Mostrando entradas con la etiqueta Santo Rosario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santo Rosario. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de octubre de 2024

Razones para rezar el Santo Rosario


 


         Hay varias razones por las cuales debemos rezar el Santo Rosario.

         Una primera razón es que el Rosario no es una oración inventada por los hombres, sino que es una oración traída desde el Cielo por la Virgen a Santo Domingo de Guzmán, lo cual quiere decir que es una oración de origen celestial, divino, que agrada infinitamente a Dios, mucho más que cualquier oración inventada por los hombres;

         También es la misma Virgen da los motivos por los cuales debemos rezar el Rosario: ilumina nuestras mentes con la Luz Eterna de la Verdad Absoluta de su Hijo Jesús, que es la Sabiduría del Padre y así nos evita caer en los errores de la herejía, del cisma, de la apostasía, del modernismo y del progresismo, que nos apartan de la Verdad Revelada por Nuestro Señor Jesucristo;

         La Virgen le dijo a Santo Domingo de Guzmán que por el Rosario se convertirían hasta los pecadores más empedernidos, lo cual quiere decir que por el Rosario la Virgen actúa en los corazones más endurecidos por el pecado, intercediendo para que se conviertan a Nuestro Señor Jesucristo y así salven sus almas;

         También le dijo la Virgen que por el Rosario se librarían muchas almas del Purgatorio, lo cual significa que cada vez que rezamos el Rosario, no solo obtenemos el alivio de numerosas almas, sino que esas almas luego convertidas en santas, interceden por nosotros y por nuestros seres queridos, devolviéndonos el ciento por uno y eso es lo que se llama la “Comunión de los santos”, el intercambio de bienes espirituales gracias al sacrificio de Nuestro Señor en la Cruz;

         La Virgen le dijo a Santo Domingo que “todo lo que se pidiera en el Santo Rosario sería obtenido”, por supuesto si es que es conveniente a nuestras almas, a nuestra eterna salvación y si así lo quiere la Divina Voluntad, pero como Dios quiere que todos nos salvemos, si pedimos en el Rosario el bien más grande que podemos pedir, para nosotros y para nuestros seres queridos, y para todo prójimo, que es la eterna salvación de nuestras almas, debemos tener la plena convicción de que por la Divina Misericordia la conseguiremos, rezando el Santo Rosario;

         El Santo Rosario es un ramo de rosas espirituales que ofrendamos a Nuestra Madre del Cielo, la Virgen, porque cada Ave María es una rosa espiritual y de esa manera mostramos nuestra gratitud y nuestro amor a nuestra amada Madre celestial, María Santísima;

         Es la oración que más le agrada a la Virgen, porque le recuerda el momento más hermoso de su vida, el momento en el que el Ángel Gabriel le anunció, de parte de Dios, que iba a ser la Madre de Dios por obra del Espíritu Santo, al ser elegida para ser Morada del Verbo de Dios;

Por el Rosario contemplamos los misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo y también los de la Virgen, y así aprendemos de sus infinitas virtudes, para tratar de imitarlos en nuestras vidas diarias;

Pero, además, por el Rosario no solo contemplamos los sagrados misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, sino que misteriosamente la Virgen nos hace participar de ellos, por lo que el Santo Rosario es la mejor preparación para participar, con el cuerpo y con el alma, del Santo Sacrificio de la Misa, el Sacrificio del Cordero; Cristo Jesús;

         Por el Rosario, la Virgen modela, sin que nos demos cuenta, de forma silenciosa, como hace el alfarero con la arcilla, nuestros corazones, transformándolos, de corazones de piedra, en corazones de carne y en corazones similares a los Sagrados Corazones de Jesús y María, convirtiéndolos en corazones semejantes a los Corazones de Jesús y María, que es el objetivo de todo cristiano, ser una copia viviente de Jesús y María;

         Por el Rosario la Virgen nos cierra las puertas del Infierno y nos abre las Puertas del Cielo, además de acortar nuestros días en el Purgatorio;

         Por el Rosario la Virgen prepara cada vez más nuestras almas para ingresar en el Reino de los cielos;

         Por el Rosario, la Virgen nos enseña cómo amar, alabar, adorar a su Hijo Jesucristo, aquí en la tierra, en la Sagrada Eucaristía y luego en el Cielo, por la eternidad;

         Por último, la Virgen le prometió a Santo Domingo de Guzmán que a los devotos del Santo Rosario que además de rezarlo, hicieran el apostolado de propagarlo y de difundirlo, Ella misma en persona acudiría a socorrerlos en cada una de sus necesidades; de esta manera vemos cómo, quien no solo reza el Rosario, sino que además lo propaga, tiene como Auxiliadora nada menos que a la Santísima Madre de Dios.

         Todos estos motivos son más que suficientes para rezar el Santo Rosario, la oración celestial más hermosa luego de la Santa Misa y de la Adoración Eucarística.


viernes, 12 de mayo de 2023

Nuestra Señora de Fátima y el castigo de Dios

 

   

         Recientemente, un religioso que ocupa un alto cargo en una Academia Pontificia, declaró que todas las apariciones de la Virgen donde se anunciaba un castigo de Dios, eran falsas: “Fray Stefano Cecchin, ofm, presidente de la Pontificia Academia Mariana, ha concedido una entrevista al semanal Alfa y Omega, en la que, entre otras cosas, asegura que “las apariciones que hablan de castigos de Dios son absolutamente falsas”[1]. Esta afirmación es contraria a la Tradición, al Magisterio y a las Escrituras y, por lo tanto, no la vamos a aceptar; entre otras cosas, cabría preguntarse si estas declaraciones decretan como falsas las apariciones de la Virgen en Fátima, Akita y La Salette, en donde se habla de “castigo divino”, de “condenación eterna”, de “ira de Dios”. Estas declaraciones abarcarían no solo a la Devoción a la Divina Misericordia, sino que incluso al mismo Señor Nuestro Jesucristo, quien en el Evangelio habla igual o incluso más, acerca del Infierno y del Reino de las tinieblas, es decir, Jesús habla más de la eterna condenación en el Infierno, que la salvación en el Cielo y habla más del Reino de las tinieblas, que del Reino de los cielos.

