domingo, 5 de abril de 2026

Novena a Nuestra Señora del Valle 2026 2

 



         Como cristianos y católicos tenemos, para nuestra vida cotidiana de cristianos, un modelo ejemplar para seguir y es el de la Inmaculada Concepción; la Virgen es modelo para toda nuestra vida, pero sobre todo es modelo para el acto más importante para todo cristiano y es el momento de la Comunión Eucarística.

         Para saber de qué manera la Virgen es nuestro modelo en la Comunión Eucarística, podemos meditar brevemente en el Anuncio del Ángel Gabriel a la Virgen y en la Encarnación del Verbo que le sigue a continuación.

         En el momento en el que el Ángel Gabriel le anuncia a la Virgen que Ella, por designio de la Trinidad, había sido la Elegida para ser la Madre de Dios por obra del Espíritu Santo, la Virgen, deseando cumplir en todo momento la Santa Voluntad de Dios, dijo inmediatamente “Sí” a la Divina Voluntad de Dios; luego del “Sí” a la Voluntad Divina y antes de que el Hijo Eterno del Padre se encarnara en su seno, en su cuerpo virginal y purísimo, la Virgen recibió en primer lugar a la Palabra Eterna de Dios, tanto en su Mente Sapientísima como en su Inmaculado Corazón.

         La Virgen recibió a la Palabra de Dios en primer lugar en su Mente Sapientísima y esto se debe a que Ella estaba iluminada por el Espíritu Santo; en consecuencia, no dudó en ningún momento acerca de los planes divinos de la Redención expresados en la voluntad de Dios y por esto no puso ni dudas, ni objeciones, ni preguntas al Ángel; la Mente de la Virgen estaba tan colmada de la Divina Sabiduría, que sabía que Dios no solo no podía hacer ningún mal, sino que su Voluntad era siempre Santa y así la Virgen conformaba su propia voluntad a la Voluntad de Dios. Nunca hubo en la Virgen un juicio propio que, por impertinencia y orgullo obstaculizara o entorpeciera a la Verdad divina de la Encarnación del Verbo en su seno virginal. Y aquí es en donde la Virgen es nuestro modelo y ejemplo: al igual que Ella no dudó de la Palabra de Dios que habría de encarnarse en su seno purísimo, así también nosotros, antes de recibir la Sagrada Comunión, no debemos dudar en lo más mínimo acerca de la Verdad de la Presencia real, verdadera y substancial, de la Palabra de Dios Eternamente pronunciada, Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía, que está Presente en la Eucaristía con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Pero no solo debemos creer firmemente en esta Verdad Revelada, sino que al mismo tiempo debemos rechazar firmemente todo pensamiento propio o ajeno que sea contrario a esta Verdad revelada. Así como la Virgen recibió en su Mente Sapientísima la Verdad de la Palabra de Dios encarnada, es decir, la Verdad de que se iba a encarnar en su seno purísimo de modo real y substancial la Persona Segunda de la Trinidad, del mismo modo, nunca debemos contaminar esta Verdad de Fe de la Presencia real y substancial del Hijo de Dios en la Eucaristía, alejando de nuestras mentes toda duda o cualquier clase de herejías, errores, falsedades, acerca de la Eucaristía, ajustando nuestra débil mente, en un todo, a lo que Santa Madre Iglesia nos enseña a través del Catecismo, el Magisterio y la Tradición sobre la Eucaristía y así, dando nuestro “Sí” a la prolongación de la Encarnación del Verbo en la Eucaristía, pasar a comulgar.

         Entones, ante el Anuncio del Ángel, la Virgen, con su Mente iluminada por el Espíritu Santo, conoció la Verdad del plan divino, que era la Encarnación de la Palabra de Dios en Ella y la aceptó de inmediato, sin oposición alguna; pero la Virgen no solo concibió a la Palabra de Dios en su Mente, sino que la concibió también en su Inmaculado Corazón, amando la Palabra de Dios y la Divina Voluntad con su propia voluntad y querer. Esto significa que la Virgen, con su Inmaculado Corazón lleno del Amor Divino, el Espíritu Santo, amó a la Palabra de Dios encarnada por ser voluntad de Dios, y amó la Palabra de Dios por ser la Palabra de Dios, engendrada en el seno eterno del Padre y nada amó que no fuera a esta Palabra de Dios y si algo amó fuera de ella, lo hizo por Dios, en Dios y para Dios. También aquí la Virgen es nuestro modelo porque al igual que Ella, también nosotros, en el momento de recibir la Sagrada Comunión, debemos amar a la Palabra de Dios encarnada en la Eucaristía, debemos amar a la Palabra de Dios que prolonga su Encarnación en la Eucaristía y solo debemos amar a esta Palabra Eterna del Padre encarnada en el Sacramento del Altar y solo a Ella y si algo amamos por fuera de la Eucaristía, debemos amarlo por, con y en la Eucaristía, descartando de raíz todo amor impuro y profano.

         La Virgen, finalmente, luego de recibir con su Mente Sapientísima, libre de errores, y con su Corazón Inmaculado, lleno del Amor de Dios, a la Palabra de Dios que habría de encarnarse en su seno purísimo, la Virgen recibió a esta Palabra de Dios en su Cuerpo Purísimo y Virginal, convirtiéndose así en Tabernáculo Viviente y Sagrario amantísimo del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Así también nosotros, en el momento de recibir la Sagrada Comunión, reafirmando primero la Verdad Eterna de la Presencia real de Jesús en la Eucaristía y amando esta Verdad con todo el amor que sea posible en nuestro pobre corazón, luego de ser santificados por la gracia, convirtiendo nuestros cuerpos en templos del Espíritu Santo por la gracia santificante y la pureza de cuerpo y alma, debemos recibir en la boca, es decir, en el cuerpo, a la Palabra de Dios que prolonga su Encarnación en la Eucaristía, Nuestro Señor Jesucristo. Por todo esto, la Inmaculada Concepción es nuestro modelo para la Comunión Eucarística.

 

 


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