda suelta al emocionalismo, de manera que por encima de la alegría sobrenatural que supone la Venida en carne de la Segunda Persona de la Trinidad, se suplanta por la alegría del reencuentro familiar o, en su defecto, por la tristeza de no estar con familiares, sea por la distancia, sea por otros motivos de índole familiar, entre los que no faltan los desencuentros, los enojos, las iras y los mutuos reproches: en muchos casos, la navidad pagana se convierte en un foco que alimenta las pasiones humanas más bajas, relativas a la ira y a la falta de perdón por viejas heridas familiares. Nada de esto tiene que ver con la Verdadera Navidad. En definitiva, en la navidad pagana reina una alegría, sí, pero una alegría mundana, una alegría que nada tiene que ver con la alegría divina que nos viene a traer el Niño Dios, porque es una alegría ocasionada por los regalos, por la comida rica y abundante, por el reencuentro o no con los familiares, por la calidad y cantidad de regalos recibidos y dados. En la Navidad Verdadera, parafraseando al Evangelio, podemos decir que Dios nos da su Alegría, que es Alegría infinita, eterna, fruto del perdón divino ofrecido en el Niño Dios, Víctima Propiciatoria por nuestros pecados, que para salvarnos nace como Pan de Vida eterna en Belén, Casa de Pan. Podríamos parafrasear al Evangelio y poner en labios del Niño de Belén: “La alegría os traigo, al Alegría os doy, no como la da el mundo, sino como la da Dios, porque la Alegría que os traigo en Navidad es la Alegría de Dios, que es Alegría infinita”. Pero, lo volvemos a repetir, en la navidad pagana reina una alegría extraña, una alegría no divina, una alegría humana, pero una alegría humana pervertida y contaminada por el pecado, porque es una alegría que se deriva de motivos circunstanciales, pasajeros e incluso pecaminosos.

         Si un pagano, es decir, alguien que nunca conoció el cristianismo, nos preguntara a nosotros qué es la Navidad y qué es lo que celebramos en Navidad, ¿le diríamos que la Verdadera y Única Navidad es la que celebra el Nacimiento milagroso, en el tiempo, de la Segunda Persona de la Trinidad, encarnada en el seno de María Virgen –y que perpetúa esta Encarnación en la Eucaristía-, y que ha venido desde la eternidad para asumir un cuerpo y un alma humanos para ofrecerlos en la Cruz como Víctima Inocente para nuestra salvación –salvación del Pecado, del Demonio y de la Muerte- y que se nos dona cada vez en el Nuevo Portal de Belén, el altar eucarístico? ¿Le diríamos, al que nada sabe de la Navidad, que la verdadera fiesta de Navidad es la Santa Misa de Nochebuena, prolongación sacramental en el tiempo de la Encarnación del Verbo de Dios? ¿O diríamos que la Navidad es la navidad pagana, la navidad falsa que nos presentan los medios de comunicación y el mundo pagano, apóstata y materialista de nuestros días? No festejemos una navidad pagana, una navidad sin Cristo Dios en el centro, una Navidad sin la Santa Misa de Nochebuena como la verdadera fiesta a celebrar y de la cual las fiestas humanas y materiales son una figura y en ella encuentran su justificación. Somos cristianos, somos católicos, y por lo tanto, estamos obligados a vivir y a anunciar una Verdadera Navidad, el Nacimiento milagroso, en carne, del Hijo del Eterno Padre, para nuestra salvación, en un humilde Portal de Belén, que prolonga su Encarnación en cada Eucaristía. Si anunciamos algo distinto a esto, entonces estamos viviendo y anunciando una falsa navidad, una navidad pagana, una navidad no-cristiana.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Nuestra Señora de Guadalupe y la conversión eucarística

 



