sábado, 6 de octubre de 2018

El Rosario de la Virgen y el Triunfo de Lepanto



         ¿Cuál fue el origen de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario? Es necesario siempre recordar la historia, porque quien olvida la Historia, está condenado a repetir los errores del pasado. Además, en este caso, el ejemplo de lo que ocurrió es válido no solo para el ayer, sino para el hoy y para el futuro, es decir, es válido para todo tiempo. La fiesta se originó en ocasión de un gravísimo peligro para la Cristiandad –en la época en que sucedió, todas las gentes eran católicas, desde los reyes hasta los súbditos más humildes: una gran invasión islámica estaba en marcha y amenazaba con destruir Europa y la Iglesia toda. Es decir, Europa y con ella toda la cristiandad se encontraba en grave peligro debido a una grave amenaza de invasión por parte del Islam[1]. Los islamistas se habían preparado militarmente y habían formado un ejército que superaba varias veces, en número y poder, al de los ejércitos cristianos. Sabemos que el Islam, cuando es mayoría en un país, prohíbe el catolicismo, el culto público y la construcción de Iglesias, además de encarcelar, torturar y matar a todo aquel que no se convierta la Islamismo. Mucho antes del año 1570, año en que se produjo el prodigio que originó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario –aún más, desde el inicio de su existencia, con Mahoma-, los musulmanes habían tomado la decisión de invadir Europa y para ello habían reunido un ejército muy poderoso. En su avance, llegaron a usurpar numerosos lugares cristianos: Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y gran parte de España. Como ya dijimos, cuando el Islam comienza a ser mayoría en un lugar, hizo que desapareciera la Iglesia y el culto público en esas extensas regiones que llegó a conquistar: los católicos eran perseguidos y hubo muchos mártires que derramaron su sangre por permanecer fieles a Jesucristo y su Iglesia, además, muchas diócesis desaparecieron completamente y la gran mayoría de las Iglesias fueron destruidas. A quien se lo encontrara con un crucifijo o con una Biblia, le esperaba la muerte. Ahora bien, los católicos de España no se quedaron cruzados de brazos y, bajo el Patrocinio de Nuestra Señora de Covadonga y después de 700 años de dominio del Islam y de lucha por la reconquista, España pudo librarse del dominio musulmán, expulsándolos de su tierra. Esa lucha comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el 1492. En ese mismo año ocurre el descubrimiento de América y la fe se comienza a propagar en el nuevo continente.
Ahora bien, el Islam nunca dejó de planificar y preparar el asalto a la Europa cristiana y a pesar de haber sido expulsados de España, se dispusieron a invadir Europa, para lo cual reunieron, como dijimos, un enorme ejército. Sucedió que tiempo más tarde, en tiempos en que reinaba el Santo Padre Pío V (1566 - 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana, para arrasar con ella. A pesar del peligro inminente, los reyes católicos de Europa no lograban unirse entre sí y en vez de unir fuerzas, cada uno pretendía sacar ventaja para su propio bando. Por esa razón, sus ejércitos también estaban divididos. El Papa pidió a los reyes católicos de Europa pero no le prestaron mucha atención hasta el momento en que la invasión ya era inminente.
Además de convocar a los reyes católicos para la lucha armada, el Santo Padre convocó, a toda la cristiandad, el 17 de septiembre de 1569, a la lucha espiritual: pidió que todos los católicos rezaran el Santo Rosario. Finalmente, el 7 de octubre de 1571 se encontraron las dos flotas, la cristiana y la musulmana, en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto, combatiendo la batalla del mismo nombre, por lo que en la historia se la conoce como “Batalla de Lepanto”. La flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria entró en batalla contra un enemigo muy superior en número y buques de guerra. Se jugaba el destino de la Europa cristiana. Antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el Santo Rosario con mucha devoción. La batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos.
Mientras la batalla transcurría, en Roma el Papa recitaba el Rosario en su capilla. En un momento determinado, el Papa salió de su capilla y, por inspiración divina, anunció a todos los presentes y con gran calma que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos. Puesto que en ese entonces las comunicaciones eran muy lentas, Europa supo del éxito que había anunciado el Santo Padre recién semanas más tarde, cuando llegó finalmente el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria. El General del ejército católico, Don Juan de Austria, al igual que el Papa, atribuyó desde un principio el triunfo de los cristianos frente a la poderosa flota musulmana, gracias a la todavía más poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de “Auxilio de los Cristianos”. Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario. Éste fue el origen de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.
Ahora bien, en nuestros días, los cristianos -además de estar también amenazados por el Islam, al igual que los cristianos de antaño, porque están invadiendo solapadamente el continente europeo, al punto de haber creado zonas prohibidas para los no islamistas en pleno territorio europeo- nos encontramos bajo la amenaza de peligros infinitamente mayores que el Islam: los cristianos nos encontramos amenazados por múltiples peligros: el materialismo, el hedonismo, el socialismo comunista que niega a Dios, el ateísmo, el ocultismo, el satanismo –que cada día se vuelve más y más insolente en sus provocaciones públicas-, la práctica de la brujería, de la religión wicca, las sectas –que han crecido en números astronómicos-; otros peligros que nos acechan son: el aborto, la eutanasia, la ideología de género, la Educación Sexual Integra –ESI, que es perversión de la niñez disfrazada de educación sexual- y muchos otros peligros.
Decíamos que conocer la Historia era necesario para no repetir los errores del pasado y para aprender de los buenos ejemplos. En este caso, así como el Santo Padre Pío V llamó a la lucha espiritual, convocando a rezar el Rosario y por medio del Rosario obtuvo la victoria cristiana contra los enemigos mahometanos, así también con el rezo del Santo Rosario, los cristianos podemos triunfar sobre todos los peligros y sobre todas las fuerzas del mal, aun cuando estas parezcan invencibles, porque por el Rosario invocamos a la Madre de Dios, Aquella Mujer del Génesis que, con el poder de Dios, aplastó la cabeza del Dragón infernal. Hagamos entonces el propósito de rezar el Rosario para derrotar para siempre a las múltiples amenazas con las que el mal quiere vencernos.

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