martes, 24 de febrero de 2026

El legionario y el Cuerpo Místico de Cristo

 



         El Manual del Legionario presenta una serie de características que tienen que primar en el servicio del Legionario hacia su prójimo, llamando a esta doctrina “la base del servicio legionario”[1]. En otras palabras, el Manual explica la razón por la cual el legionario debe obrar con ciertas características hacia su prójimo, para que sean de agrado de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

         Desde un primer momento el Manual recuerda que, desde sus primeros inicios, los fundadores de la Legión tuvieron en cuenta una característica fundamental en el servicio de la legión al prójimo y es el “carácter netamente sobrenatural del servicio al que se iban a entregar los socios”. Aquí debemos diferenciar lo “sobrenatural” de lo “natural”: lo “sobrenatural” es lo que viene de Dios, es lo que está por encima de la naturaleza, sea humana o angélica y esto es, por ejemplo, la gracia, la gracia es un don “sobrenatural”, no surge ni de los ángeles, ni de los hombres, sino de la Trinidad. Lo “natural”, en cambio, es lo que sí surge de nuestra propia naturaleza o de la naturaleza de los ángeles, es lo que le pertenece a cada uno según su propia naturaleza.

         Con relación a los fundadores, dice el Manual que determinaron que los legionarios, en su trato con sus prójimos, debían “rebosar en cordialidad”, pero no por motivos meramente naturales: los legionarios debían ver, en todos aquellos en quienes servían -con distintas obras de misericordia, sean corporales que espirituales- “a la Persona misma de Jesucristo”, recordando las palabras de Nuestro Señor, según las cuales todo lo que se hiciese a otros, aún a los más débiles y malvados, lo hacían al mismo Señor Jesucristo: “Os lo aseguro: cada vez que lo hicisteis con un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo” (Mt 25, 40).

         Esto no significa que el prójimo sea Nuestro Señor Jesucristo, sino que Nuestro Señor está misteriosamente presente en cada uno de nuestros prójimos, especialmente en los más desvalidos y que Él lo toma como hecho personalmente a Él todo lo que hacemos a nuestro prójimo, sea en el bien como en el mal y eso nos será tenido en cuenta en el juicio, tanto en el Particular como en el Final.

         Afirma el Manual que este móvil sobrenatural debe ser la base y el fundamento del servicio de la Legión y del legionario -no moverse por motivos humanos, sino sobrenaturales, viendo a Cristo en el prójimo y teniendo siempre presentes sus palabras-, como así también debe ser la base y el fundamento de la disciplina y de armonía interna de la Legión. Esto quiere decir que los legionarios deben ver en sus superiores y a sus hermanos al mismo Jesucristo -así como trato a mi prójimo, así trato a Jesucristo-.

         Este obrar sobrenatural, dice el Manual, es la verdad transformadora que debe estar impresa en la mente de los socios y para ayudarles a conseguirlo, esta verdad básica se ponen en las ordenanzas fijas que se leen mensualmente en la junta del praesidium. Esto quiere decir además que se agrega otro principio fundamental de la Legión y es que el legionario debe trabajar, sobrenaturalmente, en estrecha unión con María, para que sea Ella quien ejecute la obra por medio del legionario.

         Reflexiones.

         Teniendo en cuenta lo precedente, podemos preguntarnos:

         1-¿Hago obras de misericordia, sean corporales que espirituales, tal como me pide la Legión?

         2-Al hacerlas, obro de manera sobrenatural, es decir, considerando que el prójimo a quien sirvo, está Cristo misteriosamente presente? ¿O me olvido de este obrar sobrenatural y obro por motivos meramente naturales, para que los demás me valoren y hablen bien de mí?

         3-¿Tengo presente que es a la Virgen a quien debo encomendarle mi obra de misericordia, para que sea Ella quien obre por mí? ¿O me olvido de la Virgen y obro como si la obra y el mérito fueran exclusivamente míos? 



[1] Cfr. Manual del Legionario, Cap. IX, 1.


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