         En el curso de un exorcismo realizado en México, un demonio dijo al sacerdote exorcista: “Todo aquí –en México- me pertenecía hasta que llegó Ella”, refiriéndose a la Virgen de Guadalupe. El demonio, siendo como es, el “Padre de la mentira”, es mentiroso por esencia, pero en algunas oportunidades dice la verdad, como es en este caso: que todo en América era posesión del demonio, se puede constatar fácilmente, acudiendo a los libros de historia. En efecto, antes de la llegada de los Conquistadores y Evangelizadores de España, en América, sobre todo en Centroamérica y en Sudamérica, predominaban las religiones paganas, caracterizadas por los brutales rituales en los que se realizaban sacrificios humanos masivos. Estos sacrificios humanos eran parte de la religión y de la cultura de los aztecas, los mayas y los incas, entre otros pueblos indígenas. De hecho, cuando llegaron los españoles, con Hernán Cortés a la cabeza, una de las razones por las que ganaron los españoles es que se aliaron a ellos numerosas tribus indígenas, que eran esclavizadas por otras tribus indígenas, para tener material humano para sacrificar a los dioses. Estos dioses eran demonios, tal como lo dice la Escritura: “Los dioses de los paganos son demonios” (1 Cor 10, 20): por eso, cuando hacían sacrificios humanos a sus dioses, eran sacrificios humanos ofrecidos a los demonios, que se manifestaban como ídolos, a los que los indígenas rendían culto sangriento. Al revisar la historia, entonces, nos damos cuenta de que lo declarado por el demonio en el exorcismo era verdad: antes de la llegada de la Virgen, “todo” le pertenecía al demonio, porque las religiones predominantes eran las religiones paganas que, en el fondo, eran demoníacas. Hay otro dato que confirma el dominio del demonio en estas tierras en la era pre-hispánica: antes de las apariciones de la Virgen como Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego, las conversiones a Jesucristo eran muy escasas, pero a partir de las apariciones, los registros históricos dan cuenta de conversiones masivas al catolicismo, al punto que se afirma que, luego de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, se convirtieron a Jesucristo y su Iglesia unos ocho millones de indígenas.

         Las apariciones de la Virgen como Nuestra Señora de Guadalupe tiene, entonces, entre otras características, la de convertir el corazón del hombre, apegado a las cosas de la tierra y esclavizado al demonio por el pecado, a Jesucristo, Verdadero Hombre y Verdadero Dios, Nuestro Redentor y Nuestro Salvador.

         En nuestros días, en los que pareciera que todo está bajo el dominio del demonio, porque las leyes humanas promueven la cultura de la muerte –como por ejemplo, la ley del aborto-, es imperioso y urgente que elevemos nuestros ojos del alma a Nuestra Señora de Guadalupe, para que repita los portentos que realizó en la época de sus apariciones a Juan Diego y le roguemos a Nuestra Señora de Guadalupe que arrebate los corazones endurecidos por el pecado, que en cuanto tales están en poder del demonio y los convierta a Nuestro Señor Jesucristo. Le pidamos entonces a la Virgen de Guadalupe una gracia extraordinaria, para estos tiempos extraordinariamente malos que estamos viviendo: la gracia de la conversión eucarística del corazón, la gracia de la conversión de los corazones al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

sábado, 5 de diciembre de 2020

La Inmaculada Concepción y Madre de Dios Hijo

 


         Es muy importante tener presente la condición de la Virgen como Inmaculada, porque de ese dogma se derivan dos verdades esenciales de nuestra Fe Católica: la verdad de la Iglesia Católica como Esposa Mística del Cordero y la verdad de la Eucaristía como prolongación de la Encarnación del Verbo. Por esta razón, meditaremos brevemente en el significado de la Inmaculada Concepción y su relación con la Iglesia y la Eucaristía.