         Habiendo dicho esto, haremos referencia, brevemente, a los que consideramos que son los elementos centrales de las Apariciones de Fátima. En estas apariciones de la Virgen, aprobadas por la Santa Iglesia Católica, hay cuatro elementos centrales: devoción piadosa -comunión de rodillas- y con amor a Jesús Eucaristía; rezo del Santo Rosario por la conversión de pecadores; penitencia y sacrificios por conversión de pecadores; existencia del Infierno y condenación eterna como consecuencia de despreciar los Mandamientos y los Sacramentos de la Iglesia Católica.

         La piedad, la devoción, el amor y la fe a la Eucaristía, es un elemento central, tal vez el principal, en las Apariciones de Fátima: antes de aparecerse la Virgen, se aparece el Ángel de Portugal por tres veces; en la tercera aparición del Ángel, el Ángel trae la Eucaristía y el Cáliz y antes de darles la Sagrada Comunión a los niños, deja suspendidos en aire a la Eucaristía y el Cáliz y se postra en tierra, con la frente tocando el suelo y les enseña a los Pastorcitos las oraciones eucarísticas de adoración y reparación. La tercera aparición ocurrió al final del verano o principio del otoño de 1916, nuevamente en la Gruta del Cabeço y, siempre de acuerdo con la descripción de la Hermana Lucía[2], transcurrió de la siguiente forma: “En cuanto llegamos allí, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo...”. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración cuando advertimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos incorporamos para ver lo que pasaba y vemos al Ángel trayendo en la mano izquierda un cáliz sobre el cual está suspendida una hostia de la que caían, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los infinitos méritos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores”. Después se levantó, tomó de nuevo en la mano el cáliz y la hostia, y me dio la hostia a mí. Lo que contenía el cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo: “Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios”. De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: “Santísima Trinidad...”. Y desapareció. Llevados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía, imitábamos al Ángel en todo, es decir, nos postrábamos como él y repetíamos las oraciones que él decía. La fuerza de la presencia de Dios era tan intensa, que nos absorbía y aniquilaba casi por completo. Parecía como si nos hubiera quitado por un largo espacio de tiempo el uso de nuestros sentidos corporales. En esos días, hasta las acciones más materiales las hacíamos como llevados por esa misma fuerza sobrenatural que nos empujaba. La paz y felicidad que sentíamos era grande, pero sólo interior; el alma estaba completamente concentrada en Dios. Y al mismo tiempo el abatimiento físico que sentíamos era también fuerte”.

         El otro mensaje de Fátima es el pedido de oración, específicamente, del Santo Rosario, diciéndoles así la Virgen: “Soy del Cielo (…) Vas al Cielo y Jacinta y Francisco también (…) Cuando recéis el Rosario, diréis después de cada misterio: ¡Oh Jesús (…) lleva todas las almas al Cielo!”[3] y también la oración de reparación por las ofensas cometidas por los hombres contra Dios Uno y Trino. En la primera aparición del Ángel, se les enseña a los niños cómo rezar, en adoración y reparación a Dios; ocurrió en la primavera o en el verano de 1916, en una gruta del “outeiro do Cabeço”, cerca de Aljustrel, y se desarrolló de la siguiente manera, conforme narra la Hermana Lucía: “Sólo habíamos jugado unos momentos cuando un viento fuerte sacude los árboles y nos hace levantar la vista para ver qué pasaba, pues el día estaba sereno. Comenzamos a ver, a cierta distancia, sobre los árboles que se extendían en dirección al este, una luz más blanca que la nieve, con la forma de un joven transparente más brillante que un cristal atravesado por los rayos del sol. A medida que se aproximaba fuimos distinguiendo sus facciones: era un joven de unos catorce o quince años, de una gran belleza. Estábamos sorprendidos y absortos; no decíamos ni una palabra. Al llegar junto a nosotros nos dijo: “No temáis, soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo”. Y arrodillándose, inclinó su frente hasta el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, le imitamos y repetimos las palabras que le oímos pronunciar: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”. Después de repetir esto tres veces se irguió y dijo: “Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas”. Y desapareció. El ambiente sobrenatural que nos rodeaba era tan intenso, que casi no nos dimos cuenta de nuestra propia existencia durante mucho tiempo y permanecimos en esta posición en que nos había dejado repitiendo siempre la misma oración. La presencia de Dios se sentía tan intensa y tan íntima que ni entre nosotros nos atrevíamos a hablar. Al día siguiente todavía sentíamos nuestro espíritu envuelto por esa atmósfera, que sólo muy lentamente desapareció”[4].

         Otro elemento central en las Apariciones de Fátima es la importancia de la penitencia y del sacrificio. La segunda aparición del Ángel ocurrió en el verano de 1916, sobre el pozo de la casa de los padres de Lucía, junto al cual jugaban los niños. Así narra la Hermana Lucía lo que entonces les dijo el Ángel a ella y a sus primos: “¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios. ¿Cómo nos tenemos que sacrificar?, pregunté. “De todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así la paz sobre vuestra patria. Yo soy su ángel de la guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con resignación el sufrimiento que Nuestro Señor os envíe. Y desapareció. Estas palabras del Ángel se grabaron en nuestro espíritu como una luz que nos hacía comprender quién era Dios, cómo nos amaba y quería ser amado; el valor del sacrificio y cómo le era agradable; y cómo en atención a él, convertía a los pecadores”[5].

