martes, 22 de marzo de 2022

Solemnidad de la Anunciación del Señor

 



         La Anunciación del Señor y la Encarnación del Verbo de Dios por obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de María Virgen constituyen los misterios centrales sobre los cuales se fundamenta la espiritualidad y la actividad apostólica de la Legión de María. Por esta razón, vamos a meditar someramente acerca de este gran misterio salvífico, misterio por el cual la no solo la Legión de María, sino la Iglesia Católica en su totalidad, encuentran su razón de ser.

Antes de la Encarnación del Verbo, el Ángel Gabriel anuncia a la Virgen, de parte de Dios, la noticia más alegre y grandiosa que jamás alguien pueda recibir: Ella, por ser la Llena de gracia y la Inmaculada Concepción, ha sido elegida por la Trinidad para ser la Madre de Dios. Así, María Santísima obtiene, por los méritos de su Hijo en la cruz, un doble mérito, el de ser Virgen e Inmaculada, por un lado, y por otro, el de ser Madre de Dios.

         Al aceptar libremente el ofrecimiento de ser la Madre de Dios, la Virgen se convierte, en ese instante, en un sagrario viviente, porque en el instante de su “Fiat”, el Espíritu Santo conduce a Dios Hijo a su seno virginal y al mismo tiempo crea el Cuerpo y el Alma de Jesús de Nazareth, uniendo esta Humanidad Santísima a la Persona Divina del Hijo de Dios.

         El misterio de la Encarnación del Verbo de Dios en el seno de María Santísima es el centro de la fe católica y es el hecho más trascendente para la humanidad desde su creación al inicio de los tiempos y, con relación a la Legión de María, constituye el fundamento de su espiritualidad y de su apostolado, porque según Juan Pablo II, la Legión de María tiene como objetivo “la santificación de sus miembros y, a través de ellos, del mundo”[1], y esta tarea la realiza “desplegando la Bandera de la Inmaculada”, uniéndose a la Virgen por una específica “espiritualidad mariana”, convirtiéndose así la Legión en un dócil instrumento de la Madre de Dios en su tarea de ser Corredentora y “partícipe del plan de salvación”[2] de la Trinidad para la humanidad. La Encarnación del Verbo tiene un significado que trasciende absolutamente todo lo que seamos capaces de pensar o imaginar, porque es Dios Hijo en Persona quien se compadece de nuestra miseria, de nuestra humanidad abatida por el pecado original; Dios Hijo se apiada de nuestra doble esclavitud, la esclavitud de las pasiones y el vicio y la esclavitud del demonio y se encarna para no solo liberarnos de estas esclavitudes, cadenas y hierros que nos atenazan en esta vida, sino que se encarna para concedernos su propio Sagrado Corazón, envuelto en las llamas del Divino Amor, como alimento sagrado para nuestras almas, para convertir nuestras almas en una porción del Cielo, para hacernos participar, ya desde esta vida, de las dulzuras y alegrías eternas que brotan del Ser Divino trinitario y que por la Misericordia Divina esperamos gozar por toda la eternidad.

         Al encarnarse, Dios Hijo asume la naturaleza humana desde el instante mismo de la concepción y así se convierte en nuestro Hermano Santo, que santifica a la humanidad por su unión personal primero y por medio de la gracia santificante distribuida por los Sacramentos, después. Así el Hijo de Dios, al unirse a la Humanidad de Jesús de Nazareth en la Encarnación, nos predestina a todos a la santidad; al rebajarse a la unión con la humanidad, Dios en Persona nos invita a unirnos a Él en el Banquete celestial que Él mismo nos prepara, Banquete en el cual nos convida con la Carne del Cordero, asada en el Fuego del Espíritu Santo, con el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, la Sangre de Jesús, el Hombre-Dios y el Pan de Vida eterna, la Sagrada Eucaristía, y nos convida a este Banquete celestial para hacernos partícipes de su Vida divina, su Alegría divina, su Ser divino trinitario.