          Ante todo, debemos afirmar que la Virgen María tiene un doble privilegio, que no lo tiene ninguna otra creatura de la humanidad: fue concebida sin mancha de pecado original, es decir, con su humanidad –cuerpo y alma- purísima y además fue concebida como “Llena de gracia”, esto es, colmada del Espíritu Santo. Este privilegio doble no lo tuvo, no lo tiene y no lo tendrá ninguna otra creatura humana, hasta el fin de los tiempos. ¿Cuál es la razón de este doble privilegio de la Virgen? La razón es que la Virgen estaba predestinada, por la Santísima Trinidad, a ser la Madre de Dios, es decir, a ser la Madre humana de la Segunda Persona de la Trinidad, cuando ésta se encarnara en la plenitud de los tiempos. Puesto que el que se encarnaba era Dios Hijo –y en cuanto tal, Purísimo e Inmaculado, desde el momento en que es la Santidad Increada-, Aquella que estuviera destinada a ser su madre en la tierra, debía ser como Él -esto es, Pura e Inmaculada-, ya que Él no puede inhabitar en una naturaleza corrompida por el pecado. Por esta razón, la Virgen fue concebida sin pecado original, porque debía ser Purísima y purísimo debía ser su seno, para que en él inhabitara el Verbo Eterno del Padre, una vez que se encarnara, una vez que se uniera a una naturaleza humana. Pero tratándose de Dios Hijo, no bastaba que la Virgen fuera Purísima; no bastaba que su naturaleza humana no hubiera sido contaminada con la mancha del pecado original: al tratarse del Verbo del Padre, que es Quien espira al Espíritu Santo, el Amor de Dios, junto al Padre, desde la eternidad, Aquella que estuviera destinada a ser su madre en la tierra no podía tener un simple amor humano, aun cuando éste fuera purísimo, como lo era el amor del Corazón Inmaculado de María: debía inhabitar, como en el seno del Padre inhabita desde la eternidad, el Espíritu Santo, el Amor del Padre y es por esta razón que la Virgen fue concebida “Llena de gracia”, lo cual es lo mismo que decir “inhabitada por el Amor de Dios, el Espíritu Santo”. De esta manera, la Virgen habría de recibir al Verbo del Padre no sólo con su naturaleza sin mácula, sin mancha –un alma y un cuerpo humanos purísimos-, sino además llenos, plenos, inhabitados, por el Amor de Dios, el Espíritu Santo; en el Corazón de la Virgen Inmaculada debía arder el Amor de Dios y no meramente el amor humano de una madre humana perfecta, como lo era la Inmaculada Concepción. Es por esta razón que la Virgen fue concebida, además de Inmaculada, Llena de gracia, Llena del Amor de Dios, el Espíritu Santo, para que amara al Verbo de Dios con el mismo Amor con el que el Padre lo amaba desde la eternidad, el Espíritu Santo.

         Pero el prodigio de la Virgen no se detiene en Ella, porque si la Virgen fue concebida Inmaculada y Llena de gracia, así fue concebida la Iglesia, Inmaculada y Llena de gracia, al nacer del Costado traspasado del Salvador, para que la Iglesia alojara en su seno, el altar eucarístico, y lo custodiara con el Amor de Dios, el Espíritu Santo, al Hijo de Dios encarnado, la Eucaristía, así como la Inmaculada y Llena de gracia alojó en su seno virginal al Hijo de Dios, el Verbo hecho carne. Sólo de la Virgen Inmaculada y Llena de gracia podía surgir el Verbo Eterno del Padre hecho carne, Jesús y sólo de la Iglesia Católica, Inmaculada y Llena de gracia, podía salir el Verbo Eterno del Padre hecho carne, Jesús Eucaristía. Éstas son las razones por las que la Virgen y la Iglesia son Inmaculadas y Llenas del Espíritu Santo.

               Entonces, el que niega que la Virgen es Inmaculada y Llena del Espíritu Santo -como lo hacen los protestantes, por ejemplo-, niega la condición de la Iglesia como Esposa del Cordero y niega además a la Eucaristía como Presencia Real y substancial del Hijo de Dios encarnado. De ahí la importancia, para nuestra fe y nuestra vida espiritual, de creer firmemente en el Dogma de la Inmaculada Concepción.

jueves, 26 de noviembre de 2020

La Medalla Milagrosa de la Inmaculada Concepción, su significado y la gracia que debemos pedir

 



Breve historia de las apariciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré[1].

La primera aparición.

La historia de la Medalla Milagrosa comienza la noche entre el 18 y 19 de julio de 1830: el ángel de la guarda despertó a santa Catalina Labouré –que era novicia en la comunidad de las Hijas de la Caridad en París- y le dijo que fuera a la capilla. Allí, Catalina pudo contemplar a la Virgen María y conversó con ella por largo tiempo; durante la conversación María le dijo: “Mi niña, te voy a encomendar una misión”.

La segunda aparición.