Por último, un elemento también central en Fátima es la existencia del Infierno, realidad y existencia que es un dogma de fe de la Iglesia Católica, sin cuya creencia nos apartamos de esta Santa Fe. De modo concreto, en las Apariciones de Fátima, la Virgen no se anda con vueltas con respecto a la pedagogía con los niños o si estos tal vez quedarían “traumatizados” si supieran del Infierno, todos argumentos modernistas para ocultar la existencia del Infierno a los niños: la Virgen los lleva al Infierno, en donde los niños, cuyas edades iban desde los siete años -Jacinta- hasta los ocho o nueve, ven, con sus propios ojos, el Infierno, ven el lago de fuego, ven caer a las almas en el lago de fuego, “como copos de nieve”, ven a los demonios atormentando a las almas condenadas. Dice así la Hermana Lucía con respecto a la visión sobre el Infierno en Fátima: “Fue el día 13 de julio de 1917, después de haber dicho estas palabras: “Sacrificaos por los pecadores, y decid muchas veces, en especial cuando hicierais algún sacrificio: Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en desagravio por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”. Al decir estas últimas palabras, escribe Sor Lucía, abrió de nuevo las manos como en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o broceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas de las llamas que de ellas misma salían, juntamente con nubes de humo cayendo por todos los lados, semejantes al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debe haber sido a la vista de esto cuando di aquel “ay”, que dicen haberme oído). Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa. Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora, que nos dijo entre bondadosa y triste: «Habéis visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”[6].

 

“Mar de fuego, formas horribles de los demonios, gritos de desesperación”: lo que vieron los pastorcitos corresponde perfectamente con las penas físicas y morales que sufren para siempre los que murieron en estado de pecado mortal. Y con respecto al Infierno, hay que decir que es una muestra de que Dios SÍ castiga, sí castiga al ángel rebelde y al ser humano rebelde, que muere voluntariamente en pecado mortal, porque voluntariamente no quiere recibir el Amor de Dios. Entonces, decir que una aparición mariana es falsa porque anuncia el castigo de Dios, es una afirmación temeraria, falsa, modernista, contraria a la Santa Fe Católica.

Reparemos las ofensas a los Sagrados Corazones de Jesús y María; reparemos por nuestros propios pecados y por los pecados de los demás; hagamos adoración eucarística, pidamos nuestra conversión eucarísica, recemos el Santo Rosario, hagamos sacrificios y penitencias por las conversiones de los pecadores, pidamos insistentemente la gracia de perseverar en la Santa Fe Católica hasta el último día de nuestras vidas y de perseverar en la gracia y en las obras de misericordia, para así evitar el castigo divino, el Infierno eterno.

        

 

martes, 4 de octubre de 2022

Apariciones de la Virgen donde pide el rezo del Santo Rosario

 



          La Santísima Virgen María, la Madre de Dios, es Madre de la Iglesia y Madre de todos los bautizados; es Madre de todos los hijos adoptivos de Dios. Hay una tendencia, dentro de la Iglesia Católica, no inspirada por el Espíritu Santo, a rebajar a la Virgen como una “simple muchacha de Nazareth”, como una “mujer de Palestina”; eso es contrario al designio de Nuestro Señor Jesucristo y una grave ofensa contra la Virgen, porque Nuestro Señor la constituyó en Madre de todos los Pueblos cuando, antes de morir, le dijo a Juan, en quien estaba representada toda la humanidad: “Hijo, ahí tienes a tu Madre”. Por esta razón, porque es Madre de la Iglesia y de Todos los Pueblos, la Virgen tiene una importancia que trasciende sobrenaturalmente a la de una simple creatura humana y es por esto que, entre otras cosas, sus advertencias deben ser tenidas en cuenta, porque son advertencias del Cielo mismo y si bien se dirigen en primer lugar a los miembros de la Iglesia Católica, están también dirigidas a toda la humanidad.

          Entre sus advertencias, está el pedido del rezo del Santo Rosario y así lo demuestra en sus múltiples apariciones a lo largo y ancho del mundo y en toda época: la Virgen ha dejado en sus apariciones numerosos mensajes, pero en todos, sin excepción, pide el rezo del Santo Rosario. Por eso, no puede llamarse “devoto de la Virgen” y mucho menos “hijo de la Virgen”, el que no reza el Santo Rosario todos los días, sin importar ni la edad -Santa Teresita de Lisieux lo rezaba desde antes de los tres años de edad-, ni la condición social -lo han rezado desde plebeyos hasta reyes y papas-, ni ninguna otra condición o circunstancia.

          Estas son las apariciones de la Virgen en donde, en persona, pide que los bautizados, los hijos de la Iglesia, los hijos de Dios, recemos el Santo Rosario, para vencer al Demonio y para atraer la paz, el Amor, la Verdad de Dios sobre nuestras vidas y sobre el mundo entero.

          A Santo Domingo de Guzmán, la Virgen se le aparece y le enseña el rezo del Santo Rosario, para derrotar a la herejía albigense y lograr la conversión de los herejes; en nuestros tiempos, las herejías dentro de la Iglesia se han multiplicado casi al infinito, razón de más para rezar el Santo Rosario; al Beato Alan de La Roche, dos siglos después, se le aparece para pedirle que se rece el Santo Rosario para así obtener las gracias del Cielo, sobre todo las necesarias para morir en gracia, evitar la condenación en el Infierno y entrar en el Reino de Dios.