         Como podemos ver, al contemplar el misterio de la Anunciación y Encarnación del Verbo, el misterio de la Virgen y Madre de Dios está estrecha e indisolublemente unido al misterio del Hombre-Dios Jesucristo, Salvador de los hombres, porque, como dicen los santos, “donde está la Madre, está el Hijo”. Por esta razón, el Papa Juan Pablo II advertía a los legionarios que el mundo se seculariza –es decir, se paganiza, se aleja del Único Dios Verdadero- y esta secularización se hace más profunda y más grave cuanto más se oscurece en los corazones de los hombres la devoción a la Virgen y es aquí donde entra de lleno la misión apostólica de la Legión de María: hacer crecer la devoción al Inmaculado Corazón de María que es, según San Luis María Grignon de Montfor, “el camino más rápido, más seguro y más eficaz” para llegar al Sagrado Corazón de Jesús. La Legión de María, haciendo conocer y amar a la Madre, hará conocer y amar al Hijo de Dios[3], Jesús de Nazareth, único camino al Cielo, única Verdad de la Trinidad y única Fuente Increada de vida divina para todo ser humano.



[1] Discurso de S. S. Juan Pablo II a un grupo de legionarios italianos el 30 de octubre de 1982.

[2] Cfr. ibidem.

[3] Cfr. ibidem.

jueves, 3 de marzo de 2022

Los beneficios del Rosario revelados por la Virgen al Beato Alán de la Rupe

 



La Virgen María, la Madre de Dios, le reveló en una aparición al Beato Alán de la Rupe que el Rosario tiene ciento cincuenta Ave Marías, que protegen contra los ciento cincuenta terrores de la muerte, que son la enfermedad, la tristeza, el temor, el asalto de los demonios, el remordimiento de conciencia, la pérdida de bienes, la impaciencia, la inmovilidad de los miembros, la postración y todo lo que esto significa.

Luego la Virgen le dijo que el Rosario tiene también ciento cincuenta Ave Marías que protegen contra los ciento cincuenta terrores del Juicio Universal, que son el temor del Supremo Juez, el temor de quienes deben ser juzgados, la acusación de los demonios, la manifestación de los pecados, la infamia infinita, la aprehensión, el remordimiento de conciencia, la desesperación, la vergüenza, el deseo de morir para siempre, la acusación de las creaturas contra los pecadores, y todo lo que esto conlleva.

También le reveló la Virgen que el Rosario tiene ciento cincuenta Ave Marías que protegen contra la ciento cincuenta penas del Infierno, cada una de las cuales contiene en sí seis mil seiscientos sesenta penas especiales y cada una de ellas tiene además otras penas individuales, que son casi infinitas, tanto para el alma como para el cuerpo, penas que provienen de parte de los demonios –que atormentan y horrorizan para siempre a los condenados-, de parte de Dios –que de este modo ejerce su Divina Justicia, porque de Dios nadie se burla y si alguien se burló de Dios en esta vida, en la otra lo pagará para siempre si no hay arrepentimiento-, de parte del lugar de fuego, de parte de los sentidos, como consecuencia de la gloria perdida para siempre, con la interminable eternidad de los condenados.

Todos estos beneficios que concede el Santo Rosario, revelados por la Virgen en persona, son más que suficientes para rezarlo todos los días, hasta el último día de nuestra vida terrena.

sábado, 12 de febrero de 2022

Nuestra Señora de Lourdes y sus tres pedidos

 



          Además de la revelación central de la Aparición de Nuestra Señora de Lourdes, la revelación de la condición de la Virgen como la Inmaculada Concepción -la Virgen le dice a Santa Bernardita, en su dialecto “Yo Soy era la Inmaculada Concepción”-, en estas apariciones de Lourdes podemos considerar tres pedidos que hace la Virgen. Veamos cuáles son. Rosario, humildad, penitencia.