La segunda aparición ocurrió la noche del 27 de noviembre de 1830. Catalina vio a María parada en lo que parecía ser la mitad de un globo y sosteniendo una esfera dorada en sus manos como si estuviera ofreciéndola al cielo. Nuestra Señora le explicó que la esfera representaba a todo el mundo, pero especialmente a Francia. En sus dedos, la Virgen tenía numerosos anillos, de los cuales salían muchos rayos de luz, los cuales, según la explicación de la misma Virgen, simbolizaban las gracias que ella obtiene para aquellos que las pidan. Sin embargo, algunas de las joyas en los anillos estaban apagadas, no emitían luz y esto significaba, según la Virgen, que eran gracias que estaban disponibles para las almas, pero que nadie las pedía.

La tercera aparición y la visión de la Medalla Milagrosa.

En la tercera aparición, Santa Catalina vio a la Virgen de la misma manera, pero ahora se agregaba una inscripción que decía: “Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti”. Entonces María dijo a Catalina: “Haz acuñar una medalla según este modelo. Quienes la lleven puesta recibirán grandes gracias, especialmente si la llevan alrededor del cuello”.

¿Cuál es el significado de la Medalla Milagrosa?

El significado de la parte frontal de la Medalla Milagrosa es el siguiente: María está de pie sobre un globo, aplastando la cabeza de una serpiente bajo sus pies: el globo simboliza el planeta tierra y el universo; el hecho de que Ella esté de pie sobre él, significa que la Virgen es Reina de cielos y tierra; la serpiente, a la cual la Virgen le aplasta la cabeza, es el Demonio, Satanás, el Ángel caído, llamado también Serpiente Antigua: significa que la Virgen, que es hecha partícipe del poder omnipotente de Dios, es la Mujer del Génesis, que “aplasta la cabeza de la serpiente” (cfr. Gn 3, 15). A su vez, la inscripción “Oh María, sin pecado concebida”,  hace referencia al dogma de la Inmaculada Concepción de María, el cual fue proclamado años más tarde, en 1854.

El significado del reverso de la Medalla Milagrosa es el siguiente: en el reverso hay doce estrellas que rodean una “M” grande, de la que surge  a su vez una cruz; hacia abajo, hay dos corazones con llamas surgiendo de ellos, un corazón está rodeado de espinas y el otro perforado por una espada. Las doce estrellas se refieren a los Apóstoles, que representan la Iglesia entera en torno a María. También nos recuerdan la visión descripta en Apocalipsis 12, 1, en donde se dice lo siguiente: “un gran signo apareció en el cielo, una mujer vestida con el sol, y la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas”. La Mujer vestida de sol es la Virgen y la corona de doce estrellas son los Apóstoles y la Iglesia entera. La cruz simboliza a Cristo y nuestra redención, con la barra bajo la cruz simbolizando la tierra. La “M” representa a María, y su inicial entrelazada con la cruz demuestra la estrecha participación de María con Jesús en la obra de la redención, por lo cual la Virgen puede y debe ser llamada “Corredentora”. Por último, los dos corazones representan a los Sagrados Corazones de Jesús y María y el amor –simbolizado en el fuego- que Jesús y María tienen para con nosotros.

La gracia que debemos pedir a la Medalla Milagrosa.

Habiendo conocido la historia de la Medalla Milagrosa y sabiendo cuántos dones, milagros y gracias ha concedido y concede todavía, debemos tener confianza en la Virgen como Mediadora de todas las gracias y llevar la Medalla Milagrosa alrededor del cuello. Además, debemos estar confiados en que la Virgen nos concederá las gracias que le pedimos, si están en conformidad con la Voluntad de Dios. ¿Qué gracia pedirle a la Virgen? Tal vez tengamos una larga lista de gracias para pedirle a la Virgen, seguros de que nos las conseguirá, por ser la Mediadora de todas las gracias, pero hay una, en particular, que debemos pedir en primer lugar, y es la más importante de todas: la gracia de la conversión a Jesucristo, Nuestro Dios y Redentor, Nuestro Dios y Salvador, Presente en la Sagrada Eucaristía en Persona, con su Cuerpo, Sangre Alma y Divinidad. La primera gracia que le debemos pedir a la Virgen, para nosotros y para nuestros seres queridos, es la gracia de la conversión eucarística. Y todo lo demás “se dará por añadidura” (Mt 6, 33).