          La Victoria de Lepanto, de la catolicidad sobre el Islam, es atribuida por el Santo Padre a una intervención milagrosa de la Virgen, por medio del Santo Rosario, ya que el ejército musulmán era casi diez veces más grande que el ejército de la Iglesia Católica; la Virgen se le aparece al Beato Beato Bartolo Longo, que hasta entonces era practicante del espiritismo, de la magia negra, del ocultismo y de la brujería: el Beato se convierte al instante y recibe como misión la propagación del rezo del Santo Rosario a través de la devoción de la Virgen conocida como “Nuestra Señora de Pompeya”.

          A Bernardita Soubirous, en Lourdes, además de revelarse como la “Inmaculada Concepción”, la Virgen se aparece con un Rosario en las manos y le enseña a Bernardita a rezarlo, como forma de hacer reparación por las ofensas de los hombres contra Dios y como forma de alcanzar las gracias que se necesitan en esta vida.

          En las apariciones de La Salette, además de pedir el rezo del Rosario, la Virgen llora amargamente delante de los niños, por los cristianos que se condenan por el pecado mortal de no asistir a Misa los domingos y por la insolencia satánica de los hombres de blasfemar continuamente contra el Nombre Tres veces Santo de Dios y contra la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

A los Pastorcitos de Fátima, además de enseñarles a adorar la Presencia real, verdadera y substancial de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía, les pidió insistentemente que se rezara el Rosario, para que los pecadores se conviertan y no caigan en el lago del fuego eterno, el Infierno.

En Akita, Japón, considerada continuación de las apariciones de Fátima, pide con insistencia el rezo del Santo Rosario, para evitar el castigo divino que es causado por los innumerables pecados de los hombres.

En Kibeho, Ruanda, pide que se conviertan a Jesucristo Eucaristía, que recen el Rosario y que dejen de practicar la brujería, porque así atraen la Ira Divina sobre los hombres, profecía que se cumplió porque no se hizo caso de sus advertencias y al poco tiempo se produjo el genocidio en Ruanda, entre los hombres sin Dios, que dejaron más de un millón de muertos.

En El Escorial, España, advierte de la inminencia de un castigo divino a la humanidad, porque no se reza ni se vive según la Ley de Dios, porque no se reza y porque se cometen los más abominables crímenes, cayendo innumerables almas, todos los días, al Infierno, porque no hay apenas quien rece el Rosario pidiendo por la conversión de los pobres pecadores.

En San Nicolás de los Arroyos, Argentina, la Virgen pide que se rece el Rosario, como medio de la preparación espiritual para la Segunda Venida de su Hijo, para la conversión de los pecadores y para evitar o atenuar el Castigo Divino sobre la humanidad.

Por todo esto, nadie se puede decir “devoto de la Virgen” o “hijo de la Virgen”, sino reza el Santo Rosario todos los días.

 

viernes, 26 de agosto de 2022

Razones para rezar el Santo Rosario todos los días

 



         Hay diversas razones para rezar el Santo Rosario todos los días; la principal de ellas, son las promesas que la Santísima Virgen promete conceder a Santo Domingo de Guzmán, cuando le entregó el Santo Rosario como oración de la Iglesia.

         Podríamos agregar brevemente otras más: por el Santo Rosario, glorificamos a la Trinidad, con el rezo del Gloria y esta glorificación es algo que debemos hacer como católicos, más allá de si recibimos o no dones de la Trinidad, porque aun si Dios no nos concediera ningún favor, que sí lo hace y en abundancia, deberíamos adorarlo y glorificarlo solo por lo que Dios es, Dios Tres veces Santo de infinita Bondad y Santidad.

Otra razón es que, por el Santo Rosario, a través del Avemaría, alegramos el Corazón Inmaculado de María, porque el Avemaría le recuerda el momento más hermoso para Ella, que es cuando el Ángel Gabriel le anuncia que será Madre de Dios, permaneciendo Ella Virgen.

Otra razón es que, por medio del Santo Rosario, no solo meditamos en los misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo –cuando vemos el contenido de los misterios del Santo Rosario, nos damos cuenta de que repasamos los principales misterios de la vida de Jesús, sino también los de la Virgen-, sino que también, de modo misterioso y a través del Inmaculado Corazón de María, somos hechos partícipes de esos misterios y esto es importantísimo para nuestra vida espiritual, porque esto quiere decir que, por medio del Rosario, la Virgen nos concede las gracias que necesitamos para configurar nuestros corazones a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Por ejemplo, quien sea propenso a la ira, obtendrá del Santo Rosario la virtud de la mansedumbre del Sagrado Corazón de Jesús.

Por estas razones y otras más, debemos rezar el Santo Rosario todos los días.

viernes, 13 de mayo de 2022

Las Apariciones de Fátima confirman la fe de la Iglesia en la existencia del Infierno como lugar de castigo eterno para los impenitentes

 



Muchos malos católicos, entre ellos, sacerdotes y laicos, niegan verdades de fe cuando enseñan el Catecismo, por el falso escrúpulo de no “traumatizar” o “escandalizar” a los que reciben la formación catequética. Pero entonces, ¿qué podemos decir de la Virgen María, quien fue Ella la que llevó a los niños al Infierno, para que tuvieran una experiencia mística del mismo? Es decir, la Virgen no les habló simplemente del Infierno, sino que los llevó a ese lugar y los hizo contemplar su horror. Si la Virgen hace esto, nosotros no podemos, de ninguna manera, omitir la enseñanza de la Iglesia acerca de esta verdad de fe.