          Un primer pedido es el rezo del Santo Rosario, ya que la Virgen se presenta con un Rosario entre sus manos y le enseña a rezar el Santo Rosario a Santa Bernardita. Esto es para que tomemos conciencia de que debemos rezar el Rosario todos los días, por varios motivos: por el Rosario conseguimos infinidad de dones, gracias y milagros que la Santísima Trinidad tiene para darnos, pero que quiere darnos sólo a través de la Santísima Virgen. Lamentablemente, muchos tienen el Rosario como un objeto de adorno, sea en el auto, sea en el cabezal de la cama, o lo llevan, como si fuera un amuleto, en sus bolsillos y esto no debe ser así, porque el Rosario debemos tenerlo entre las manos para desgranar sus cuentas. Otro motivo del rezo del Rosario es que a través del Rosario contemplamos los misterios salvíficos de la vida de Jesús y también de María y por medio de la contemplación de los misterios, participamos de estos misterios, convirtiéndonos, misteriosamente, en corredentores de nuestros hermanos.

          Un segundo pedido de la Virgen de Lourdes es la penitencia. En una de sus apariciones, sólo dice una sola palabra, a la cual la repite por tres veces: “¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!”. El motivo de la penitencia es que es necesario hacerla, para reparar por las innumerables ofensas que reciben, día a día, todos los días, los Sagrados Corazones de Jesús y María. La penitencia puede ser, por ejemplo, un día de ayuno a pan y agua, o el privarnos de algo lícito y bueno que nos apetezca, para así reparar por las ofensas cometidas contra Jesús y María.

Por último, aunque de forma implícita, la Virgen pide la humildad -le ordena a Santa Bernardita que escarbe en el barro, con el rostro y las manos, en la gruta, que es el lugar de donde salió efectivamente el agua milagrosa que curó cientos de miles de enfermos y que continúa fluyendo hasta la actualidad-, porque la humildad, junto con la caridad y la mansedumbre, asemejan al alma a los Sagrados Corazones de Jesús y María.

Al recordar las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, recordemos, además del hecho principal, la revelación de la condición de la Virgen como Inmaculada Concepción, los tres pedidos que hace la Virgen: el rezo del Rosario, la Penitencia y la práctica de la Humildad.

sábado, 4 de diciembre de 2021

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

 



         La Iglesia celebra, con júbilo celestial, uno de los misterios más grandes y asombrosos de la historia de la humanidad, misterio superado en majestad y gracia sólo por el misterio más grande por excelencia, el de la encarnación del Verbo en el seno purísimo de María Santísima y es el misterio de la Inmaculada Concepción de María.

         Que María Santísima sea “Inmaculada Concepción” quiere decir que, por designio de la Santísima Trinidad, la Virgen fue concebida sin la mancha del pecado original, mancha que, desde el pecado primordial de Adán y Eva, se transmite sin excepción a todo ser humano. La única excepción es, precisamente, la de María Santísima y es por eso que se llama “Inmaculada Concepción”, porque esta horrible mancha del pecado original no la afectó, como sí lo hace a todo ser humano, desde el primer instante de su concepción. Que sea Inmaculada Concepción significa que la Virgen no tuvo nunca, jamás, en ningún momento, ni siquiera por un instante, no solo ni el más ligero pecado y tampoco estuvo, ni siquiera mínimamente, inclinada a la concupiscencia, sino que su Inmaculado Corazón estuvo siempre, en todo momento, rebosante de la gracia, la bondad, la santidad, la paz y la humildad de Dios Uno y Trino.

