lunes, 11 de julio de 2011

El significado de la Rosa blanca de María Rosa Mística



¿Qué significan las tres rosas de María Rosa Mística? Para descubrirlo, veamos un poco la historia de las apariciones.
La vidente Pierina Guilli relata así la primera aparición de la Virgen: se le apareció una hermosísima señora que vestía túnica morada y cubría su cabeza con un velo blanco, tenía el pecho atravesado por tres espadas, su rostro estaba triste. Le corrían lágrimas hasta el suelo. Sus dulces labios se abrían para decir: "Oración, Penitencia, reparación", y luego guardó silencio.
En la segunda aparición, el 13 de julio de 1947, la Virgen vestía de blanco y en lugar de las tres espadas, llevaba en su pecho tres rosas: blanca, roja y dorada. Pierina le preguntó: "Por favor, dígame quien es usted". Con una sonrisa la señora le contestó: "Soy la Madre de Jesús y madre de todos vosotros". Después de una pausa prosiguió: "Nuestro Señor me envió para implantar una nueva devoción Mariana en todos los institutos así masculinos como femeninos, en las comunidades religiosas y en todos los sacerdotes. Yo les prometo que si me veneran de esta manera especial, gozarán particularmente de mi protección, habrá un florecimiento de vocaciones religiosas. Deseo que el día 13 de cada mes se me consagre como día Mariano y los doce precedentes sirvan de preparación con oraciones especiales." Su rostro se iluminó con una inexplicable alegría y continuó: "En ese día derramaré sobreabundancia de gracias y santidad sobre quienes así me hubiesen honrado. Deseo que el 13 de julio de cada año sea dedicado en honor de Rosa Mística".
Luego le explicó a Pierina el significado de las tres espadas:
1- La primera espada, significa la pérdida culpable de la vocación sacerdotal o religiosa.
2- La segunda espada, la vida en pecado mortal de personas consagradas a Dios.
3- La tercera espada, la traición de aquellas personas que al abandonar su vocación sacerdotal o religiosa, pierden también la fe y se convierten en enemigos de la iglesia.
El significado de las rosas.
La rosa blanca simboliza el espíritu de oración.
La rosa roja, el espíritu de sacrificio (para reparar).
La rosa dorada o amarilla, el espíritu de penitencia.
La Rosa blanca significa entonces oración. ¿Por qué nos pide oración la Virgen en Montichiari (Monte luminoso)? Ella misma lo dice: "Mi divino Hijo, cansado por las incesantes ofensas, quiso descargar su justicia, pero me interpuse como mediadora entre El y los hombres, intercediendo especialmente por las almas consagradas".
En la Cuarta aparición, el 16 de noviembre de 1947, profundiza más el motivo del pedido de oración: "Mi divino Hijo Jesús y Señor Nuestro esta hastiado de las muchas y graves ofensas que se le infieren por tantos pecados contra la santa pureza. Le provoca desatar un diluvio de castigos..., pero mi intercesión se ha interpuesto para que tenga compasión una vez mas, por eso pido en desagravio oración y penitencia. Suplico íntimamente a los sacerdotes que amonesten a los hombres para que no sigan en la liviandad. Yo regalaré mi gracia a quienes ayuden a expiar esos delitos”. ¿Se nos perdonará entonces? preguntó la vidente. La Rosa Mística contestó: "Sí, en cuanto se les deje de cometer". Y con estas palabras se alejó.
La Rosa blanca significa oración en desagravio de los pecados de impureza que se cometen día a día por personas consagradas, tanto sacerdotes, como laicos, pues ambos están consagrados a Dios, aunque de modo distinto.
¿Por qué el enojo de Jesús por los pecados de impureza? Para tratar de entender un poco, recordemos las palabras de San Pablo: “El cuerpo es templo del Espíritu Santo” (cfr. 1 Cor 6, 19). Por la gracia recibida en el bautismo, hemos sido convertidos en una nueva creación: si antes éramos sólo seres humanos, criaturas de Dios, ahora somos hijos adoptivos de Dios y templos del Espíritu Santo. Así como un templo material es consagrado al Espíritu Santo, así nuestros cuerpos han sido consagrados al Espíritu Santo, y si un templo material, consagrado y dedicado al Espíritu Santo, no puede ser usado para otros fines –comercio, venta, esparcimiento, etc.- que no sea el de honrar al Espíritu de Dios, así tampoco el cuerpo del cristiano puede ser usado para otro fin que no sea el de honrar a Dios.