Dentro del contexto de las Apariciones, el 13 de julio de 1917 la Virgen de Fátima mostró a los tres pastorcitos Lucía, Francisco y Jacinta, en la Cova da Iria (Portugal), una visión del infierno que muestra las trágicas consecuencias que trae la falta de arrepentimiento y lo que espera en el mundo invisible a quienes no se convierten[1]. Esta visión, mostrada en la tercera de las apariciones de Fátima, dio a conocer a los pequeños un secreto en tres partes. En la primera parte del secreto, donde el infierno fue mostrado, Nuestra Señora les dio a los niños una manera de ayudar a otros para que no se condenen: “Hagan sacrificios por los pecadores, y digan seguido, especialmente cuando hagan un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”. La Virgen les enseña a los niños a hacer sacrificios y a rezar para precisamente evitar que los pecadores caigan en el Infierno.

En el libro La verdadera historia de Fátima del P. John de Marchi, se relata cómo el padre de la pastorcita Jacinta, Ti Marto, presenció lo ocurrido en Cova da Iria aquel día. Recordó que “Lucía jadeó de repente horrorizada, que su rostro estaba blanco como la muerte y que todos los que estaban allí la oyeron gritar de terror frente a la Virgen Madre, a quien llamaba por su nombre. Los niños miraban a su Señora aterrorizada, sin palabras, e incapaces de pedir socorro por la escena que habían presenciado”. Tiempo después y a petición del obispo de Leiría, Sor Lucía describió cómo fue la visión: “Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo (debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la gente que hice). Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a miedosos animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente: ‘Ustedes han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si ustedes hacen lo que yo les diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz’”.

Luego, después de la visión, María les indicó una oración esencial para ayudar a los pecadores: “Cuando ustedes recen el Rosario, digan después de cada misterio: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu infinita Misericordia”. El P. de Marchi señaló que los niños comprendieron por qué la Virgen de Fátima pidió orar y hacer sacrificios por los pecadores. “Haz esto”, decía la Señora. “Es una cosa grande, buena y amorosa, y agradará a Dios que es Amor”.

A partir de la visión del Infierno, los niños comprendieron que sus oraciones y sacrificios tenían una enorme importancia para salvar almas y evitar que cayeran en ese lago de fuego. A partir de entonces, rezaron constantemente, todos los días, haciendo sacrificios y penitencias por las almas de los que no se convierten a Cristo, de los que faltan a Misa por pereza, de los que viven en el pecado en cualquiera de sus formas.

Además de la visión del infierno del 13 de julio de 1917, el mensaje de la Virgen de Fátima indica que se debe orar el Rosario todos los días, hacer sacrificios y orar por los pecadores, practicar la devoción de los 5 primeros sábados de mes en honor del Inmaculado Corazón de María, y la consagración personal también a su Inmaculado Corazón.

Esta visión del Infierno nos confirma la enseñanza bimilenaria de la Iglesia de la existencia de ese lugar de castigo, nos enseña que ese lugar no está vacío, pero nos enseña también que, por amor a esas almas, debemos rezar el Rosario, hacer penitencia y consagrarnos al Inmaculado Corazón de María, para que las almas no se condenen eternamente en el Infierno, sino que se salven y vayan al Reino de los cielos, junto con Jesús y María.

 

martes, 3 de mayo de 2022

Nuestra Señora de Fátima nos enseña a adorar a la Eucaristía, a rezar el Rosario y a evitar el Infierno

 



         En las Apariciones de Nuestra Señora de Fátima hay diversas enseñanzas por parte del Cielo, pero podemos considerar que tres de ellas son centrales y forman la esencia de estas Apariciones: la Adoración Eucarística, el rezo del Santo Rosario y la confirmación de la existencia del Infierno y el peligro real de caer en él. Por esta razón, meditaremos brevemente sobre estos tres temas.

         En cuanto a la Adoración Eucarística, las Apariciones de Fátima son explícitas en lo que se refiere a la enseñanza bimilenaria de la Iglesia: la Eucaristía no es un pedacito de pan, sino Dios Hijo encarnado, oculto en apariencia de pan y esto se ve en el hecho de que el Ángel de las Apariciones se postra, no sólo de rodillas, sino con la frente en tierra, para adorar a la Sagrada Eucaristía, que aparece milagrosamente en el aire, chorreando sangre que es recogida en el altar. La gran mayoría de los cristianos no tiene en cuenta a la Eucaristía, no cree en la Presencia real, verdadera y substancial de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía y no acude a la Santa Misa a recibirlo en el Santísimo Sacramento del Altar. En vez de eso, prefieren jugar al fútbol, pasear, hacer compras, visitar amigos y familiares. Y la gran mayoría de los que comulga, lo hace mecánicamente, sin hacer, antes de la Comunión, un acto de amor y de adoración a Jesús Eucaristía, recibiéndolo con un corazón frío, distante, vacío de amor a Jesús y al prójimo y, todavía peor, maquinando venganzas y mascullando odio contra el prójimo y todo en el momento de la Comunión Eucarística. Y la gran mayoría de niños y jóvenes que completan la formación de Catequesis, en vez de iniciar una vida de unión con Jesús Eucaristía por medio de la Comunión Eucarística de los domingos, abandona la Iglesia, porque en el fondo, desprecian la Presencia real de Jesús en la Eucaristía, siendo más valioso para ellos el fútbol, los amigos, los familiares, la música, los ídolos, la propia pereza, antes que la unión sacramental con el Cristo Eucarístico. ¡Cuánto lamentarán, estos niños y jóvenes, haber despreciado con tanta fuerza al Amor del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús! Pero cuando lo lamenten, tal vez sea ya demasiado tarde.