         Pero hay otro aspecto a considerar y es que la Trinidad la eligió para que fuera concebida sin la mancha del pecado original, porque la Virgen estaba destinada a ser Madre de Dios y como Madre de Dios, no podía estar contaminada con la mancha del pecado original. Todavía más, al estar destinada a ser la Madre de Dios, debía no solo no poseer el pecado original, sino que debía estar inhabitada por el Espíritu Santo y es por eso que la Virgen es concebida, además de exenta del pecado original, como Inmaculada Concepción, como “Llena de gracia”, lo cual quiere decir, inhabitada por el Espíritu Santo. La razón de este otro privilegio de la Virgen es que el Verbo de Dios, quien habría de encarnarse en su seno virginal, al provenir desde el Cielo, en donde era amado desde la eternidad por Dios Padre con el Divino Amor, el Espíritu Santo, debía ser recibido y amado en la tierra, en su encarnación, con el mismo Amor con el que el Padre lo amaba desde la eternidad, el Espíritu Santo y la única forma en que esto fuera posible, era que la Virgen misma estuviera inhabitada por el Espíritu Santo y es por eso que es concebida no solo sin la mancha del pecado original, sino como “Llena de gracia”, es decir, inhabitada por el Espíritu Santo. Así, el Verbo de Dios, al encarnarse en el seno purísimo de María Santísima, no sentiría diferencias en el Amor con el que era amado desde la eternidad por el Padre, porque iba a ser amado con ese mismo Amor, el Espíritu Santo.

         Por lo tanto, en el misterio de la Inmaculada Concepción, se unen entre sí, de modo indisoluble, otros dos grandes misterios, el de la Virgen como Madre de Dios y el de la Encarnación del Verbo de Dios.

         Por último, si estos tres misterios son en sí mismos insondables, majestuosos, celestiales y sobrenaturales, hay otro misterio que debe agregarse y es el hecho de que la Santa Iglesia, en cada Santa Misa, prolonga y actualiza, en su seno virginal, el altar eucarístico, el misterio de la Encarnación del Verbo, porque por las palabras de la consagración, el Verbo prolonga su Encarnación en la Eucaristía y es por este motivo que la Iglesia Católica es, a imagen de su Madre, la Virgen, santa, pura, inmaculada y llena del Espíritu Santo. No dejemos nunca de alabar, bendecir, glorificar y adorar a la Santísima Trinidad por el misterio de la Inmaculada Concepción, misterio al cual están unidos el misterio de María como Llena de gracia y el misterio de la Encarnación del Verbo en su seno purísimo, que se prolonga a su vez y se actualiza en cada Santa Misa.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

 



         Historia y significado.

         La Madre de Dios se le apareció a Santa Catalina Labouré el 27 de Noviembre de 1830, cuando ella era novicia. Su ángel de la guarda la despertó y la condujo a la capilla del noviciado, en donde estaba la Virgen. La Virgen, vestida de blanco, en un primer momento, sostenía en sus manos un pequeño globo dorado rematado por una cruz que levanta hacia el cielo; en un segundo momento, la Virgen estaba ahora de pie sobre el mundo y aplastada bajo sus pies, yacía una serpiente. La Virgen abrió sus manos y de sus dedos, cubiertos de anillos, salieron muchos rayos luminosos, pero había algunos anillos que no emitían ninguna luz. Entonces alrededor de la cabeza de la Virgen se formó un círculo o una aureola con estas palabras: “Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti”. Y una voz dijo a Catalina: “Hay que hacer una medalla semejante a esto que estás viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen”; luego, apareció una M, sobre la M una cruz, y debajo de la cruz los Sagrados Corazones de Jesús y María, el de Jesús, coronado de espinas, el de la Virgen, atravesado por una espada; además, alrededor de la M y de la cruz, una serie de estrellas.

¿Qué significado tiene la Medalla de la Virgen?