 

domingo, 11 de octubre de 2020

Nuestra Señora del Pilar y la gloriosa Conquista y Evangelización de América por España

 


          ¿Cuál es el origen de la devoción de la Virgen como “Nuestra Señora del Pilar”? El origen es el siguiente: según documentos del siglo XIII, el Apóstol Santiago, El Mayor, hermano de San Juan, viajó a España a predicar el evangelio (año 40 d.C.), y estando allí, una noche la Virgen María se le apareció en un pilar[1], sostenida y rodeada de ángeles y con una estatuilla de madera en las manos. Es decir, no se trató de una aparición, puesto que la Virgen aún no había sido asunta al Cielo en cuerpo y alma y todavía vivía en Jerusalén. Por lo tanto, se trató o de una traslación, o de una bi-locación de la Virgen.

          Sea una cosa o la otra, lo cierto es lo que nos cuenta la Tradición: que Santiago había llegado a Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, y una noche, estando en profunda oración junto a sus discípulos a orillas del río Ebro, la Santísima Virgen María se manifestó sobre un pilar, acompañada por un coro de ángeles.

Fue entonces cuando la Virgen le habló al Apóstol pidiéndole que se le edificase ahí una iglesia con el altar en derredor al pilar y expresó: “Este sitio permanecerá hasta el fin del mundo para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que imploren mi ayuda”. También se cree que la Virgen le dio al Apóstol una pequeña estatua de madera.

El lugar, ha sobrevivido a invasiones de diferentes pueblos y a la Guerra Civil española de 1936-1939, cuando tres bombas cayeron sobre el templo y no estallaron. Luego de la aparición, Santiago junto a sus discípulos comenzaron a construir una capilla en donde se encontraba la columna, dándole el nombre de “Santa María del Pilar”. Este fue el primer templo del mundo dedicado a la Virgen. Después de predicar en España, Santiago regresó a Jerusalén. Fue ejecutado por Herodes Agripas alrededor del año 44 d.C. siendo el primer apóstol mártir, luego de lo cual, sus discípulos tomaron su cuerpo y lo llevaron a España para su entierro. Siglos después el lugar fue encontrado y llamado Compostela (campo estrellado). A su vez, el primer santuario sobre la tumba de Santiago lo ordenaron construir el rey Alfonso II, El Casto de Asturias,  y el obispo Teodomiro en el siglo IX. Hoy se encuentra una magnífica catedral en sitio.

          Esto es en lo que se refiere al origen histórica de la devoción de Nuestra Señora del Pilar, pero además de la historia, la devoción tiene un significado sobrenatural y místico que no puede dejarse de lado, so pena de olvidar la esencia de la devoción.

          Gracias a esta traslación o bilocación de la Virgen, por medio de la cual entregó el pilar y la imagen de la Virgen al Apóstol Santiago, es que la nación ibérica, que luego sería España, se convirtió al catolicismo y gracias a que se convirtió al catolicismo, es que España, con los años, luego de vencer a los judíos y a los musulmanes, emprendió la más grande empresa jamás realizada por una nación en la tierra y es la Conquista y Evangelización de América. Gracias a esta empresa colosal y sobrehumana -si España no hubiera sido asistida por el Cielo no podría haber llevado a cabo la fabulosa obra de Conquista y Evangelización de América-, es que los pueblos indígenas que habitaban en América, no solo se vieron libres de la esclavitud humana y demoníaca a la que estaban sometidos -por ejemplo, los aztecas y los mayas hacían permanentes guerras para luego practicar el canibalismo y el sacrificio ritual humano a los dioses paganos, que en realidad eran demonios-, sino que recibieron un don inimaginable, el don de la fe católica, el don de la fe en el Hombre-Dios Jesucristo, Redentor de la humanidad y en su Madre, la Virgen, como en su Iglesia, la Iglesia Católica.

          Por todo esto, debemos dar gracias al Cielo, por el don de la devoción a Nuestra Señora del Pilar y por el don de la Conquista y Evangelización de América por parte de España, gracias a la cual millones de seres humanos se convirtieron no solo en parte del Imperio Español, sino ante todo en hijos adoptivos de Dios y herederos del Cielo. Y la mejor acción de gracias es la Santa Misa, renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio de la Cruz, sacrificio por el cual fuimos liberados de nuestros tres grandes enemigos: el Demonio, la Muerte y el Pecado. Por habernos traídos la fe católica, sea por siempre bendita la Madre de Dios, Nuestra Señora del Pilar y sea bendita por siempre nuestra Madre Patria, España.