         En cuanto al rezo del Santo Rosario, a pesar de que la Virgen prometió que toda gracia que se pidiera en el Rosario sería alcanzada, los cristianos católicos, despreciando las palabras de la Virgen, consideran al Rosario como algo inútil, como un pérdida de tiempo, como un sinsentido, pero al mismo tiempo, no dudan ni un instante en acudir a los brujos, a los curanderos, a los chamanes, para que les solucione algún problema o alguna enfermedad. También, los mismos que dicen que no rezan el Rosario porque es una oración “larga y aburrida”, no dudan en hacer largas filas y pasar horas para recibir la atención de quienes practican la brujería oriental, que llega a nosotros con nombres extraños como “reiki”, “yoga”, “gnosis”, “metafísica” y cuanta oscuridad más se haga presente. Para la gran mayoría de los cristianos, es preferible practicar la brujería o acudir a prácticas de ocultismo oriental, antes que rezar el Santo Rosario, lo cual habrán de lamentar, con mucho, pero mucho dolor, y tal vez cuando ya sea demasiado tarde.

         En cuanto al Infierno, el mensaje de Fátima es más que claro: quien vive en pecado mortal y no se arrepiente y muere en pecado mortal, se condena, irreversiblemente, en el fuego del Infierno eterno, sufriendo el fuego del Infierno en el cuerpo y en el alma, para siempre. Una de las causas de la descristianización del mundo y del consecuente avance del mal en todas las esferas de la vida humana, es la creencia errónea, de los cristianos, de que el Infierno no existe, o de que está vacío, o que nadie irá al Infierno, sin importar la vida que lleve aquí en la tierra. La experiencia mística del Infierno por parte de los Pastorcitos, a quienes la Virgen llevó al Infierno siendo niños pequeños, nos advierte claramente que la Justicia Divina, en la otra vida, es implacable y que si nosotros persistimos en el pecado mortal, viviremos para siempre en donde el pecado mortal nos conduce, el Infierno. Muchos creen que pueden pasar años y años en pecado mortal y no se preocupan por el estado de sus almas, sin darse cuenta que las Puertas del Infierno están abiertas para esa alma y que ya tiene un lugar en el Infierno, a menos que esa alma se arrepienta verdaderamente, se confiese sacramentalmente y comience a vivir una vida de oración, de penitencia y de verdadera conversión cristiana, conversión que se demuestra no por palabras vacías, sino por la mansedumbre, la compasión, la caridad, la paciencia, la humildad, es decir, por la vivencia de las virtudes cristianas.

         Adoración Eucarística, rezo del Santo Rosario, vivir en gracia y evitar el pecado mortal o venial deliberado para no caer en el Infierno, estas son tres enseñanzas centrales de la Virgen en Fátima. El tiempo se acorta y quien no aproveche el tiempo de su vida terrena para ponerlos en práctica, lo lamentará por toda la eternidad en un lago de fuego.

viernes, 22 de abril de 2022

Las promesas de la Virgen para los que recen el Rosario

 



         Rezar el Rosario trae múltiples beneficios para el alma porque así lo ha prometido la Virgen. Cuando la Virgen se le apareció al Beato Alan de la Roche, le dio quince promesas para los que rezaran el Santo Rosario en su honor, todos los días[1].

         Le dijo así la Virgen a Alan de la Roche:

1. Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.

2. Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.

3. El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno: destruye los vicios, disminuye los pecados y nos defiende de las herejías.

4. Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.

5. El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.

6. Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una muerte violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.

7. Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.

8. Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su muerte encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la muerte participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.

9. Libraré del purgatorio a a quienes recen el Rosario devotamente.

10. Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.

11. Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.

12. Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.

13. Mi hijo me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.

14. Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único hijo, Jesús Cristo.

15. La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.

         Además de estas promesas, podemos decir que el que reza el Rosario se beneficia por lo siguiente: a través del Santo Rosario, contemplamos los misterios de la vida de Jesús y de la Virgen y, por el Rosario, la Virgen nos concede la gracia de participar de esos misterios y de concedernos las gracias correspondientes a cada misterio –por ejemplo, en la Encarnación, la pureza del alma y del cuerpo necesarias para recibir a Jesús Sacramentado-, además de obrar misteriosamente en nuestros corazones, para configurar nuestros corazones a los Sagrados Corazones de Jesús y María, por lo que si rezamos el Rosario todos los días, al final de nuestra vida terrena nuestros corazones serán uno solo con los Sagrados Corazones de Jesús y María y así permaneceremos, en la eterna alegría del Reino de los cielos. No hay motivo alguno, entonces, para no rezar el Santo Rosario todos los días, tanto personalmente, como en familia.

        

jueves, 3 de marzo de 2022

Los beneficios del Rosario revelados por la Virgen al Beato Alán de la Rupe

 



La Virgen María, la Madre de Dios, le reveló en una aparición al Beato Alán de la Rupe que el Rosario tiene ciento cincuenta Ave Marías, que protegen contra los ciento cincuenta terrores de la muerte, que son la enfermedad, la tristeza, el temor, el asalto de los demonios, el remordimiento de conciencia, la pérdida de bienes, la impaciencia, la inmovilidad de los miembros, la postración y todo lo que esto significa.

Luego la Virgen le dijo que el Rosario tiene también ciento cincuenta Ave Marías que protegen contra los ciento cincuenta terrores del Juicio Universal, que son el temor del Supremo Juez, el temor de quienes deben ser juzgados, la acusación de los demonios, la manifestación de los pecados, la infamia infinita, la aprehensión, el remordimiento de conciencia, la desesperación, la vergüenza, el deseo de morir para siempre, la acusación de las creaturas contra los pecadores, y todo lo que esto conlleva.