Con relación al globo terráqueo con una cruz encima, es la misma Virgen la que le explica el significado. Dice así: “Oye Catalina: Este globo terráqueo representa al mundo entero, a Francia y a cada persona en particular”. Significa que el mundo, cada país y cada alma, están protegidos por la Virgen Santísima y que el mundo, los países y las almas, han sido redimidos por la Sangre de Jesús que brota de la cruz; esto quiere decir que el mundo, las naciones y cada alma, deben ser bañados con la Sangre de Cristo para ser salvados. La Virgen de pie sobre el mundo, significa que Dios le ha concedido a la Virgen ser la Reina del universo, por medio de la cual nos vienen todas las gracias que necesitamos para nuestra vida diaria y para nuestra salvación; la serpiente aplastada por la Virgen es el Demonio que es vencido por la Virgen, porque Dios le ha concedido a la Virgen participar de su omnipotencia divina. Sólo Jesús crucificado y la Virgen, Madre de Dios, pueden vencer a la Serpiente Antigua que es el Demonio. Los anillos que emiten luz significan las gracias y las bendiciones que llegan a quienes la invocan como Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa; los anillos que no emiten luz, son las gracias que las almas no reciben, pero no porque Dios no quiera dárselas, sino porque las almas no se dirigen a la Virgen para pedirle esas gracias; de hecho, muchos católicos prefieren acudir a los brujos y curanderos cuando tienen algún problema, en vez de dirigirse a la Virgen para pedirle las gracias que necesitan, por medio del rezo del Rosario. La frase: “Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti”, significa por un lado la confirmación del dogma de que la Virgen es Inmaculada, concebida sin la mancha del pecado original; por otro lado, confirma que es la Mediadora de todas las gracias, que Ella concede a quienes humildemente se las piden. La letra M significa “María”; la cruz, el signo de redención y de salvación para todas las almas, lo cual significa que no hay salvación posible sin la Santa Cruz de Jesús; los Sagrados Corazones de Jesús y María significan que Jesús y la Virgen nos aman y que desean que nuestros corazones estén en el medio de los dos Sagrados Corazones, pero también significan el sufrimiento que nosotros les provocamos a los Sagrados Corazones, con nuestros pecados, ya que el Corazón de Jesús está herida por la lanza, mientras que el Corazón de María está rodeado de una corona de espinas y todo esto es por nuestros pecados, por lo que debemos hacer el propósito de abandonar el pecado para no hacer sufrir más a los Sagrados Corazones. Por último, las estrellas simbolizan a los Apóstoles y con ellos, a los consagrados.

La Virgen revela a Santa Catalina que quien lleve consigo la Medalla Milagrosa, recibirá “grandes gracias”: esto quiere decir que el cristiano debe llevar consigo la Medalla y pedir a la Virgen todas las gracias que necesita, pero también que debe tomar la firme resolución de emprender el camino de la gracia, el camino de la vida de los hijos de Dios y alejarse de todo lo que lo aleje de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

martes, 2 de noviembre de 2021

La Eucaristía, nuestro tesoro

 



         Afirma el Manual del Legionario que “la Eucaristía es el centro y la fuente de la gracia” y que “ninguna actividad apostólica tiene valor alguno si no se tiene en cuenta que el principal objetivo es establecer el reino de la Eucaristía en todos los corazones”[1]. La razón por la que la Eucaristía es el “centro y fuente de la gracia” es que no se trata de un trozo de pan, como aparece a los sentidos, sino del Hombre-Dios Jesucristo, la Segunda Persona de la Trinidad, oculta en apariencia de pan. Puesto que el Hijo de Dios es, en cuanto Dios, la Gracia Increada, es Él en la Eucaristía la Fuente de toda gracia que recibe el alma para su santificación; por eso es que es el “centro y fuente de la gracia”. En otras palabras, si la Eucaristía fuera solamente un poco de pan bendecido, no podría, de ninguna manera, irradiar la gracia, tal como lo hace, desde el Sagrario, desde el Altar Eucaristía.