Para darnos una idea de qué significa esto, tomemos la imagen de algo que conocemos, un templo material, como el que asistimos a Misa todos los días. Un templo, para ser digno de Dios, debe estar siempre limpio, bien iluminado, perfumado, adornado con flores, ya que la presencia de las imágenes sagradas, pero sobre todo la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, en el Sagrario, así lo reclama.
¿Qué sucedería si un sacerdote, o un fiel laico, hicieran entrar en el templo de Dios, a una gran cantidad de animales de todo tipo –caballos, gallinas, patos, ovejas, perros, gatos, etc.-, y los dejara encerrados en él durante mucho tiempo? Los animales, obviamente, harían sus necesidades fisiológicas, dejando todo inmundo y sucio, además de estar peleando continuamente. Esto constituiría una gravísima afrenta contra los santos, representados en las imágenes, pero sobre todo y principalmente, contra Jesucristo, Presente en Persona en el Santísimo Sacramento del altar, y el responsable de tal acción, sea sacerdote o laico, incurriría en un pecado mortal, y se haría reo de la justicia divina.
Esto mismo, y todavía muchísimo peor, es lo que sucede cuando el cristiano, cuyo cuerpo es templo del Espíritu Santo, comete impurezas, aún sólo de vista. Pero la impureza no se refiere sólo al aspecto ligado con la reproducción: la impureza es también del espíritu, cuando el alma acepta el mal, en cualquiera de sus formas: robo, engaño, violencia, adoración a los ídolos, como el dinero, el poder, el placer, el tener, la ambición codiciosa de bienes materiales inútiles. Todo esto vuelve al alma impura, así como los pecados ligados a la reproducción vuelven al cuerpo impuro.
Esto quiere decir que también cuando el cristiano comete otros delitos, como la violencia, la discordia, el enojo, la impaciencia; o cuando usa su cuerpo para decir una mentira, una calumnia, una difamación contra su prójimo –usa su cuerpo porque debe usar el cerebro y la lengua para emitir la palabra dirigida contra su hermano-, o cuando usa su cuerpo para ejercer alguna violencia sobre el otro; o cuando usa su cuerpo, sus pies y sus manos, para cometer cualquier otro delito, está profanando su cuerpo, y en él, profana al Espíritu Santo, dueño de ese templo. Todas estas son profanaciones contra el Espíritu Santo, porque son todos usos pecaminosos del cuerpo, que debería ser usado para glorificar a Dios. El cuerpo humano ha sido adquirido por Jesucristo al precio de su Sangre y de su Vida, para que sea propiedad del Espíritu Santo, y no para cometer delitos e impurezas corporales y espirituales de todo tipo.
Porque pertenece al Espíritu Santo, todo el cuerpo debe glorificar a Dios: el cerebro, con pensamientos santos y puros, como los de Jesucristo o los de la Virgen; los ojos corporales, para evitar lo malo y ver sólo las cosas santas y puras; la boca y la lengua, para hablar de amistad fraterna con el prójimo, y emitir cantos de alabanza a Dios; la nariz, los oídos, el tacto, los sentidos todos, deberían solo oler, oír y sentir las cosas santas; los pies, deberían trasladar al resto del cuerpo sólo para visitar enfermos, para ayudar al más necesitado, para acudir a Misa, para ir a rezar, y nunca para ejecutar el mal.
De esto se sigue que el devoto de María Rosa Mística, no puede ni siquiera ver los innumerables programas televisivos inmorales, en donde la profanación de los cuerpos es escandalosa y sin límites, aunque también debe evitar cualquier uso pecaminoso del cuerpo, cuidando bien los pensamientos dirigidos contra el prójimo, porque eso ya es usar el cuerpo de un modo no santo.
Pero la vida cristiana no consiste principalmente en evitar lo negativo y malo, sino en vivir en plenitud la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, y vivir esta vida implica el uso del cuerpo para cosas santas, como la oración, la cual debe ser continua, perseverante, confiada, devota, humilde.
Éste es el significado de la Rosa blanca de María Rosa Mística.

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