También le reveló la Virgen que el Rosario tiene ciento cincuenta Ave Marías que protegen contra la ciento cincuenta penas del Infierno, cada una de las cuales contiene en sí seis mil seiscientos sesenta penas especiales y cada una de ellas tiene además otras penas individuales, que son casi infinitas, tanto para el alma como para el cuerpo, penas que provienen de parte de los demonios –que atormentan y horrorizan para siempre a los condenados-, de parte de Dios –que de este modo ejerce su Divina Justicia, porque de Dios nadie se burla y si alguien se burló de Dios en esta vida, en la otra lo pagará para siempre si no hay arrepentimiento-, de parte del lugar de fuego, de parte de los sentidos, como consecuencia de la gloria perdida para siempre, con la interminable eternidad de los condenados.

Todos estos beneficios que concede el Santo Rosario, revelados por la Virgen en persona, son más que suficientes para rezarlo todos los días, hasta el último día de nuestra vida terrena.

martes, 6 de octubre de 2020

Razones para rezar el Santo Rosario

 



         ¿Por qué rezar el Santo Rosario? Aquí, algunas razones para rezar el Santo Rosario, no un día, sino todos los días de nuestra vida.

         Porque es una oración creada por la Virgen en persona, ya que fue Ella quien le reveló el Santo Rosario a Santo Domingo de Guzmán, enseñándole a este santo a rezarlo.

         Porque la Virgen lo pide, tanto desde el momento en que se lo reveló a Santo Domingo de Guzmán, como en cada aparición suya, a lo largo y ancho del mundo.

         Porque por el Santo Rosario contemplamos los misterios de la vida de Jesús, desde el Anuncio de la Encarnación, hasta su Muerte y gloriosa Resurrección y Subida al cielo.

         Porque también contemplamos los misterios de la vida de la Virgen, puesto que la vida de la Madre está indisolublemente unida a la vida de su Hijo Jesucristo.

         Porque por el Santo Rosario no solo contemplamos los misterios de la vida de Jesús, sino que, en cierta medida, nos hacemos partícipes, por esta oración, de estos misterios divinos.

         Porque el tiempo que le dedicamos al Santo Rosario, es un tiempo que le dedicamos y damos a nuestra Madre del cielo, la Virgen, para que Ella modele nuestros corazones y los vaya configurando a imagen y semejanza de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

         Porque es la oración que mejor prepara al alma para participar de la Gran Oración, la más grandiosa de todas las oraciones de la Iglesia, la renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio de la Cruz, la Santa Misa.

         Porque rezar el Santo Rosario implica rezar no desde nuestra soledad y nada, sino que es la Virgen en persona quien guía nuestra oración, lo cual significa que el Santo Rosario lo rezamos con María, en María y para María.

         Porque después de la Santa Misa y la Adoración Eucarística, el Santo Rosario es la Escalera que nos lleva en forma directa al cielo.

         Porque por el rezo del Santo Rosario le regalamos, a nuestra Madre del cielo, la Virgen, decenas de rosas espirituales –eso es lo que significa la palabra “Rosario”, corona de rosas- y eso es algo que agrada profundamente a María Santísima.

         Porque por el rezo del Santo Rosario pedimos por lo que necesitamos, tanto en el plano material como en el espiritual; además, por su rezo, la Virgen nos libra del Enemigo de las almas, el Demonio, ya que éste huye cobardemente al ser invocado el Dulce Nombre de María; por último, recibimos abundantes gracias espirituales.

         Porque por el Santo Rosario no sólo agradamos a nuestra Madre del cielo con las Avemarías, sino que honramos a Dios Padre en el rezo del Padrenuestro, glorificamos a la Trinidad con el Gloria y así nos unimos a la glorificación que de la Trinidad y del Cordero hacen constantemente los Ángeles del cielo.

         Porque por el rezo del Santo Rosario nos dirigimos a la Virgen, Mediadora de todas las gracias, que por esta oración nos alcanza las gracias necesarias para nuestra salvación eterna y la de nuestros seres queridos, además de que alcanzamos un refrigerio espiritual para las Benditas Almas del Purgatorio.

         Porque por el Santo Rosario no sólo recibimos las gracias para vivir las Bienaventuranzas del Evangelio, sino que disponemos nuestras almas para superar, con la gracia de Dios, el Juicio Particular y así luego ingresar en el Reino de los cielos.

         Éstas son, entonces, algunas de las razones para rezar el Santo Rosario, todos los días de nuestra vida terrena, hasta el último día de nuestro paso por la tierra.

        