         Otro elemento importante que nos hace considerar el Manual es cuál es el objetivo final de todo apostolado, no solo de la Legión, sino de toda la Iglesia y es el de “establecer el reino de la Eucaristía en los corazones”. Una vez más, esto no sería posible si la Eucaristía no fuese Cristo Dios en Persona: porque la Eucaristía es Cristo, Rey de los corazones, es que debe ser entronizada, por la persona, en su propio corazón, sin dar lugar a nadie más, para que sólo Cristo Eucaristía sea el Único Rey del corazón del cristiano. Así como el Sagrado Corazón debe ser entronizado en cada hogar y en cada familia de nuestra Patria y así como debe ser entronizado como Rey de la Patria, de la Nación Argentina, así la Eucaristía, que es mismo Rey Jesús, debe ser entronizada en el corazón de cada bautizado.

         Afirma el Manual que la Eucaristía es “el bien infinito” y por eso, el tesoro más preciado, porque se trata del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, que arde en las llamas del Divino Amor, el Espíritu Santo y ese Amor es infinito y eterno, por ser el Amor de Dios, el Amor del Padre y del Hijo. Es por esto que la Eucaristía no se compara con nada y nada en el universo visible o invisible, merece ser más amado que la Eucaristía, porque nada debe ser más amado que el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

         La Eucaristía, dice el Manual, “no es mera figura de su Persona”, sino que es la Persona misma del Hijo de Dios, tal como se encuentra glorificado en los cielos, sólo que en la Eucaristía se encuentra oculto a los ojos del cuerpo, aunque “visible” a los ojos de la fe.

         Por esta razón, el legionario debe considerar a la Eucaristía como el centro y la raíz de su vida y como el tesoro más preciado, más valioso que todo el oro y la plata del mundo. Al comulgar, entonces, no lo hagamos de forma distraída o mecánica, sino que recibamos la Sagrada Eucaristía con fervor, con piedad y, sobre todo, con todo el amor y la adoración de los que seamos capaces.



[1] Cfr. VIII, 4.

sábado, 9 de octubre de 2021

Nuestra Señora del Pilar

 



Historia de Nuestra Señora del Pilar[1].

La tradición de la Virgen del Pilar, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza[2], se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles predicaban el Evangelio. Según esta tradición, Santiago el Mayor llegó a España por el puerto de Cartagena -lugar donde fundó la primera diócesis española-, dedicándose desde entonces a predicar por diversos territorios del país. Los documentos dicen textualmente que Santiago “llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del Reino de Dios y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso”. Sucedió entonces que en la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban “Ave María, Gratia Plena” y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. El hecho particular y característico es que no se trató de una aparición de la Santísima Virgen, sino de una traslación o tal vez una bilocación de la Virgen, puesto que aún vivía en carne mortal y no había sido aún Asunta a los cielos. Fue en ese momento en que la Virgen Santísima le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al Pilar donde estaba de pie. Al mismo tiempo que le entregaba el Pilar, la Virgen le dijo a Santiago: “El Pilar permanecerá en este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”. Luego de entregarle el Pilar, la Virgen desapareció, quedando en ese lugar desde entonces el milagroso Pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, antes de que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima, no solo en España, sino en el mundo entero.

Tiempo más tarde, el Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar -aunque ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico, se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región cuando todavía vivía en carne mortal- y por eso no fue por casualidad que el día 12 de octubre de 1492, fecha en que se celebra a Nuestra Señora del Pilar, fuera precisamente el día en el que las tres carabelas de España –La Pinta, La Niña y Santa María-, al mando de Cristóbal Colón, avistaran las desconocidas tierras de América: de esa manera, al coincidir la fecha de su festividad con el día del descubrimiento del Continente Americano, la Virgen demostraba que era Ella, bajo las órdenes de la Trinidad Santísima, quien estaba en el origen de la gesta más grandiosa que nación alguna pueda llevar a cabo, esto es, el Descubrimiento, la Conquista y la Evangelización del Continente Americano. Este hecho motivó que la Virgen del Pilar fuera proclamada como Patrona de la Hispanidad, constituyendo el mejor símbolo de unión, bajo la Cruz de Cristo, entre las naciones del Viejo y del Nuevo continente. El 12 de octubre señala entonces el inicio del fin del derramamiento de sangre por parte de los caníbales paganos, al mismo tiempo que señala el inicio, para el Continente Americano, del derramamiento de la Sangre Preciosísima del Cordero de Dios, por medio de la Santa Misa, cuya celebración se extendería desde ese entonces a todo el Continente Americano.

