Lucía,
vidente de Fátima, era postulante en el Convento de las Doroteas en Pontevedra,
España cuando tiene una aparición de la Virgen sobre una nube de luz,
con el Niño Jesús a su lado. La Santísima Virgen puso su mano sobre el hombro
de Lucía, mientras en la otra sostenía su corazón rodeado de espinas. El Niño
le dijo: “Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las
espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que
haga un acto de reparación para sacárselas”[1].
Inmediatamente
dijo Nuestra Señora a Lucía: “Mira, hija mía, mi Corazón cercado de
espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e
ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que,
durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada
Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en
los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la
hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación”.
Lucía
le habló (a Jesús) de la confesión para los primeros sábados y preguntó si
valía hacerla en los ocho días. Jesús contestó: "Sí; todavía con más
tiempo, con tal que me reciban en estado de gracia y tengan intención de
desagraviar al Inmaculado Corazón de María". Esto quiere decir que la
Confesión Sacramental realizada con el fin de desagraviar a la Virgen se puede
hacer ocho días antes u ocho días después.
Ahora
bien, debemos preguntarnos cuál es el significado de las espinas que rodean al
Inmaculado Corazón y porqué le causan dolor a la Virgen: las espinas de la
corona de espinas que rodean al Inmaculado Corazón de María son nuestros pecados
y los pecados de la humanidad, que se materializan como espinas y así laceran
el Corazón de la Virgen, en sus dos movimientos, de llenado o diástole y de expulsión
o sístole. Para comprender en su amplitud el significado de la imagen del
Inmaculado Corazón de María rodeado de espinas, tengamos en cuenta que es un corazón
vivo, que late, está en movimiento y por lo tanto, en cada latido, es perforado
y lacerado por las espinas. Es decir, el Corazón de la Virgen es real, la
corona de espinas es real, porque son nuestros pecados que se materializan como
espinas y así provocan un inmenso dolor en cada latido, tanto en la fase de
llenado del corazón, la diástole, como en la fase de expulsión de la sangre o
sístole. Si esto es así, entonces tomemos conciencia de que son nuestros pecados,
por pequeños que sean, los que se materializan como espinas y provocan intenso
dolor a la Virgen y hagamos el propósito de no pecar más, para así no provocar
más dolor a la Virgen. Pero como estas espinas son producto del pecado de toda
la humanidad, hagamos el propósito de reparar y de pedir perdón por los pecados
de los hombres, de manera de aliviar así en algo los dolores de la Virgen. Como
parte de esta reparación, confesemos y comulguemos los cinco primeros sábados
de mes y recemos el Santo Rosario meditado. Si hacemos esto, estaremos cumpliendo
los pedidos del Niño Jesús y de la Virgen a la Beata Sor Lucía que,
parafraseados, serían así: “Ten compasión del Corazón de la Virgen (…) cercado
de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento (…) haz un
acto de reparación para sacárselas (…) tú, al menos, procura consolar a la
Virgen (…) confiesa y comulga los primeros cinco sábados rezando el Rosario
meditado con el fin de desagraviar al Inmaculado Corazón de María”. Hagamos entonces
el propósito de desagraviar y consolar al dolorido Corazón de la Madre de Dios.

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