jueves, 15 de noviembre de 2018

El mensaje de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya



En las cercanías de Pompeya, el lugar al sur de Italia cubierto por la erupción del Volcán Vesubio, comenzaron a instalarse, a comienzos del siglo XIX, un grupo de familias de campesinos quienes luego erigieron una humilde capilla[1]. En 1872 llegó el abogado Bartolo Longo (beatificado el 26 de octubre de 1980), el cual trabajaba para la Condesa Fusco, que era la dueña de ésas tierras. Longo descubrió que, después de la muerte del sacerdote, ya no había misas en la capilla y pocos seguían firmes en la fe.
Sucedió entonces que una noche, el Beato Bartolo Longo tuvo un sueño en el que se le apareció un amigo suyo, que había muerto años atrás, quien le dijo: “Salva a esta gente, Bartolo. Propaga el Rosario. Haz que lo recen. María prometió la salvación para quienes lo hagan”. Considerando este sueño como un mensaje del cielo, el Beato Longo hizo traer de Nápoles muchos Rosarios para repartir, además de enseñar a rezarlo. Además, animó a varios vecinos para que le ayuden a reparar la capilla. Una vez reparada, la gente comenzó a venir a rezar allí el rosario, cada vez en mayor número.
En el año 1878, Longo obtuvo de un convento de Nápoles un cuadro de Nuestra Señora entregando el Santo Rosario a Santo Domingo y Santa Rosa de Lima. Estaba deteriorado así que un pintor lo restauró. Este cambió la figura de la Santa Rosa por la de Santa Catalina de Siena. Puesta sobre el altar del Templo, aún inconclusa, la Sagrada imagen comenzó a obrar numerosos milagros, incluso hasta el día de hoy.
El 8 de mayo de 1887, el Cardenal Mónaco de la Valleta colocó a la venerada imagen una diadema de brillantes bendecida por el Papa León XIII y el 8 de mayo de 1891, se llevó a cabo la Solemne Consagración del nuevo Santuario de Pompeya, que existe actualmente.
El mensaje de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya es, entonces: “Recen el Rosario, porque el Rosario es signo de predestinación de las almas”. Esto quiere decir que, el que reza el Rosario, está predestinado a la vida eterna, mientras el que no lo reza, por pereza, no lo está. Recordemos que estamos en esta vida para salvar el alma, no para pasarla bien sobre esta tierra y que el Santo Rosario de la Virgen es la escalera que nos lleva al cielo rápidamente, ya que quien reza el Rosario, ve su alma y la de sus seres queridos, colmada de gracia.



[1] http://www.corazones.org/maria/rosario_pompeya.htm

sábado, 6 de octubre de 2018

Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás: el Santo Rosario es el arma a la cual le teme el enemigo



En un mensaje, la vidente tiene una visión sobre la Santísima  y el Rosario: “Veo una enorme corona de  Rosarios blancos. Veo a la Santísima Virgen y me dice: Ves esta corona, porque esto es lo que deseo que hagáis, una verdadera corona de rosarios. Oración, hija mía, oración, ¡cuántas bocas permanecen aún calladas!, sin conocer siquiera una oración que los acerque al Señor. El Santo Rosario es el arma a la cual le teme el enemigo, es también el refugio de los que buscan alivio a sus pesares y es la puerta para entrar en mi corazón. Gloria al Señor, por la Luz que da al mundo” [1].
“Deseo que hagáis una verdadera corona de Rosarios”: la Virgen quiere que recemos, no uno, sino muchos Rosarios. El Rosario es una corona de rosas espirituales que le damos a la Virgen: Ella quiere muchas coronas de rosas espirituales y para eso tenemos que rezar muchos Rosarios.
“Oración, hija mía, oración, ¡cuántas bocas permanecen aún calladas!”: la Virgen insiste con la oración, porque la oración es al alma lo que la respiración y la alimentación al cuerpo. Así como el cuerpo no puede vivir sin respirar y sin alimentarse, así el alma no puede vivir sin la oración. Y sin embargo, dice la Virgen que “muchas bocas permanecen calladas” y esto es así, porque muchos hablan de cosas mundanas, todo el tiempo –economía, política, fútbol, espectáculos-, pero son muy pocos los que abren la boca para rezar, para dirigir sus mentes y sus corazones a Dios Nuestro Señor. Lo que importa en esta vida es salvar el alma y son muchas las almas que están mudas frente a las cosas de Dios, pero hablan permanentemente de las cosas del mundo. Hay que hacer al revés: hablar menos de las cosas del mundo y hablar más con Dios y con Dios se habla por medio de la oración y dentro de las oraciones, la más apreciada por la Virgen es el Rosario. La Virgen dice que muchos no conocen ni siquiera “una oración que los acerque al Señor” y esto sucede porque están atrapados por el engaño de este mundo, que los lleva a despreciar las cosas del Cielo y a pensar solo en esta tierra y este mundo, y esta tierra y este mundo pasan pronto y luego viene el Juicio Particular y la vida eterna, el Cielo o el Infierno, y es para prepararnos para ese Juicio Particular, que tenemos necesidad de orar sin descanso.
“El Santo Rosario es el arma que más teme el enemigo”: el Demonio tiembla ante el Santo Rosario, porque con él invocamos la presencia y la protección de la Santísima Virgen, a la cual Dios le ha dado el poder de aplastarle la cabeza. Si el Demonio ha tomado posesión de la gran mayoría de niños y jóvenes en nuestros días, es porque no hay nadie o casi nadie que rece el Santo Rosario, dejándole libre el campo de acción y permitiendo que coseche almas de niños y jóvenes todos los días.
“Es el refugio de los que buscan alivio a sus pesares y es la puerta para entrar en mi Corazón”: por el Santo Rosario, la Virgen nos concede las gracias que necesitamos para que nuestros pesares y nuestras tribulaciones sean aliviadas y sin embargo, ¡cuán pocos son los que rezan el Rosario! Y cuando enfrentan una dificultad, en vez de acudir a Dios, acuden a los magos, a los brujos, a los hechiceros, a los enemigos de Dios y las almas, que solo dolor y pesar les provocarán, en vez de acudir a Dios por medio del Santo Rosario y así obtener alivio.
“Gloria al Señor, por la Luz que da al mundo”: los mensajes de la Virgen son haces de luz celestial que iluminan este mundo sumergido en “tinieblas y sombras de muerte”. Pero está en cada uno seguir ese rayo de luz o bien quedarse sumergido en las tinieblas. En nuestros días, la gran mayoría prefiere quedarse en medio de las tinieblas, porque no rezan el Rosario y quienes esto hacen, lo lamentarán cuando ya sea demasiado tarde.