Mensaje espiritual de Nuestra Señora del Pilar.

Hay tres rasgos particulares que caracterizan a Nuestra Señora del Pilar y la distinguen de otras advocaciones marianas. El primero es que se trata, como dijimos, no de una aparición, sino de una traslación o bilocación, puesto que se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal, antes de su Asunción gloriosa a los cielos. La segunda la constituye la Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer templo mariano de toda la Cristiandad: además de ser un símbolo de la firmeza de la fe católica recibida en el Bautismo sacramental, la Columna o Pilar es un recordatorio de la Columna o Pilar en el que Nuestro Señor fue azotado hasta quedar casi agonizante, por la atrocidad de los dolores y por la cantidad de Sangre derramada, por esta razón, el peregrino que llega hasta la Basílica en Zaragoza tiene la oportunidad de besar el Pilar, tanto en recuerdo de la Sagrada Pasión del Salvador, como en agradecimiento por el don de la fe católica recibida en el Bautismo; la tercera característica de la devoción de Nuestra Señora del Pilar es la vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (Santiago de Compostela); por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido los ejes fundamentales en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de España y es esta espiritualidad, basada en la Santa Fe Católica, que cree firmemente que Cristo es Dios y está en Persona en la Eucaristía y que la Virgen es Madre de Dios, es esta espiritualidad católica española, la que llevó a España a descubrir, conquistar y evangelizar el Continente Americano, llevando miles de millones de almas a la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, sacando a estas almas de las siniestras tinieblas del paganismo, del satanismo y del canibalismo en el que estaban envueltas estas almas, obrando así España, bajo la guía del Espíritu Santo, la gesta más grandiosa que jamás nación alguna de la tierra haya realizado y que no se realizará jamás. Porque España fue un instrumento sagrado y dócil en las manos de la Santísima Trinidad, es que España, llevada por la fe católica simbolizada en el Pilar, dio centenares de miles de misioneros, predicadores, evangelizadores, conquistadores y santos de todo tipo, quienes evangelizaron este continente, sacándolo de las tinieblas del paganismo e iluminándolos con la Luz Eterna, Cristo Dios. Por esta razón, por haber recibido de España la Santa Fe Católica, simbolizada en el Pilar, no solo no debemos jamás cometer la torpeza de pedir a España que se disculpe, sino que le debemos una eterna acción de gracias, porque si no fuera por España, que nos trajo la Santa Fe Católica, los americanos seríamos, no hijos de Dios por la gracia bautismal, sino paganos, adoradores idólatras de la tierra, de las estrellas y de las piedras. En el día de Nuestra Señora del Pilar, decimos: “¡Santiago, y cierra España!”.



[2] La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como “una antigua y piadosa creencia”. En 1438 se escribió un “Libro de Milagros” atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el Católico dijo: “Creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros”. La Basílica del Pilar, en Zaragoza, constituye en la actualidad uno de los santuarios marianos más importantes del mundo y recibe continuas peregrinaciones. Ante la Virgen han orado gentes de todas las razas, desde las más humildes, hasta los reyes y gobernantes más poderosos, e incluso pontífices. El grandioso templo neoclásico se levanta sobre el lugar de la aparición, conservándose la Columna de piedra que la Virgen dejó como testimonio, un Pilar que simboliza la idea de solidez del edificio-iglesia, el conducto que une el Cielo y la Tierra, a María como puerta de la salvación. Su fiesta se celebra con gran fasto en todas las naciones de habla hispana y especialmente en la ciudad de Zaragoza, donde miles de personas venidas de todo el mundo realizan una multitudinaria ofrenda floral a la Virgen.